MARTES 21 DE OCTUBRE DEL 2003 / EDICION No. 23248 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE



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Cultura, poder y crisis

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Alejandro Serrano Caldera

La crisis contemporánea puede identificarse a partir de la acción recíproca que ejercen dos circunstancias determinantes: la pluralidad de culturas, por una parte y la configuración de un poder único mundial, por la otra.

La multiculturalidad, entendida como existencia de culturas plurales, no siempre se expresa como interculturalidad, es decir, como interacción de las culturas que además de comunicarse se influyen entre sí. Por el contrario, en algunos casos, el fenómeno contemporáneo se manifiesta en la tendencia a la formación de microsociedades cerradas, volcadas hacia dentro y que ven en la otra cultura, en la diferencia, un elemento real o potencialmente agresor.

“El infierno es el otro”, decía el filósofo francés Jean Paul Sartre, para caracterizar en una frase muy ilustrativa la realidad progresiva de descalificar y de satanizar la diversidad y la tendencia al hermetismo e impermeabilidad de ciertas culturas, cuya actitud contrasta frontalmente con los procesos de globalización que dominan el mundo contemporáneo.

Ahora bien, si asumimos que toda civilización es un sistema de culturas integradas, que tiene su propio núcleo de principios, objetivos, fines y valores y que tiene su propio imaginario y su particular visión del mundo y de la vida, bien pronto se percibe hasta qué punto el problema se radicaliza y se vuelve más complejo, al extremo de dar origen a tesis como la de Samuel P. Huntington, de suyo controversial y polémica, del Choque de Civilizaciones, como explicación de los conflictos mundiales en la actualidad y en el futuro próximo.

Es lógico deducir que a partir de esa dialéctica determinada por la lejanía de las visiones y la cercanía virtual que crea la tecnología contemporánea, ese mundo así constituido tiende a la confrontación.

Los acontecimientos mundiales que se han derivado de los ataques del 11 de septiembre del 2001, las invasiones a Afganistán y a Irak, han consolidado esta estructura del poder mundial y dejado atrás el debate sobre la prioridad del Estado o del mercado, unificando a ambos en este núcleo único del poder formado por múltiples afluentes: políticos, militares, financieros, económicos y estratégicos.

Ligadas a las dos causas analizadas están los hechos concretos que ilustran los términos de la crisis contemporánea. En la base se encuentra el conflicto palestino israelí, causa última de todos los acontecimientos, el terrorismo, ligado a factores ideológicos y políticos, pero también a factores culturales y religiosos; los intereses geoeconómicos y geopolíticos, el petróleo y el control de los Estados Unidos del Cercano y del Medio Oriente y la eventual mayor influencia sobre Europa a partir de esta situación.

El mundo vive una situación en la que se ha roto el orden mundial surgido al fin de la Segunda Guerra y que dio origen a las Organización de las Naciones Unidas. La ruptura del contrato social de la posguerra, vigente hasta los acontecimientos que se originaron el 11 de septiembre, quedó consumado con el ataque unilateral a Irak, sin la autorización del Consejo de Seguridad y contra la Resolución 1441.

Con la puesta en vigencia de parte de los Estados Unidos y sus aliados, Inglaterra y España, del concepto de “Guerra Preventiva” fundado en la peligrosa lógica de que si no destruyo al que creo que me amenaza, el que creo que me amenaza me destruye, se ha instalado, al menos como principio, la idea de Hobbes de la “guerra de todos contra todos”, lo que de manera evidente crea un factor de inestabilidad y aumenta la inseguridad en la sociedad mundial contemporánea.

Es imprescindible pues la búsqueda de un nuevo Contrato Social para mantener la paz, el cual pasa necesariamente, entre otras cosas, por un acuerdo entre Israel y Palestina, por una efectiva pacificación de Irak, en donde el fin de la guerra no ha significado el comienzo de la paz, o en donde más bien la guerra ha comenzado cuando se anunció que había finalizado, y, por supuesto por la rehabilitación del multilateralismo y de las Naciones Unidas como verdadero y civilizado garante de la seguridad y la paz en el mundo.

El autor es filósofo y escritor.
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