MARTES 12 DE ABRIL DEL 2005 / EDICION No. 23777 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE



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Síndrome Lewites

Gabriel Conde

El fenómeno, efecto o síndrome Lewites, o como quiera llamársele, se encuentra adormecido. Los sucesos previos a la abortada manifestación de Masaya en la que los manipulados poderes del Estado con premura inusual fallaron anulando el permiso que la Policía había otorgado a los segregados sandinistas, dejaron un saldo positivo, ya los nicaragüenses sabemos con qué bueyes aran nuestras cúpulas políticas.

Un hermano del actual gobernante por razones de índole económica ha vendido alguna de sus propiedades a precio de guate mojado. ¡Qué diferencia con la de los hermanos, familia y adláteres del ex presidente Arnoldo Alemán que en lugar de vender, compraban tierras y conciencias.

A don Enrique no lo quieren y es que a nosotros los nicaragüenses, como decimos en el norte, no hay grupera que nos quede buena. Lo adversan los partidos políticos, el Ejército —que sigue siendo sandinista— y el círculo de acero religioso. Ortega manda desde abajo, Alemán desde El Chile y Su Eminencia detrás del púlpito sagrado. Pero no tiene la culpa el indio, sino el que lo hace compadre.

Mencionan a Lewites como el futuro Presidente de Nicaragua. ¿Y no le parece raro, amigo lector que no fuera electo arzobispo ninguno de la trilogía Montenegro, Vivas Robelo y Abelardo Mata? Bueno, mejor pensar como dice mi amigo gringo: Nicaragua is a joke.
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