LUNES 23 DE MAYO DEL 2005 / EDICION No. 23818 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE



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¡No! o ¿sí?

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Ernesto González V.
ernesto-gonzalez@laprensa.com.ni

Tener autoridad es básico para la educación de nuestros hijos.

Debemos marcar límites y objetivos claros que le permitan diferenciar qué está bien y qué está mal, pero uno de los errores más frecuentes de padres y madres es excederse en la tolerancia. Y entonces empiezan los problemas.

Hay que llegar a un equilibrio, ¿cómo conseguirlo para tener autoridad?

En una ocasión estábamos de visita en casa de una amiga, la cual nos presentó a su hija y a la vez a su nieto (de unos tres añitos más o menos). Antes de todo el protocolo restante —invitados a cenar— y de modo sorpresivo el niño se subió a una mesa que había en la propia sala con una agilidad espantosa.

Nosotros quedamos mudos, la “abuela” no sabía qué hacer, supongo que quería que la tierra se la tragara en ese momento. La mamá del niño tratando de solventar “la crisis” exclamó: “…Jorgito, bajate”.

El pequeñín, como si no había sido con él, seguía escalando la mesa como si fuese llegando a la cima del Everest.

La abuela enfadada lanzó una mirada a su hija, la que fue interpretada por todo el colectivo de espectadores de que si no había una solución inmediatamente “ardería Troya”.

La joven mamá respondió: “No sé por qué no me hace caso”.

Las actuaciones paternas y maternas a veces llenas de buena voluntad, minan la propia autoridad y hacen que los niños primero y los adolescentes después no tengan un desarrollo equilibrado y feliz con la consiguiente angustia para los padres.

El padre o la madre que primero reconoce no saber qué hacer ante las conductas disruptivas (mal comportamiento) de su pequeño y que después siente que ha perdido a su hijo adolescente, porque ha fracasado en el “negocio” más importante: la educación de sus hijos.

¿Qué hacer entonces? Una vez que usted se ha decidido a actuar, la primera regla de oro a respetar es la del no. El no es innegociable. Nunca se puede negociar el no, y perdone que insista, pero es el error más frecuente y que más daño hace a los niños.

Cuando usted vaya a decir no a su hijo, piénselo bien, porque no hay marcha atrás. Si usted le ha dicho a su hijo que hoy no verá la televisión porque ayer estuvo más tiempo del que debía y no hizo los deberes, su hijo no puede ver la televisión aunque le pida de rodillas y por favor, con cara suplicante, llena de pena, otra oportunidad.

Hay niños tan entrenados en esta parodia que podrían enseñar mucho a las estrellas del cine y del teatro. En cambio, el sí, sí se puede negociar. Si usted piensa que el niño puede ver la televisión esa tarde, negocie con él qué programa y cuánto tiempo.

Recuerde que en educación lo que deja huella en el niño no es lo que se hace alguna vez, sino lo que se hace continuamente. Lo importante es que, tras un período de reflexión, los padres consideren en cada caso las actuaciones que pueden ser más negativas para la educación de sus hijos, y traten de ponerle remedio.
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