Serpientes

Voz del Pueblo En mi reciente regreso por vacaciones a Nicaragua he leído, en la sección de caricaturas del día sábado 20 de mayo del presente año, la tira “Sólo para Niños La Zorra Mañosa”. Mi sorpresa radica en la aseveración cual textualmente dice: “2) Todas las serpientes son venenosas.” Mientras que la respuesta correcta […]

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En mi reciente regreso por vacaciones a Nicaragua he leído, en la sección de caricaturas del día sábado 20 de mayo del presente año, la tira “Sólo para Niños La Zorra Mañosa”. Mi sorpresa radica en la aseveración cual textualmente dice: “2) Todas las serpientes son venenosas.” Mientras que la respuesta correcta es “Cierto.”

Yo no soy experto en herpetología, pero sé que la gran mayoría de las serpientes NO son venenosas. Lo que es más, en toda América entre las centenas de especies, sólo entre 10 y 15 son venenosas (a menos que serpientes sean definidas exclusivamente como las culebras venenosas, definición cual no he encontrado en un diccionario).

Información de ese tipo tiene un impacto relevante en la manera que los niños forman opiniones y consecuentemente fomenta en el individuo temor y repugnancia hacia seres generalmente benignos cuales a través de millones de años han evolucionado a su estado actual. El resultado llega a ser que sin justificación nos asignamos la tarea de diezmar impune e indiscriminadamente toda especie temida, sin tomar en cuenta su necesidad e importancia en la muy mentada pero poco considerada “cadena de la vida”.

Mi experiencia tratando con serpientes en Boston, al igual que en el campo en Kenia y amplias zonas de Nicaragua me dice que las serpientes temen más al ser humano que viceversa.

Es posible que mi observación sea obviada en medio de los serios problemas inmediatos que acechan a los nicaragüenses en general, pero pienso oportuno reflexionar sobre los numerosos detalles que, tal vez por apatía, dejamos en el camino y que al final son nuestro talón de Aquiles.

Sin más a que referirme, me despido con muestras de mi consideración y aprecio personal.

Atentamente,

Manuel A. Román Lacayo

Apartado 170

Masaya, Nicaragua

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