El Santuario de Cuapa: un perenne Pentecostés
J. Dávila y Castellón

“Entonces, cuando los discípulos hayan huido, ella permanecerá al pie de la cruz (Jn 19, 25-27); más tarde, en el momento de Pentecostés, serán ellos los que se agrupen en torno a ella en espera del Espíritu Santo” (cf. Hch 1, l4).

(Benedicto XVI)

Un buen amigo sacerdote, de los llamados entonces “padres revolucionarios”, me confesó en la década de los ochenta: “Yo no creo en las Apariciones de la Virgen…”. Al preguntarle sobre la razón de su escepticismo al respecto, argumentó: “¿Por qué sólo aparece la Virgen en países donde impera el comunismo? ¿Acaso no le importa a Dios también el sufrimiento de los pueblos oprimidos por dictadores de derecha? ¿Por qué no apareció la Virgen en tiempo de Somoza?”.

“¡Claro, Padre!,” respondí. “A Dios le interesa la suerte del hombre bajo cualquier sistema de gobierno, pues, según algunos Santos Padres de la Iglesia: “La gloria de Dios radica en la realización del hombre”. No obstante, resulta mucho más grave ofender a Dios mismo directamente que ofender al hombre, su imagen y semejanza. El comunismo pretende borrar de la mente y el corazón de los hombres a Dios como tal, “matarlo”, lo que no sucede en otro tipo de sistema. El envío de María a la Tierra es un recurso especial que Dios utiliza para defender su propia gloria”. ¡Sólo me miró fijamente sin pronunciar palabra alguna!

Años después, al observar los atropellos de la tiranía frentista, me expresó: “¡Jamás creí que nuestros obispos tuvieran razón cuando decían que todo sistema político que se opone a Dios termina destruyendo al hombre!”. Y, al visitar el Santuario de Cuapa, el sacerdote creyó en la autenticidad de las apariciones de la Virgen como en la validez evangélica de sus mensajes celestiales.

La Virgen nos exhortó en Cuapa, por medio de Bernardo: “El Señor no quiere templos materiales. Quiere los templos vivos que son ustedes. Restauren el sagrado templo del Señor...”.

En otras palabras: “Abandonen el pecado, acojan en su corazón al Espíritu Santo viviendo en gracia de Dios”. El Santuario de Cuapa se convierte en nuestro Pentecostés cuando alrededor de María nos dejamos transformar, por la fuerza del Espíritu, en hombres y mujeres nuevos… Si rechazamos a Dios, ¡también nosotros, como los sistemas políticos ateos y ateizantes, podemos convertirnos ¡en verdugos y destructores de nuestros hermanos!

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