La flor del Chilamate- De Avis Cana

Miércoles, Agosto 22, 2012 12:21

Autor: Carlos Arauz Lucas
Blog: Dia-logos

Lo intentó durante largos años, espiando al árbol de chilamate de día y de noche, allá el árbol, en el fondo del patio, sombrío y “peludo”, refugio de murciélagos.

Pero pasaban y pasaban las noches, los días, los meses y nada,  nunca pudo descubrir cuándo es que el árbol producía la flor, el momento en que por unos instantes se abrían las puertas de todos los mundos que están uno sobre otro, según los decires de los entendidos en asuntos de encantamientos, de magia.

Hasta que una vez en Diriomo, en consultas con uno de los viejos chamanes de allí, le dijeron que en Bluefields había un señor dueño de una finca que igual, pasó espiando al bendito árbol de chilamate por más de 10 años y que lo había logrado. Ni corta ni perezosa, ella anunció a su marido, a sus hijos, que iba a viajar por unos días hasta Bluefields y así lo hizo, dispuesta a lograr atrapar la flor en su vuelo y así hacerse dueña de arcanos y visiones.

Llegada allá, se encontró con la mala noticia que el señor había muerto, como de 98 años, hacía ya también varios años. Pero le dieron señas de donde vivía su viuda, de buena posición… por sus posesiones.

Subiendo  del parque Reyes,  más allá, en una colina desde donde se divisa toda la bella y contaminada bahía de Bluefields, llegó hasta donde doña Yara, quien la recibió gustosa de hablar de su finado esposo. Pero doña Yarita se dedicó a desmentir una y otra vez las habladurías de la gente sobre su esposo y el chilamate, hasta que llegó la hora de despedirse, no sin antes notar que allá al fondo del enorme patio de la casona, como en su propia casa, estaba un solitario y viejo árbol de chilamate. Todo achaparrado, pues parecía habérsele quebrado uno de sus troncos principales, todo triste y misterioso  el chilamate, parecía hermano gemelo del suyo, objeto de sus observaciones nocturnas de años y años.

Ya tenés los ojos abiertotes como los de las lechuzas, de tanto que te desvelás”, recordaba en esos momentos, que le decía su marido. Pero ella estaba empecinada y era tenaz; y ahora en Bluefields, se le disipaba la esperanza de lograrlo, al recibir la noticia de la muerte del afortunado y tenaz buscador de la flor del chilamate.

Se despidió y avanzó por los largos andenes de cemento que bordeaban la colinita sobre un manto tupido de césped verde, hasta llegar al cerco de madera blanca que señalaba sus límites. Míster Joseph, el cuidador, la seguía presuroso.

“Me va abrir y cerrar la puertecilla”, pensó ella. Pero no, ya allí, lejos de la visión de la casona, Míster Joseph la tomó del brazo fuertemente y con voz grave, pero agitada, las manos sudorosas, le dijo: “Señora, yo sé que usted anda buscando averiguar sobre la flor del chilamate y yo le quiero decir que yo conozco bien toda esa historia, porque estuve allí con el señor, que en paz descanse.

Y la llevó a uno de los asientos de cemento que doña Yara había mandado poner en varios puntos del enorme patio, que era la mayor parte de la pequeña colina. “Le voy a contar” -le dice Míster Joseph- pero por favor, no le diga a nadie que yo le conté, ni que se dé cuenta doña Yarita, menos, no quiera Dios”, le dice, agitado y con voz ronca, como esos cantantes viejos de blues y jazz de Nueva Orleans.

Ella, excitada con esa posibilidad y abriendo sus ojos de lechuza, asustando por el momento a Mister Joseph, le suplicaba: “cuénteme, cuénteme como es”, al tiempo que le dejaba ir un fajito de billetes en la mano.

Y comenzó Mister Joseph su relato, de esta manera:

El señor M, (asi le decía doña Yara desde que se casaron, por el “Mine” en el que se había convertido al hacerlo) estaba obsesionado con descubrir el momento de la flor del chilamate, cuándo es que sale, a qué hora, verla caer , porque una vez que brota, a los pocos minutos se desprende y cae. Y el decir de la gente es que si usted la atrapa, dependiendo de los deseos mas profundos que tenga de algo, podrá tener una visión de lo que sucederá con esos deseos profundos.  Pero el problema es que antes tiene que soportar la visión del infierno, de las almas en pena que se agolpan alrededor del chilamate, oir sus quejas, quejidos y lamentos, sus peticiones; eso es horrible, pues en los rostros andan pintados sus pecados, sus crímenes, su lascivia, doña, eso es horrible”.

