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SáBADO 2 DE SEPTIEMBRE DEL 2000 / EDICION No. 22119 / ACTUALIZADA 01:00 am
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Cartas al Director
¡Felicidades calansancios!

Han pasado ya casi 6 años desde que me bachilleré del Colegio Calasanz. Es poco tiempo, pero siento que ha sido una eternidad. Quiero felicitar a mi Colegio por los 50 años que cumplió de impartir amor, fe y educación a tantas generaciones, así como por el mes calasancio que tantos años celebramos juntos y que ahora añoro por no poder celebrarlo con ustedes como lo hacía cuando era estudiante, los concursos, las celebraciones que se realizaban y todo lo que acontece cuando se celebran estas fiestas, que todo alumno del Colegio Calasanz conoce.

Pasé 13 años en el Colegio y en ciertas ocasiones me sentía aburrido por la misma rutina año con año, pero ahora me gustaría volver a sentarme en sus aulas aunque fuera por una sola vez. Es un excelente Colegio, porque como su lema lo dice, no sólo te enseñan las ciencias, sino que también te enseñan a Cristo, te enseñan la fe, que es fundamental para cualquier niño o niña que luego será un hombre o mujer.

Quisiera mandar un saludo a todos los maestros que me dieron clase, empezando con la profesora Piedad, que me recibió llorando en preescolar, luego, el profesor Enrique Espinosa, gran hombre que me enseñó mucho en Sexto Grado; la profesora Rosita; la profesora Ileana, que tanto respeto y miedo le teníamos; el profesor Nicaragua, con su forma singular de enseñarnos historia y geografía de Nicaragua; el profesor de matemáticas, Arnoldo “Dick Tracy”, que tanto trató de enseñarnos, y nosotros mucho lo molestábamos; profesor Naaman, trató de enseñarnos ese inglés tan necesario en estos tiempos; por supuesto, el Padre Monzó, un hombre increíble, sabio, científico y entregado al servicio de Dios; el Padre Vicente Sacedón, serio, gran persona, gran hombre; y el Padre Chema, que nos enseñó español aún con todas nuestras deficiencias, con nuestra abulia, nos decía que nosotros no teníamos NPI, y tal vez, todavía no la tenemos; la hermana Jeannette, linda persona, que siempre tenía tiempo para nosotros; Marlene, que con su personalidad alegre, nos transmitía confianza. En fin, a todas las personas que laboran en el Colegio, y que contribuyeron con su granito de arena a nuestra formación.

También quiero saludar a toda la generación del 94, muchos no nos hemos visto, espero que todos estén bien, y que Dios los bendiga. Siempre nos sentiremos dentro de la familia calasancia, a pesar de ya no estar en él. Gracias Calasanz y gracias a todos los maestros que con sus esfuerzos nos enseñaron casi la mayor parte de lo que hoy sabemos y conocemos. Que cumplan otros 50 años más.

¡Calasanz, Calasanz, nunca olvidarte podré!

Eduardo Menicucci Icaza  
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