Horario y ahorro energético
Luis Velázquez Molieri
En la región Centroamericana, Nicaragua es el país con los índices más bajos de desarrollo energético. Tiene la menor capacidad instalada en plantas de generación, el nivel de electrificación más bajo, el más alto consumo de petróleo para generación eléctrica, los peores índices de eficiencia energética, y el mayor nivel de pérdidas de energía entre todos los países de la región. El nivel de pérdidas de energía eléctrica en Nicaragua es alrededor de un 30 por ciento, lo que equivale a la pérdida de toda la energía que se produce en la Planta Nicaragua en todo un año trabajando a capacidad plena. Ningún otro país centroamericano tiene un nivel de pérdidas, técnicas y no técnicas, tan elevado.
En el año 2003, Costa Rica y Guatemala tuvieron los niveles más bajos de pérdidas de energía eléctrica con 11 por ciento y 10 por ciento respectivamente. Desde el punto de vista económico, Nicaragua es también la economía más pequeña de Centroamérica con un Producto Interno Bruto (PIB) de aproximadamente 2.5 billones de dólares en el año 2002, casi la mitad de la siguiente economía más baja, Honduras, siete veces menor que la más grande, Guatemala, y cuatro veces más pequeña que las economías de El Salvador y Costa Rica.
Además de ser la economía más pequeña de la región, Nicaragua también es el país con mayor ineficiencia económica-energética, pues en Nicaragua se consume más energía que en cualquier otro país centroamericano para poder producir un dólar de PIB. En términos comparativos, Nicaragua requiere 600 kilowats hora (kwh) para producir un dólar de PIB, casi el doble de lo que requiere El Salvador (302 kwh), y casi dos y media veces lo que requiere Guatemala (250 kwh). En Nicaragua se trabaja y se consume más que en Centroamérica para poder producir el mismo resultado, por tanto, hay enormes ineficiencias relativas a la región.
En términos de consumo de productos petroleros, Nicaragua consume aproximadamente un total de 10 millones de barriles de petróleo anualmente, que a un precio unitario de 50 dólares por barril, equivale a 500 millones de dólares, casi la totalidad de las exportaciones anuales, y de ese consumo, el 35 por ciento está destinado al combustible de las plantas termoeléctricas. En contraste, Guatemala, El Salvador y Costa Rica consumen tres, dos y media, y dos veces más petróleo que Nicaragua, respectivamente, y solamente destinan una pequeña fracción de ese petróleo para la generación de electricidad.
Con la excepción de una pequeña producción en Guatemala cercana a los 22 mil barriles diarios de crudo pesado, la región centroamericana no es una región productora de petróleo, y es importadora neta de productos petroleros. Para resolver las dificultades económicas que conlleva el consumo de petróleo en una región donde no se produce, el resto de los países centroamericanos han trabajado el problema con seriedad, y todos, con la sola excepción de Nicaragua, han adoptado políticas económicas responsables, y han desarrollado sólidos planes energéticos.
Como resultado de esas políticas y planes, a partir del año 2000, y hasta la fecha, todos los países centroamericanos, a excepción de Nicaragua, han disminuido su consumo petrolero, y al mismo tiempo, han aumentado sus índices de eficiencia energética, siendo los más significativos Panamá, con una reducción de 2.8 millones de barriles anuales, y Costa Rica, con una disminución de 1.2 millones de barriles anuales. Como resultado de planes energéticos serios, sólidos y responsables, Costa Rica prácticamente está logrando prescindir casi totalmente del consumo de petróleo para la generación de energía eléctrica, y el 95 por ciento de su población tiene acceso al servicio eléctrico, barato y abundante, que existe en el país.
En contraste, Nicaragua ha experimentado un incremento constante en su consumo en todo ese período, de 8.3 millones de barriles en el año 2000 a 10 millones de barriles en 2004, y los tres millones de barriles de petróleo utilizados para la generación de energía eléctrica representan el 35.2 por ciento del consumo total en Nicaragua, el más alto índice en la región, y también el más ineficiente pues un millón de barriles se evaporan cada año en “pérdidas técnicas y no técnicas”.
A los precios actuales del petróleo, el costo del componente combustible en las pérdidas de energía es de 50 millones de dólares, la capacidad instalada de generación eléctrica no se ha aumentado en los últimos tres años, y tres millones de nicaragüenses todavía no tienen acceso al servicio eléctrico en el país.
Indudablemente, el cambio de hora que recientemente han decidido las autoridades nacionales no va a cambiar en lo mínimo estas estructuras de consumo ineficiente, y lo único que se está logrando es un nuevo horario de las labores diarias una hora más temprano que de costumbre. Los hábitos diarios de los nicaragüenses van a iniciar y terminar una hora más temprano con respecto al horario solar, pero las estructuras de consumo energético y las ineficiencias seguirán iguales, y los planes energéticos serios, sólidos, y responsables todavía están pendientes de materializarse en Nicaragua.
El autor es Secretario Ejecutivo Fundador de la Comisión Nacional de Energía.

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