Un buen amigo de la juventud
Arcadio Xavier Arana Poveda poetaarana@yahoo.com
Karol Josef Wojtyla, es el verdadero nombre de Juan Pablo II. Nació el 18 de mayo de 1920, en la ciudad de Wadowice, al sur de Polonia, hijo amado de ese país y otros, donde se le respetó como representante de Dios en la Tierra, a excepción de algunos países, donde se ultrajó a su persona y a la santa eucaristía.
Asumiendo el pontificado, tomó el nombre de Juan Pablo II, Juan por el apóstol adorado de Jesús y Pablo por el gran apóstol predicador. Igual que Pablo, su primera misión fue salir al mundo a anunciar la buena nueva, a buscar las ovejas perdidas del rebaño. Nunca fue partícipe de quedarse detrás de un escritorio, por eso se le nombró el Papa Viajero. Buscó al joven, en un tiempo donde la Iglesia Católica era crítica. Qué razón tendría el mundo sin los jóvenes, dijo Su Santidad. Las primeras jornadas mundiales vocacionales de jóvenes fueron entre el 13 y 31 de marzo de 1983, posteriormente se dieron muchas más.
Las enseñanzas que daba Su Santidad eran que los jóvenes son artífices de esperanzas y grandes combatientes del bien contra el mal. Enseñó algo primordial a la juventud, que influyó en la vida de muchos, como en la mía, la de mi primo Carlos Alejandro Poveda Cerda y en muchos más, que Dios y la Virgen Santísima están y estarán con nosotros hasta nuestros últimos días, que no hay cosa más grande que la verdadera fe, creer sin ver.
Tenemos que pedir las cosas a nuestro Padre con fe, Él no nos olvida. La Biblia dice de nosotros, que somos pecadores, si nuestros hijos nos piden un pedazo de pan no les vamos a dar una serpiente. Así nuestro Padre Celestial que es bueno y todopoderoso, nos va a dar lo mejor porque somos sus hijos. Él no nos abandona, nos adora, en agua pasaremos y no nos ahogaremos y en fuego andaremos y no nos quemaremos, pues Él está con nosotros.
En su legado Su Santidad, además, dejó a la juventud el mandato de rezar el Santo Rosario, pedir a la Virgen, porque es raro que una madre niegue algo a un hijo. Así es nuestra madre celestial que pide por nosotros. En su habitual reflexión dominical durante el rezo del Ángelus, el Papa Juan Pablo II pidió a los jóvenes continuar sin cansarse en el camino tomado para ser en todas partes testimonio de la cruz gloriosa de Cristo. ¡No tengan miedo! La alegría del Señor, crucificado y resucitado, sea vuestra fuerza, y María Santísima esté siempre a vuestro costado, señaló el mensaje leído por el sustituto de la Secretaría de Estado, monseñor Leonardo Sandri.
También estuvo dedicada al anciano Pontífice la primera plegaria de los fieles, en la que se pidió que su testimonio de fe a Cristo sea para todos los jóvenes del mundo un ejemplo y modelo de amor supremo.
En Roma observé a muchos jóvenes de todos los lugares del mundo. Como dice el Eclesiastés, todo tiene su tiempo. Juan Pablo II tuvo su tiempo para peregrinar por el mundo y visitarnos. Ahora fue el tiempo de que la juventud llegara hasta donde él, a buscarlo, a darle su adiós terrenal y darnos la alegría de que está al lado derecho de nuestro Padre Celestial.
El autor es Máster en Derecho Penal.

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