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A la libertad por la universidad
Sergio Ramírez
El autor es escritor. Masatepe, junio 2008.
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La imagen de Dora María Téllez y Alejandro Bolaños cubiertos de lodo de la cabeza a los pies frente a un recinto cerrado de la UNAN de León, al que no sólo se les ha negado la entrada, sino que se les ha agredido de palabra y de obra, me ha llenado de indignación y de tristeza, más allá de lo que ellos dos son, personas con cuya defensa de la democracia en Nicaragua me identifico, porque igual me indignaría si las víctimas fueran otros con quienes no estoy de acuerdo, pero que por igual tienen derecho a ser escuchados.

Mi amigo el rector de la universidad de León, el doctor Rigoberto Sampson, es mi compañero de generación, y ambos fuimos discípulos del doctor Mariano Fiallos Gil, que fundó la verdadera universidad en Nicaragua al tiempo que conquistaba su autonomía, y nosotros, como estudiantes recién llegados a las aulas, fuimos partícipes de esa empresa y nos beneficiamos de la prédica de aquel rector libertario y antidogmático.

La suya era una prédica de libertad, dirigida contra los dogmas, y nos enseñaba a no aceptar nunca ninguna clase de verdades oficiales, a dudar de lo que se daba por establecido para siempre, y sobre todo, a ser parte del debate. A no negar nunca la palabra a los demás, ni a permitir que les sea negada, ni excluir a nadie, ni menos, cerrarle las puertas a nadie, sobre todo si se trata de las puertas de la universidad, que según predicaba, no debían tener cerrojos.

La polémica era su campo de batalla, y nos incitaba constantemente a entrar en la palestra, nunca a rehuirla. Fueron las mejores enseñanzas de mi vida, y de las de todos, quienes formamos aquellas generación de la autonomía. Cerrar las puertas a alguien, que es una manera de hacer callar, lo consideraba una muestra de cobardía ante la falta de argumentos propios que oponer a los de los adversarios. Y qué hubiera dicho si, además, hubiera visto a los visitantes insultados, y luego cubiertos de lodo, mientras quienes los hacían víctimas del atropello, permanecían del otro lado de la reja. ¡Una universidad con rejas!

Como al doctor Fiallos Gil le gustaba mucho la ironía, y Rigo Sampson debe acordarse bien, cuando hablaba de intolerancia solía recordar una historia en la que alguien, sintiéndose derrotado en una discusión por el adversario, no tuvo más argumento que decirle: “Yo no discuto con vos porque sos muy feo”. A falta de razones que oponer, entonces los insultos, la descalificación, la puerta cerrada. Adentro, del otro lado de la reja, los divinos; afuera, cubiertos de lodo y de escarnio, los feos. ¡Qué manera académica de sustituir el debate por las pedradas!

Recuerdo también, y Rigo no lo habrá olvidado, que una vez el rector Fiallos Gil organizó un debate nacional al que fueron invitados todos los partidos políticos, cuyos representantes subieron a exponer sus ideas y programas desde la cátedra del paraninfo, conservadores, socialcristianos, socialistas, comunistas, liberales independientes. Los únicos que no llegaron, porque no quisieron, fueron los liberales del partido de Somoza, que también fueron invitados. Y quienes llenamos el paraninfo, para escuchar el debate, fuimos precisamente los estudiantes, estuviéramos o no de acuerdo con las ideas expuestas.

Más me preocupa ahora haber escuchado en la televisión al presidente de la UNEN declarando que en el futuro tampoco dejarán entrar a la universidad a quienes quieran llegar a exponer ideas contrarias a los intereses de los estudiantes, es decir, contrarias a los intereses del partido al que él pertenece y que desde el poder quiere apropiarse de todos los espacios de la vida social del país.

El rector Sampson está sentado ahora en la silla del rector Fiallos Gil. Es su sucesor. Y tiene el deber de pronunciarse personalmente. Una minoría de estudiantes, arrogándose la representación de toda la comunidad universitaria, que es por principio una comunidad libre, no puede llevar a cabo un acto de intolerancia y agresión semejante, sin que se deje oír la respuesta del rector. Una respuesta congruente con aquel hermoso lema creado por el doctor Fiallos Gil, y que nos inspiró a todos, “a la libertad por la universidad”.

El rector Sampson debe dejar claro que la universidad no puede convertirse en el coto cerrado de ningún partido ni de ninguna ideología. Dejar claro que la universidad, abierta al debate, antidogmática, libre y pluralista, ajena a cualquier pensamiento único, no puede pasar a ser una institución más de la lista en la que ya se encuentran la Corte Suprema de Justicia, el Consejo Supremo Electoral, la Contraloría General de la República, la Fiscalía General, donde las puertas enrejadas se abren o se cierran de acuerdo con el color político de quien se para frente a ellas. Precisamente de esa servidumbre es que el rector Fiallos Gil libró a la universidad con la proclamación de su autonomía.

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