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La crisis diplomática colombiano-ecuatoriana
Álvaro Taboada Terán
El autor es Doctor (Ph. D) en Estudios Internacionales.
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La crisis entre Colombia y el eje Venezuela-

Ecuador ha resaltado tres fenómenos políticos: 1. La crisis de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). 2. La colaboración entre aquéllas y los gobiernos venezolano y ecuatoriano, según denuncias del gobierno colombiano. 3 La necesidad de la colaboración internacional ante las limitaciones del Estado tradicional, para luchar individualmente contra diversos retos modernos, como el narcotráfico y el terrorismo.

1. Que las FARC están en crisis como efecto de la estrategia de seguridad democrática del presidente Uribe es algo evidente. Unos 5,000 “farcistas” desertaron en el 2007. Parte de su dirigencia está muerta o en prisión por gravísimos delitos: “Martín Sombra”, “Martín Caballero”, “Simón Trinidad”… Por ello la muerte de “Raúl Reyes” y “Julián Conrado” la noche del 29 de febrero es solamente un eslabón dramático de una cadena de reveses pues, entre otros factores, los crímenes de las FARC minaron su base social. Asediada, la guerrilla se adentra en montañas y selvas desde donde (explicaba el ex comandante del Ejército, general retirado José Bonnet), jamás llegarán al poder. En este contexto murieron Reyes y su compañía en la región del Putumayo, a 1,500 metros dentro de territorio ecuatoriano, hecho que el presidente Uribe informó (pidiendo disculpas) al Presidente ecuatoriano el 1 de marzo, a pocas horas del suceso.

Explicaba Bonnet que por primera vez en 40 años el Estado colombiano está ganando la guerra inobjetablemente, combatiendo sin pausa, pero dejando abierta la puerta hacia la paz que implica cese al fuego, deposición de las armas de la guerrilla y su reintegración a la sociedad. Este manejo del conflicto, que ya ha logrado desmontar a gran parte de los paramilitares de la extrema derecha, es opuesto al del ex presidente como Pastrana, quien entregó miles de kilómetros cuadrados a la narcoguerrilla marxista (como la “zona de despeje” de El Caguán). En respuesta a tal concesión, la guerrilla multiplicó su guerra contra la sociedad. Una experiencia que Uribe no olvida.

Si bien la muerte de Reyes no liquida a las FARC (quizás intentarán algún golpe de efecto) su debilitamiento luce irreversible y probablemente incrementará las tensiones existentes entre la facción guerrerista y la facción más inclinada al diálogo genuino.

2. En su intervención en la OEA, el 4 de marzo corriente, el embajador venezolano parecía hablar de San Francisco de Asís, aunque se refería a “Raúl Reyes”. Calificó de asesinato y “violación a los derechos humanos” su muerte en combate. Lo presentó como un gran latinoamericano. Sin embargo, hubo otro Raúl Reyes: el acusado de terrorista, narcotraficante y homicida, involucrado en masacres contra poblados campesinos sospechosos de colaborar con el Ejército. Una orden de arresto de hace apenas unas tres semanas lo señalaba por secuestro y corrupción de menores pues, (según testimonios de niñas ex combatientes) él y otros camaradas utilizaban como esclavas sexuales a niñas de 9 a 12 años. Si para los populistas radicales nada de esto es terrible crimen, sí lo es para la Interpol, para la Unión Europea y sobre todo para la inmensa mayoría de los colombianos.

La defensa de las FARC por el embajador venezolano más bien abona las acusaciones colombianas ante la OEA, basadas en documentos extraídos de computadoras capturadas a Reyes y su grupo. Los documentos, que Colombia somete a la prueba de autenticidad, señalan la colaboración de altísimo nivel entre la narcoguerrilla y los gobiernos de Ecuador y Venezuela. El gobierno de Chávez habría inyectado a las FARC medios para comprar uranio y unos 300 millones de dólares, algo que abre un capítulo peligrosísimo en Suramérica, de manera que si el embajador brasileño condenó la incursión colombiana, por otro lado advirtió que Brasil rechaza frontalmente al terrorismo.

La táctica Chávez-Correa es centrar el actual debate alrededor del episodio fronterizo, pero de reconfirmarse las acusaciones colombianas, el debate probablemente resaltará el peligro continental implícito en la protección a terroristas por ciertos gobiernos, en violación a normas fundamentales del Derecho Internacional tales como las contenidas en el Tratado Interamericano contra el Terrorismo.

3. Finalmente, los eventos citados indican que solamente la cooperación (y nunca un solo Estado) puede enfrentar los retos actuales y futuros referentes a temas tan diversos como la economía global, asuntos ecológicos, y problemas penales como la trata de personas, el terrorismo y el narcotráfico. Por ello este hemisferio está irrevocablemente llamado a la cooperación en éstos y otros temas. Tal tendencia puede ser temporalmente retardada por gobernantes que padecen de esquizofrenia político-moral, que expresan que los crímenes de sus camaradas son acciones legítimas y dignas de protección. Sin embargo, dichos gobernantes y su grotesca verborrea pasarán. El camino hacia la convergencia y cooperación de pueblos y Estados frente a los retos modernos es incontenible y es uno de los temas de reflexión ante la crisis aludida.

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