Zona de fuego
El clásico, un fraude
Francisco Jarquín
Se suponía que estaban frente a frente los mejores clubes del futbol nacional.
Caciques del Diriangén y Real Estelí, un duelo que se esperaba de máximo nivel, con una expectativa enorme por tratarse no sólo del clásico nacional sino de un partido clave para buscar incluso, la cima de la hexagonal del Torneo de Clausura, aprovechando la derrota 2-1 del Parmalat en Somoto.
Lo mejor fue el primer tiempo, con Estelí creando muchas posibilidades de gol ante un rival que le dio libertades pero que no supo aprovechar Estelí, y el período quedó 0-0.
En el complementario las expectativas eran mayores. Se suponía que Diriangén iría a proponer más juego y Estelí a intentar mantener su dominio para buscar el primer gol. Pero nadie se imaginó la enorme sorpresa que tenían preparada los jugadores de los dos equipos, sumado a la actuación de un árbitro incompetente como René Guerrero.
Todo comenzó en una jugada infantil de Tyron Acevedo. El diriambino cometió falta sobre el argentino Víctor Sánchez, empujándolo desde atrás cuando intentaba irse al contragolpe. Guerrero marcó la falta y sacó tarjeta amarilla.
Pero la reacción de Acevedo fue más infantil. Agarró el balón y lo tiró en sus narices al árbitro y para colmo de males Miguel Cruz, capitán del Diriangén, también agarró el balón e hizo lo mismo.
Ahí comenzó el irrespeto al árbitro y los berrinches de los jugadores que se volvieron mayores en el segundo tiempo con conatos de pleitos, jugadas violentas e innecesarias y discusiones inútiles con Guerrero.
Desde ese momento se dejó de jugar al futbol y se dedicaron a botar el espectáculo en medio de una transmisión televisiva que llegó para mostrar “lo mejor” de los equipos más competitivos del torneo y abrirle una puerta más al futbol.
Sin embargo los que supuestamente debían estar más interesados en oportunidades como éstas para el futbol se dedicaron a pisotearlas con jugadas infantiles como la de Hevel Quintanilla, quien luego de recibir una falta de Sánchez, sin pensar le propinó un golpe al argentino, provocando su expulsión y dejando con 10 hombres al Diriangén.
Estelí que tampoco hizo gala de decencia, para ese entonces había perdido a Denis Salgado por doble tarjetas amarillas, en un par de jugadas innecesarias.
Otra actuación de irrespeto a la autoridad fue la de Selvin Álvarez quien con su segunda tarjeta del partido y expulsión del juego, se paseó por todo el campo y casi un minuto después de su expulsión salió de la cancha.
El partido terminó 0-0 pero en el resultado final quedó el sabor amargo de un árbitro que no pudo manejar el partido, donde un montón de niños malcriados no aprovecharon un escenario idóneo para que ganara atracción el futbol nacional.

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