Ella apretó con fuerza el dije del collar que cargaba, con la imagen de ese santurrón parecido al político feo, y para colmo, vestido en una sábana anaranjada, Sai Baba. El collar lo había recibido directamente de Sai Baba, en unas sesiones de adoctrinamiento que había recibido una vez, en Madras, India. En esa ocasión, había viajado desde París, gastando una fortuna. Ella vió con esos sus ojos de lechuza, cómo del aire, haciendo unos movimientos de manos, sacaba Sai Baba collares, sortijas y hasta relojes que regalaba de inmediato a sus más cercanos fieles. Su marido recibió un Cartier del que tampoco se separa.

Pero le suplicó a Míster Joseph continuar con su historia, y éste así lo hizo.

“Pues, el señor M pasó años y años espiando el momento del chilamate, usted sabe, es el momento en que el árbol hace brotar su energía interior para intentar reproducirse, haciendo el amor, pues. Pero el señor M no lo logró. Yo vine a vivir con ellos de 15 años, a servirles aunque no tenían lo que llegaron a tener en bienes ni se soñaban con comprar toda esta colina o tener esta casona. Vivían más abajo, cerca del muelle. Le cuento, que llegué hasta mis  23 años y nada. De tanto salir de noche, ambos tuvimos que usar anteojos oscuros en el día, porque pasábamos desde las 6 de la tarde hasta las 3-4 de la mañana, viendo a través de lo espeso y frío-húmedo de las noches. Y es que la historia dice que la flor sale a medianoche. Pero una vez que vinieron unas amistades, medio chamanes, del señor M y medio parientes de doña Yara, desde la Isla del Gran Caimán, le dijeron que era locura estar desvelándose todas las noches pues el secreto es que  la flor solamente salía una vez al año y era a las 12 de la noche de un Viernes Santo.

Pero casi nadie se atrevía a intentarlo, porque cuando fallaban, quedaban presas de las ánimas y con convulsiones, ataques, pesadillas y alucinaciones. Las ánimas usan a esos desdichados como lentes, como telescopios, para estarse asomando en este mundo, a ver cómo está su familia, sus maridos, sus esposas, sus hijos, sus amigos. O ver si les pueden decir algo que quedó pendiente. No pueden traspasar, pero los usan para curiosear y mantener la esperanza de volver…lo intentan, aunque saben que no pueden. Y cuando se dan cuentan que no pueden, se enojan y como uno, que si está comiendo y se enoja, es capaz de tirar el plato al suelo, como malacrianza y quebrarlo, aunque sea su comida, así pasa con esos desdichados que fallan con la flor del chilamate: los hacen convulsionar, los tiran al suelo y hasta le pueden quebrar la mente, quedan chiflados  y hablando con las paredes, cierto”.

Ella seguía aferrada a su dije mientras escuchaba absorta a Míster Joseph, sin perderse palabra o gesto de él. Y Míster Joseph continuó:

Usted tome nota entonces y hágalo el próximo Viernes Santo, el otro año y si tiene el valor y el cuidado, lo hace. Y si puede hacerlo, yo la esperaré aquí; mi esperanza es que me reconozca algo por todos los secretos que le estoy diciendo;  ya estoy viejo, tengo 5 hijas mujeres y dos varones y ya me están dando nietos y quiero darles algo antes de irme de este mundo.

“Siga, por favor-le suplicó ella- cuente con eso, pero continúe”.

Y Míster Joseph continuó con sus referencias:

Pues cuando la gente del Gran Caimán le dijo eso, al año siguiente, el señor M me llevó, yo con 24 años ya, al Chilamate que había visto en esta colina (aun no la había comprado, porque no tenía tanto dinero), el Viernes Santo, desde las 6 de la tarde, a esperar allí las 12 de la noche. Estaba el campanario de la iglesia en el parque central cada hora, dando seis, siete, ocho campanadas según la hora. Esa vez solo estaba garúando, una lluvita fina, fina,“miada de gato”, pero no se detenía.

Cuando iban a dar las 12 de la noche, el señor M seguía dándole vueltas al tronco del árbol, pues es del tronco que sale la flor. Como le dijeron los del Gran Caimán, cargaba un pañuelo blanco, de algodón, nuevecito, sin uso, para atrapar a la flor. Dan, dan, dan, dan, iban sonando las 12 horas en las campanadas  de la iglesia y el señor M dando vueltas lo más rápido que podía, compitiendo con los segundos de intervalo entre campanada y campanada, sin perderse ningún detalle del árbol. Yo, de larguito también observando, pero temblando de frio y de miedo…Y de repente, se sintió un olor fuerte, como de olor de pantano o agua podrida, tufo de excusado, fuerte, mientras ya iba la campanada 10 y en ese momento, los pelos del árbol comenzaron a agitarse y apartarse del tronco y brotó en el mero tronco, una especie de chichote y plop, un bultito y cuando ya estaba sonando la campanada doce del Viernes Santo, salió como de la nada, enterita, una florcilla de color amarillo pálido. No lo podíamos creer…Yo estaba espantado del miedo, cuando vi al señor M caer de rodillas, pero el cuerpo doblado para atrás, como quebrado y estirando las manos como que estuviera luchando con alguien que no lo dejaba desplegar el pañuelo blanco.

