La vasija rota

Martes, Febrero 7, 2012 14:54

Autor: Carlos A.Lucas Arauz

Era, querido Azzâm , una vasija preciosa salida de las manos de los mejores artesanos ya sea  de Rai o Kasan y que solamente se usaba para agasajar a las más ilustres de las visitas. Era recuerdo del abuelo del señor Sharîf que la había adquirido cuando se desposó en una de esas lejanas tierras con la primera de sus esposas.

Pues estuvo de visita en casa de  Sharîf  aquella vez, un distinguido visitante venido también de muy lejos por asuntos de negocios, incluyendo una posible boda entre ambas familias. Y vino Sâmeha y decidió preparar y servir el vino en aquella vasija de colores azulados, dorados y plateados y al llamado de Sharîf su señor, hizo señas a las doncellas que agenciasen.

Pero he aquí que una de las lujosas y bellamente tejidas alfombras traídas de Tabriz y que suavizaban el paso de las doncellas,  había formado un bucle donde el pequeño pie de la que cargaba la preciosa vasija de colores azulados, dorados y plateados, se enredó y la hizo tropezar y soltar la vasija, que se estrelló con su contenido en el suelo, saltando en añicos, desparramando el vino  para vergüenza de Zulaikhah, que así se llamaba la desdichada y de repente, llorosa doncella.

Por fortuna el incidente no pasó a más y de inmediato se trajeron mas vasijas y mas vinos y dátiles, pidiendo perdón al ilustre invitado por el inconveniente y la reunión se terminó  de manera feliz para todos.

Cuando Sharîf regresó a su tienda después de acompañar la salida de su visitante, observó que en un aparte, estaba la llorosa Zulaihah, junto a  Farûq, su viejo tío, un laborioso conocedor del arte de la cerámica, tratando de reunir las piezas y viendo la manera de ponerlas todas de nuevo en su justo lugar.

Pero con voz compasiva Farûq le decía a Zulaihah: “ mi querida hija de la mas amada de mis hermanas, no llores por esa pérdida accidental, y aunque tienes que estar segura que conozco las artes necesarias para reconstruir esa vasija de manera que podría unirlas de nuevo y darles el acabado necesario, por más que me dedique a ello y por mejores materiales que ocupe para disimular las fisuras, ya no será la misma vasija la que resulte. Será otra, con otras características, la principal de las cuales es que las heridas de adentro seguirán allí aunque desde afuera ni las notemos. Debes aceptar esa pérdida y no intentes reconstruir sobre lo que ya esta roto. No tiene caso, mi pequeña, no tiene caso”.

Sharîf sonrió benevolente a ambos, poniendo una mano en el hombro del viejo Farûq y se alejó pensando en cuanta verdad encerraban esas palabras del viejo alfarero.

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1 comentario para “La vasija rota”

  1. María Luisa Morales escribió:

    Viernes, Febrero 10, 2012 a las 8:25

    La verdad… siempre disfruto tus escritos Carlos, aunque he visto historias parecidad en mucho.. esta me dio las imágenes precisas de Zulaikhah o Zulaihah ( aparece el nombre de dos formas, creo que el primero es correcto); me imaginé la vasija, imaginé la cara del tío… eso es lo que hace diferente un relato de otro, las imagenes que logras poner en las palabras como dice el relato, no se ven por encima, pero si buscas en su interior ahí van las ilustraciones; abrazos hasta Guatemala y qué sigas cosechando éxitos..!