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Noticias >> Opinión
Narcisismo del siglo XXI
Pedro J. Chamorro B.
El autor es periodista y diputado a la Asamblea Nacional
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La celebración del 29 aniversario de la revolución sandinista pasará a la historia como el más grande acto de derroche narcisista que jamás se haya visto en Nicaragua, todo con fondos del erario. Por más grande que haya sido la convocatoria, la plaza llena, nada justifica que un país pobre como Nicaragua derroche tantos fondos en megavallas de propaganda política y culto a la personalidad del presidente Ortega.

Ni siquiera en tiempos de Somoza se gastó tanto y tan descaradamente en la promoción del culto a la personalidad, que en el siglo XXI se traduce en narcisismo político que opaca incluso al del “gran hermano” de Corea, Kim Il Sung, y que desvirtúa totalmente la revolución social, el combate a la pobreza y la austeridad que se predica.

Ni los pobres del mundo, ni los pobres de Nicaragua están mejor cuando en lugar de utilizar los recursos del Estado para el re mentado “combate a la pobreza”, se dilapidan febrilmente en megavallas, cohetes de colores, potentes sistemas de sonido, megatarimas llenas de flores y en lugar de destacar las figuras que dieron su sangre y dieron origen a la revolución nicaragüense, como Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, cuya sangre fue el detonante de la insurrección, Germán Pomares, Oscar Turcios, Eduardo Contreras, y cientos de héroes nacionales, que con su sangre forjaron la insurrección del 79, se exalta la figura de héroes revolucionarios de otras latitudes.

Tampoco se justifica, y está expresamente prohibido por la ley, que las instituciones del Estado se vuelquen con recursos económicos (camisetas, vehículos, movilización), en una celebración claramente partidaria. El Frente Sandinista no puede alegar ahora que es una celebración nacional, porque desde hace tres décadas el 19 de julio ha sido secuestrado por dicho partido, como una celebración partidaria, de tal modo que ha enajenado al resto de la población no sandinista y hasta los mismos sandinistas del MRS, que un día sintió el triunfo como propio.

¿Qué noticias nuevas y alentadoras nos ofreció el presidente Ortega el pasado 19 de julio?

La primera: que vamos hacia un nuevo modelo socialista y hacia la unidad latinoamericana contra el imperialismo y el capitalismo globalizado, batalla que a simple vista y por una lógica elemental, tenemos todas las de perder.

Que nuevamente, él se propone para mediar en el conflicto colombiano aunque el presidente Álvaro Uribe no lo reconozca como mediador, por su confesa predilección pública con “los hermanos de las FARC”. Otra causa perdida: basta ver en cualquier televisor el apoyo popular que el presidente Uribe ha logrado tras la liberación de los rehenes para darse cuenta. Hasta el presidente Hugo Chávez se ha dado cuenta que es mejor no seguir confrontando a Uribe con palabras gruesas y que lo mejor que les puede pasar a las FARC es que liberen a todos los rehenes y se desarmen para reincorporarse a la sociedad civil.

Que las Zonas Francas son malas y explotadoras, pero a pesar de eso es mejor que no se vayan todas del país, porque hay otros países en donde las están atrayendo y podrían quedar miles sin empleo, o sea que son un mal necesario.

Otra novedad de mal gusto del pasado 19 de julio, es que el presidente Ortega se hizo acompañar esta vez por el Jefe del Ejército y la Jefa de la Policía Nacional, para tratar de revertir el progreso institucional y apartidario reconocido por toda la población, que estas dos instituciones han logrado en los últimos gobiernos democráticos.

La idea es “contaminar” así a la jefatura de estas dos instituciones armadas, con el “fervor” revolucionario de otras épocas. Seguramente el mensaje subliminal que quiso enviar a los opositores es que su partido y su nuevo modelo “socialista” cuenta ya con el apoyo de la policía y el ejército, lo cual sería una flagrante violación a nuestra Constitución.

Y esta noticia nos la dio el propio Chávez: los países latinoamericanos tendrán petróleo por los próximos 100 años…. lo que no nos dijo es a qué precio.

En fin, mientras el país se debate en una crisis económica sin precedentes en los últimos 17 años, con una tasa de inflación el doble que en los países centroamericanos y los precios más caros de los hidrocarburos y los alimentos, el presidente Ortega no hace ni una referencia sobre cómo va resolver esta crisis económica, agravada con su propio discurso innecesariamente confrontativo con la comunidad donante.

Lo único que nos promete Ortega y doña Rosario Murillo es que vamos hacia el socialismo. Tal como dice el sabio proverbio: “Quienes no aprenden de los errores del pasado, están condenados a repetirlos”.

Pero sólo porque el presidente Ortega y doña Rosario Murillo estén empecinados en repetir los errores del pasado, no significa que el país entero tenga que volver a sufrir. No lo vamos a permitir y la mejor manera que tenemos a mano es manifestándonos con el voto popular en las próximas elecciones municipales.

También debemos pedir cuentas claras al presidente Ortega sobre estos gastos extravagantes que realiza con el erario, para “proyectarse” en Nicaragua y el mundo como un “líder regional”, mientras rehúye hacer frente a los problemas más sentidos de la población.

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