El señor M mugía como esas vacas que llevan al matadero, cuando sentí que me estaba orinando en mis pantalones, del frio y del miedo y de oír los mugidos de vaca del señor M. Yo no me atrevía a acercarme porque pensé que no era mi asunto y además no tenía el valor para asomarme más de cerca. Y no sé cómo, el señor M pudo al fin extender el brazo después de unos pocos minutos de forcejeo contra cualquier cosa que se lo estaba impidiendo, justo en el momento que la flor se estaba desprendiendo para caer en el suelo. El señor M, una vez que pudo estirar el brazo hacia la flor, se puso de pie como que era de hule y se giró y agachó rápido para alcanzar el viaje en el vacío, de la flor desprendida. Y la atrapó con su pañuelo blanco.

De allí no supe. Hasta que me desperté en la entrada de la casa, sentado en el balancín de madera que colgaba del techo en el porche de la vieja casa del señor M y doña Yara. No recuerdo como llegué hasta allí, pero allí estaba el señor M, todo sudoroso , pero feliz.

¿La atrapó? le pregunté. “¿Qué cosa?” me responde- la flor, la flor del chilamate, le repregunto. Y dice: “¿Cual flor? El chilamate no produce ninguna flor, puros cuentos; miré cuanto te estabas desmayando y tuve que correr a agarrarte antes que te dieras un guasmazo en la cabeza. Y no, no hay ninguna flor a las 12 de la noche de los Viernes Santos”, me dice. Así me quedé con la duda y realmente no sabía si había visto o había imaginado todo eso.

Pero no le miento, desde esa vez, el señor M conseguía lo que quería, cada vez más. Como al año compró un enorme barco para ir a camaronear con los colombianos de los cayos. Después, compró una carpintería. Al comienzo el manejaba el barco; después unas semanas las pasaba a bordo e iba hasta Panamá, Jamaica, Bocas del Toro, y otras en la carpintería. Después, solo mandaba pues puso empleados, alquiló el barco, y era un solo chorro de money que le entraba: con el tiempo, compraron un lote en esta colina y más tardecita, ya eran dueños de toda la colina. Nunca más padeció de dinero, ayudó a pavimentar todo el trecho desde el aeropuerto hasta su casa en la colina, directo solo para él.

Yo intenté hacer lo mismo, al llenarme de valor a ver si yo podía conseguir dinero de esa manera y pasé espiando a cuanto chilamate podía los Viernes Santos, hasta que me di cuenta lo plateado que tenía el cabello. Pero debe haber un secreto para que funcione. Y el secreto parece ser, doña, tener claro lo que uno desea, mirarlo clarito y pedir cualquier cosa, menos dinero. Porque el dinero es una consecuencia de lo que uno ha vivido debajo del árbol del chilamate…llegara como beneficio extra a lo solicitado. Pero llegará, ese es el truco.

“¿O sea, el secreto es pedir cualquier cosa, menos dinero?”, le interrogó ella a Míster Joseph. –Así es, doña, ese es el secreto, no desearlo, para poder tenerlo, le contestó.

Al día siguiente, ella, la de los ojos abiertos como lechuza o cocoroca, empacó y salió de regreso a Managua, inquieta y feliz por contarle a su marido que al fin las cosas iban a cambiar: iban a tener poder, influencia, ella le iba a ayudar a lograr lo que él quería, iban a ser admirados, temidos, que era lo que ella quería, muy clara que el dinero iba llegar de añadido. Lo único que se necesitaba era un árbol de chilamate, un viernes santo y un pañuelo blanco…Ah! Y mucho valor!

Allá están en el mismo lugar de siempre, el chilamate en el fondo del patio de la casa de la ojos de lechuza de tanto desvelarse;  ella tuvo la paciencia de esperar 16 años  bajo su fronda húmeda y tenebrosa en esas noches tórridas de Semana Santa, antes de ver caer la flor del chilamate y atraparla en su caída en el pañuelo blanco de algodón aconsejado por los chamanes del Gran Caimán y por Mister Joseph, para ver cumplidos sus sueños de poder, prestigio, respeto…y dinero a borbollones.

