Tras la desactivación de una crisis diplomática regional que enfrentó a Colombia con Ecuador, Venezuela y Nicaragua, las aguas de la normalidad parecían el sábado “volver a su curso”, en palabras del presidente venezolano Hugo Chávez.
Venezuela reabrió ayer las rutas comerciales con Colombia en la senda de la reconciliación que el viernes sellaron sus respectivos presidentes, Hugo Chávez y Álvaro Uribe, con un apretón de manos en Santo Domingo.
Se trata de la primera medida para ratificar el fin de una crisis de cinco días, en la que colapsaron las relaciones diplomáticas y Chávez ordenó la movilización “defensiva” de diez batallones hacia la frontera, tras el ataque colombiano contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en territorio ecuatoriano.
Chávez ordenó ayer el regreso desde el martes de esas tropas de infantería y blindados, varios miles de hombres, a sus bases.
El Ministro venezolano del Interior, Ramón Rodríguez Chacín, destacó que la situación en la frontera “tiende a normalizarse en las relaciones comerciales”.
“En cuanto a comercio exterior, en cuanto a suministro de gasolina, todo tiende hacia la normalidad; mejor dicho, no es que tiende a normalizarse, ya está normal”, dijo.
La crisis puso en riesgo la dinámica relación colombo-venezolana, que en lo comercial movió el año pasado casi 6,000 millones de dólares, unos dos tercios a favor de exportadores colombianos, principalmente de alimentos básicos para Venezuela.
En declaraciones en Santo Domingo, antes de viajar ayer sin anuncio previo a Cuba, Chávez comentó: “Nosotros no llegamos al rompimiento (de relaciones con Colombia) de manera formal, así que voy a llegar (a Caracas) y me reuniré con mi canciller, el Ministro de Defensa y vamos a comenzar a desescalar y que las aguas vuelvan a su curso”.
Caracas “retomará el camino de la paz, del diálogo, de las inversiones conjuntas (...); necesitamos que siga el comercio, más bien incrementándose con Colombia”, remarcó.
La semana pasada, el Ejército colombiano atacó un campamento guerrillero en territorio de Ecuador, en una acción que dejó una veintena de muertos de las FARC, entre ellos Luis Edgar Devia, (a) “Raúl Reyes”, número dos de la guerrilla. Chávez consideró que esto podría repetirse contra su país. Ordenó el cierre de la embajada de su país en Bogotá y el refuerzo militar de la frontera común; expulsó a los miembros de la legación colombiana en Caracas; dictó la adopción de una serie de restricciones comerciales y amenazó con nacionalizar empresas colombianas, acompañando sus órdenes con descalificativos a Uribe y al Gobierno de Estados Unidos.
El presidente ecuatoriano Rafael Correa advirtió ayer que se tomará su tiempo y coordinará con Chávez, antes de reanudar las relaciones diplomáticas con Bogotá, rotas por su país.
“La confianza es como un cristal: se rompe y es muy difícil, imposible reconstruirla. Confiar nuevamente en el presidente Álvaro Uribe, con todo respeto al pueblo colombiano, va a ser muy difícil”, sostuvo el jefe de Estado ecuatoriano.
El presidente colombiano, por su parte, pidió ayer rezar una oración por las buenas relaciones con otros países, durante una asamblea en una región rural del Norte de Colombia.
Uribe solicitó a los asistentes “un Padrenuestro por la armonía en las relaciones de Colombia con todos los países del mundo y especialmente con los pueblos hermanos”, a los que saludó “con afecto, con respeto, con solidaridad, con hermandad”.
cANCILLERÍA CALLA Y ESPERA REGRESO DE ORTEGA
La política exterior del gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua quedó en entredicho ante el traspié por la ruptura de relaciones con Colombia en medio de la crisis. La ruptura sólo duró 26 horas y fue muy criticada.
“Yo creo que lo ocurrido muestra en primer lugar la distancia que hay entre la retórica y la realidad” de la actuación de Ortega, dijo Mónica Baltodano, diputada del disidente Movimiento de Renovación Sandinista.
Mientras Ortega hablaba en la reunión del Grupo de Río, la Cancillería nicaragüense entregaba la nota formal de ruptura de relaciones al Embajador de Colombia, en Managua, Antonio González, e informaba al parlamento de la decisión.
Baltodano calificó a Ortega de “ambiguo” y “ambivalente”.
“Ya habíamos advertido que mientras él estaba hablando contra Colombia y rompiendo relaciones, hacía unos días había tenido el mejor de los consensos con Estados Unidos”, mencionó la legisladora en alusión a encuentros del mandatario con enviados de Washington para tratar un eventual intercambio de misiles soviéticos Sam-7 por equipos médicos para hospitales públicos.
La portavoz de la Cancillería, Vilma Aburto, dijo ayer que el único autorizado para dar información sobre la reanudación de relaciones es Ortega.
“Hasta que él venga va a decir el paso a seguir. El Canciller dijo que tienen que esperar que venga el Presidente para esperar la orientación de él”, sostuvo Aburto por teléfono. La tarde de ayer, LA PRENSA llamó a su celular al canciller Samuel Santos, pero no respondió a nuestras llamadas.
Mientras tanto, el embajador colombiano ignoraba ayer aún si Nicaragua había restablecido realmente las relaciones.
González declaró por teléfono a LA PRENSA que no estaba en la embajada y desconocía la información. Sostuvo que además quien tiene que informar al respecto es el canciller Santos, porque Nicaragua es la parte que tomó la decisión de romper relaciones primero y luego reanudarlas.
De acuerdo con un destacado experto en Derecho Internacional, Nicaragua debe revocar la ruptura por escrito, devolviendo la situación al statu quo anterior.
El jurista, que habló bajo el anonimato, manifestó que Nicaragua tiene todo el derecho de romper o restablecer relaciones, pero que en lo político “se demostró que Ortega es un apéndice de Chávez”.
El experto consideró que tanto Colombia como Ecuador violaron el Derecho Internacional. “Ecuador violó el principio de la no intervención en los asuntos de otros Estados, al permitir la presencia de las FARC en su territorio, y Colombia violó su obligación de no usar la fuerza contra otro Estado” .
El analista Oscar René Vargas consideró que la propuesta surgida en la reunión del Grupo de Río, de que observadores de esos países certifiquen la ubicación de las fragatas colombianas en las aguas en litigio, es “un triunfo” para Nicaragua, ya que permitirá bajar las tensiones.
Uribe propuso a Ortega que un grupo de observadores supervise lo que se acuerde entre ambos gobiernos, de hasta dónde pueden patrullar las fragatas colombianas, patrullaje necesario para contrarrestar el problema del narcotráfico en esa zona.
“Creo que a partir de ahora va a ser una cuestión conjunta. Ya no es que aquí yo mando yo y aquí no te metés vos, y eso es un punto importantísimo para Nicaragua”, expresó Vargas.
(Colaboraron en esta nota: Octavio Enríquez, María José Uriarte y Alberto Alemán)