William pagó los US$4.50 del par de bebidas y el pan dulce que compró en la tienda Mi Familia, en donde acostumbra parar después de terminar su trabajo como albañil. Pero esta vez con el vuelto del billete de US$5, las gracias iban acompañadas de una despedida.
“Bueno pues, se cuida, primero Dios nos volvemos a ver”, le dijo a la dependienta. “Cuídese y buena suerte, primero Dios le va a ir bien, tenga confianza en Él”, le respondió la mujer.
El hondureño de 25 años estaba siguiendo el paso que ya anduvieron cientos, quizá miles de centroamericanos —nadie tiene una cifra exacta—, salvadoreños la mayoría de ellos: huir. Era lunes 3 de marzo, la fecha fijada para la entrada en vigor de una regulación especial en el condado de Prince William, Virginia, el cual permite a la Policía remitir a un detenido a las autoridades de Migración si sospechan que es indocumentado.
William se fue, como muchos, al vecino estado de Maryland, huyendo no sólo de una posible deportación, sino de lo que considera un ambiente hostil contra cualquiera que no hable inglés y tenga aspecto latino. “Aquí ya no se puede vivir, antes de que me agarren me voy, mire que ahora por cualquier cosa lo paran a uno”, dijo. Pero su huida hacia Maryland es, según él, sólo temporal. “Todavía no he hecho lo suficiente como para volverme a mi país. Todavía, primero Dios, en este verano va a estar bueno de trabajo y cuando comience el frío otra vez este año nos vamos para Honduras”.
William quiere irse, no que lo saquen. “Quiero llegar con mis maletitas en avioncito, no con un uniforme de preso y esposado”, dijo.
A dos locales de distancia, en el mismo centro comercial, el abogado salvadoreño Oswaldo Mercado atendía a una nutrida clientela. Mercado es propietario de un bufete de servicios legales y contables, así que en plena temporada de declaración de impuestos su tiempo es escaso. “Mi clientela es más que todo de gente trabajadora, todos legales que les descuentan mucho en sus trabajos y por eso vienen conmigo para que les devuelvan lo más posible de su declaración”, contó. Pero en los últimos ocho meses el abogado también vio un aumento inusual de solicitudes de elaboración de poderes legales.
“Mucha gente se fue y dejó tiradas sus casas, vino gente a firmar poderes para darle a amigos o familiares la potestad de quedarse con sus hijos por si los agarra Migración, de poderes de carros y hasta de muebles”, contó el abogado.
Es que entre la mala situación económica y el ambiente hostil, Manassas —que otrora era el centro de la bonanza de la construcción en Virginia— está experimentando un declive poblacional y económico. El centro comercial mismo donde Mercado tiene arrendados dos locales es una muestra: Dos tiendas de productos latinos han cerrado en los últimos seis meses.
Pero el día que los periódicos en español anunciaban como el día cero (el lunes de esta semana) no era en nada diferente a un lunes como cualquier otro en la tranquila ciudad sureña. Tal como la Policía del condado lo había anunciado hasta el cansancio en las semanas anteriores, no hubo redadas ni recorridos especiales de sus patrullas. Tampoco las habrá, repetía el jefe de la Policía.
“Lo único que cambiará es que cuando detengamos a alguien por cualquier delito y tengamos causa probable de que es indocumentado lo reportaremos al ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas)”, señaló el sargento Berry Barnard, de la Policía del condado.
La ley, aprobada en julio del año pasado, cita como “causa probable” el hecho de que un detenido no porte documentos de ningún tipo, no hable inglés o lo hable con dificultad o muestre nerviosismo excesivo a la hora de ser detenido.