Cosas Veredes Sancho Amigo
Las remembranzas ocotaleanas de don Jorge Calderón Gutiérrez
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 | Hace más de medio siglo Ocotal vivía sin las complicaciones que trae la civilización, no existía el dentífrico, y la gente lavaba sus dientes con hojas de guayaba y les daba brillo con carbón de ocote, el desodorante era el limón y las letrinas eran solemnes desconocidas. |
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Tiene tres notas desafinadas, pero en este piano, don Jorge Calderón toca magistralmente el Claro de Luna de Beethoven. |
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Mario Fulvio Espinosa/Especial para LA PRENSA departamentos@laprensa.com.ni
“Para cumplir con las necesidades fisiológicas nuestros viejos “se iban al solar”, que significaba caminar hasta el fondo del patio donde estaban unos enormes árboles de sereno, detrás de ellos la gente hacía sus “posturas” frente a un cajón repleto de olotes. Si no existía esa facilidad, la gente, según el compromiso, se apertrechaba de uno o varios olotes”.
“Nací en Ciudad Antigua el 31 de octubre de 1926, en plena guerra de Sandino contra los yanques. Nací allá porque mis padres, por liberales, huyeron para ese lugar”. Don Jorge Calderón Gutiérrez, poeta, pianista, músico, maestro y experto en minas, rememora las horas felices del ayer en Las Segovias, “no había cañerías y el agua se distribuía en burros, sistema que era mucho más eficiente y seguro que el de ahora, porque aquí el agua se va todos los días”.
HOMBRE DE BODAS DE DIAMANTE
Alguien nos dijo que don Jorge es el hombre con más memoria de Ocotal, y realmente parece que “no se le va pájaro” a pesar que confiesa con desparpajo que ya celebró sus “bodas de diamante” con la vida, pues tiene 75 paquetes bien fumados. “No sé a los cuántos días de nacido se retiraron los cuadrados —así le decían a los conservadores—, mis padres regresaron y desde entonces vivo en Ocotal.
En ese tiempo este pueblo tendría unos mil habitantes y todos nos conocíamos perfectamente. La comida sobraba, nadie pasaba hambre, hasta en el último rancho estaban los frijolitos, las tortillas, las cuajadas, la mantequilla y el queso. Todavía ahora en mi casa no faltan los frijolitos fritos, la crema, la mantequilla y la tortilla caliente en el desayuno y en la cena.
También nos llevábamos muy bien con los hondureños de El Paraíso, viajábamos a ese hermano país sin necesidad de pasaporte, sólo saludábamos a los generales —porque en Honduras todos son generales—, nos llevábamos muy bien con los jueces de mesta que nos daban pase libre. Por eso muchas familias que viven aquí son de origen hondureño, como los Paguaga, los Lobo, Matute y otros”.
Éste es un departamento lleno de leyendas... ¿Cuáles calaron su mente infantil?
Mi abuelita materna me contaba algunas, pero la mayoría de ellas las conocí por boca de la servidumbre. Decían que “La Sucia” salía en el río, era una mujer gigantesca y huesuda, de pelo largo, que con voz chillona decía a cada rato: “Tomá tu teta, tomá tu teta”. Por esa mujer horrible los muchachos no nos bañábamos ahí después de las cinco de la tarde.
También dicen que salían el duende rojo y el duende verde, a mí no me apareció ninguno de los dos, jamás, pero a la gente sí, y les siguen apareciendo. Esas visiones nunca van a dejar en paz a nuestra gente, pues surgen a partir de un fenómeno cultural.
Otro par de fantasmas eran el cadejo negro y el cadejo blanco. El negro era maligno, el blanco no. “Cuando te salga el maligno —me decían— tenés que darle el lado derecho del camino. Pero a mí nunca me salió ni la Sucia, ni la Mocuana, ni me amarró a la bestia la Piedra Embrujada de Orosí. Porque decían que en Orosí había una piedra embrujada, a los que pasaban por ahí de noche un ser invisible amarraba las patas de sus bestias con hilos invisibles, y ahí quedaban, no pasaban. Pero yo pasé muchas veces por Orosí y por Intelí donde dicen que salía Diego Izquierdo... y nada.
EL ÁNIMA LUMINOSA DE DIEGO IZQUIERDO
Diego Izquierdo era un ánima en pena que en forma de luz aparecía en la noche para perder a la gente. Yo iba a pasar mis vacaciones a Santa Bárbara, cerca de Jalapa, y también a visitar a una amiga, eran nueve horas en buena bestia, pasé infinidad de veces por el llano y nada del famoso Izquierdo.
Lo que pasa es que a mí desde niño me mandaron a estudiar al Pedagógico de Diriamba, eran cinco días de viaje, había que viajar a caballo, llegar a Condega, después a Estelí, después a El Sauce, de ahí en tren a León, luego otro día más hasta Managua y otro en tren para Diriamba. En el Pedagógico la enseñanza era muy buena, recuerdo que se daba filosofía, sociología, economía, astronomía, raíces griegas y latinas, muy buen francés e inglés. Los hermanos eran de avanzada, recuerdo a los curas Esteban y Manuelino que me enseñaron que esos aparecidos no existen, ni siquiera existe el diablo.
