Randy Miller, el presidente del capítulo de Filadelfia de la Asociación de Escritores de Beisbol de Estados Unidos, y agresivo columnista del County Times, me situó en perspectiva sobre Vicente Padilla en el 2004.
“Padilla tiene un gran potencial, pero algo sucede que no termina de cuajar y los Filis empiezan a perder la paciencia con él, sin embargo, no lo cambian porque temen que vaya a otro lado, explote y saque al Pedro Martínez que lleva dentro”, me dijo Miller con aplomo en su voz en aquella ocasión.
Dos años seguidos cargados de lesiones hicieron que los Filis perdieran entusiasmo y lo enviaron en el 2006 a Texas por Ricardo Rodríguez, un lanzador que parecía disponer del instrumental físico para algo grande, pero al final terminó convertido en nada.
Y mientras Rodríguez quedaba fuera del beisbol, Padilla alcanzaba 15 éxitos por primera vez en su carrera. Y con 200 innings, le hacía una mueca a distancia a los Filis, aunque no necesariamente llegaba a ser el “Pedro Martínez” que Miller había vaticinado.
Aquí en Nicaragua, probablemente, sólo deseemos que Vicente Padilla sea Vicente Padilla. De don Pedro Martínez hay que hablar con respeto. Es uno de los grandes lanzadores de todos los tiempos, pero el chinandegano tiene el material para escribir su propia historia en las Grandes Ligas.
¿Será este su gran año? ¿Será ahora cuando podrá convertirse en el constante lanzador All Star que pronosticó el fallecido Vern Ruhle? ¿Podremos ver en este 2008 al tirador especial del que habló muchas veces Larry Bowa en Filadelfia?
Ojalá. Por ahora avanza sobre su mejor spring training. En dos salidas tiene 2-0 y 0.00. No permite carrera limpia en cinco innings lanzados, con cuatro ponches.
Aún le quedan cuatro salidas antes del juego inaugural, pero lo que se ha visto hasta ahora no tiene comparación con el tenebroso 2007, cuando incluso acumuló 9.45 en efectividad durante el entrenamiento.