Su marido le agradece lo  que ha hecho por él, tántas noches de desvelo durante 16 semanas santas! Pero no soporta los inciensos, las pesadillas, las arrastradas de muebles de todas las noches en la sala y el comedor de su casa, no soporta tantos gatos negros pululando por allí, los quejidos extraños a las 12 de la noche, ni que durante 16 años casi ninguna noche estuvieron cerca, por los desvelos de ella, que no se quiso confiar que el secreto era estar lista los viernes santos nada más. Quizás por eso se volvió sonámbulo y se imaginaba andar en conquistas nocturnas  como esos gatos negros, lo que le había traído tantos problemas…

Pero, desde la silla presidencial de su segundo mandato en el país, pensaba él: “ése es el precio del poder, del prestigio,del respeto, del dinero…y el de la flor del chilamate”.

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14 comentarios para “La flor del Chilamate- De Avis Cana”

  1. Angela. escribió:

    Jueves, Agosto 23, 2012 a las 13:31

    No soy escritora ni Crítica Literaria ni nada por el estilo, solamente una lectora, pero creo que ” El árbol de Chilamate” está bien escrito y conserva el interés del lector- en este caso- a mí- .- Felicitaciones al escritor o escritora de este Cuento/narración…
    Saludos.-

  2. rafael escribió:

    Sábado, Agosto 25, 2012 a las 5:58

    MUY BUENO , tiene un surrealismo excelente magico. pero…. se me parece a uma historia DE LA VIDA REAL …. o son PURAS COINCIDENCIAS ¡¡¡¡¡    ja ja ja .

  3. josep amer escribió:

    Lunes, Agosto 27, 2012 a las 10:03

    y tenía que salir su antisandinismo……..

  4. josep amer escribió:

    Lunes, Agosto 27, 2012 a las 10:21

    … no me canso, tenia que salir su antisandinismo….

  5. josep amer escribió:

    Lunes, Agosto 27, 2012 a las 11:12

    al parecer hay que adular al bloger para que le publiquen un comentario a uno… ni modo lo repito… se le salió lo antisandinista…..

  6. Denis escribió:

    Lunes, Agosto 27, 2012 a las 17:42

    Es una narrativa muy interesante y bien detallada, esta buenisima, muchas felicidades.!

  7. Rene escribió:

    Lunes, Septiembre 3, 2012 a las 12:37

    Tiene una mezcla de la Odisea donde interviene la diosa Palas Atenea (la de los ojos de lechuza) en favor de Ulises. Tiene algo de influencia de Sergio Ramirez en tropeles y tropelias. El señor que se queja de antisandinismo esta politicamente confundido. Posiblemente sea anti orteguista, anti absolutista. Pero no hay que negar que a la señora (la del cuento) le gusta invocar fuerzas extra sensoriales.

  8. Rahul escribió:

    Martes, Septiembre 4, 2012 a las 20:35

    Lo felicito. La narrativa esta estupenda. Y es muy gracioso ver la similitud con personajes reales de la politica nicaraguense. 

  9. José Carlos Durán Pallavicini escribió:

    Viernes, Septiembre 7, 2012 a las 12:53

    Muchas gracias por el excelente relato…Desde el inicio el escritor atrapa el interés del lector. Una amiga que ya falleció, me contó que nunca había podido ver la flor del Chilamate…explicaba que el que la miraba, esa persona moría.. Su casa estaba rodeada de hermosos arboles de Chilamates y de sus ramas se desprendían bejucos como telas….La amiga murió joven…. quizás vio la flor del Chilamate. 

  10. Julianita Cisne. escribió:

    Sábado, Septiembre 8, 2012 a las 10:26

    Hermosa narrativa como todo
    l0s cuentos de nuestro pais..
    excelente

  11. manuel escribió:

    Sábado, Septiembre 15, 2012 a las 12:21

    Interesante la narracion. Segui el relato como una de las leyenda que aun no conocia.
    Me mantuvo en vilo hasta el final inesperado., que es ligarlo a algunas personas del presente de Nicaragua.

    Una creacion literaria del autor, realismo magico ligado a la realidad no magica..

  12. derick escribió:

    Domingo, Septiembre 16, 2012 a las 7:55

    muy buena .no es antisandinismo es antidanielismo .

  13. emilio escribió:

    Lunes, Septiembre 24, 2012 a las 12:31

    Me gusto muchisimo el cuento, capto mi atencion desde el comienzo hasta el final. Felicidades, Y adelante, no dejes de escribir.

  14. luis cruz escribió:

    Lunes, Octubre 8, 2012 a las 22:40

    muy bueno el cuento! pero no se porque siempre nosotros, la mayoria de nicaraguense creemos que siempre estan atacando a el gobieno presente! siempre mesclamos lo uno con lo otro…