Pero eran bellas esas leyendas y quedaban como parte de un folclor encantador. En la noche, como no había luz eléctrica, nos alumbrábamos con fogatas en la calle. Fue una revolución asombrosa la aparición de las lámparas de carburo. Lo usual era recogerse a las ocho de la noche, y entonces, desde las seis de la tarde, comenzaban las consejas. Las cuentacuentos eran, la cocinera, la planchadora y mi abuelita, porque en la casa dormía toda la gente... Claro, a mí como niño no dejaban de asustarme con esas cosas, pero entre el gusto y el susto ahí estaba oyendo, parando bien la oreja, aunque después mi tío José me repitiera que esas cosas no existían... Eran sabrosas esas tertulias familiares.
LA HISTORIA DE SEGOVIA Y OCOTAL
Antes Ocotal era una gran planicie repleta de ocotes y propicia para construir una ciudad. Así se hizo, y poco a poco los de Segovia, huyendo de las depredaciones de piratas e indígenas se fueron pasando para acá.
En 1809 fue fundado aquí el primer cabildo, el primer alférez real fue un antepasado mío, se llamaba Ignacio Calderón, casado con Isabel Bobadilla, que nada tiene que ver con la Bobadilla de las joyas de Colón. El alguacil mayor fue don Patricio Marín, también había regidores, que así llamaba antes a los concejales.
En 1821 el Vaticano se oponía a nuestra independencia, pero cuando vieron que no había vuelta de hoja dijeron que sí, pero que nos convirtiéramos en monarquía porque esa es una institución divina, también nos exigieron que no aboliésemos la esclavitud porque ello significaba un obstáculo para el desarrollo de los pueblos.
Luego vino la anexión al imperio de Iturbide, después la guerra de Cerda con Argüello, los corta orejas y corta narices, Chamorro y Jerez, los leoneses y granadinos, total que no hemos vivido un segundo de reposo.
Había mucho oro en esta región, yo recuerdo que mucha gente que pasaba por el Río Musún le pedía a los güiriseros que les echaran unas paladas de tierra en la alforja, y cuando llegaban a sus lugares la lavaban y le sacaban tomines de oro.
Nicaragua es rica en minerales, hay hierro en Monte Carmelo, petróleo en Puerto Cabezas y Rivas, está la porcelana de La Trinidad, hay cobre en Matagalpa, millones de toneladas de mármol desde Miraflores de Estelí hasta Teotecacinte en la cordillera de Jalapa, incluso hay un mármol irisado de ocho clases y uno negro que lleva el nombre de Ocotal, es superior al de Carrara que ya está agotado. Hay molibdeno y tungsteno en Santa María y Macuelizo, junto con indicios de uranio. O sea que hay una riqueza enorme que permanece sin explotarse en este departamento.
Por otra parte, hace mucho tiempo nosotros iniciamos gestiones para devolver a Ocotal el nombre de Segovia. Para promover esa campaña en 1951 fundé la revista “Cumbres”, bautizada así por la profesora Vilma Díaz Tercero, excelente profesora ya fallecida. Llegamos a encontrar una carta en el Archivo de Indias sobre la fundación de la ciudad, dirigida por Diego de Castañeda a la corte de España.
¿Y ese piano antiguo que tiene ahí todavía suena?
Creo que sí. Yo aprendí a tocar de todo, me gusta la música clásica, la semiclásica y la música bailable. La palabra clásica tiene dos acepciones para mí, clásicas no solamente son las sinfonías de Beethoven o Mozart, sino también es clásico lo que perdura, como “Noches de Ronda” de Agustín Lara, y en lo nuestro, Camilo Zapata, Erving Krüger y Carlos Mejía Godoy. Para mí son clásicas La Mora Limpia, que es el segundo himno de Nicaragua, y la “Nicaragua Nicaragüita”, que se seguirá oyendo durante mucho muchísimo tiempo.
UN POCO DE HISTORIA
Ciudad Segovia fue fundada en 1543 por Diego de Castañeda, un conquistador que venía entre los hombres de Rodrigo de Contreras.
Los ataques piratas no se hicieron esperar, en 1654 sucede la invasión del bucanero Henry Morgan que incendió la ciudad.
También Nueva Segovia fue atacada por los indígenas que rechazaban el ser sometidos a esclavitud y crueldad por parte de los españoles.
Ante tantas calamidades, la población se fue desbandando hacia Estelí, Jinotega, Matagalpa y Somoto.
En 1809 el intendente de la capitanía de Guatemala, don José Salvador, elevó a Ocotal a la categoría de ciudad con el nombre de Segovia, pero ya nadie la llamó así.
EL VIEJO PIANO
“Yo no tenía piano, pero sabía tocar. Éste se lo compré a una parienta que se fue del país en la época de la revolución. Le dije que me lo vendiera y lo hizo, lo compré en 300 dólares junto con un montón de partituras que yo creo valen más que el mismo piano”. 
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