“Aquí en LA PRENSA me inicié”

Después de 20 años —que según Gardel no son nada, aunque es obvio considerar que estaba loco—, estoy aquí de regreso, pidiéndole inspiraciones a la computadora para poder producir columnas que no aburran al lector, algo que he comprobado, al revés y al derecho, no es fácil de lograr, a menos que usted sea alguién […]

Después de 20 años —que según Gardel no son nada, aunque es obvio considerar que estaba loco—, estoy aquí de regreso, pidiéndole inspiraciones a la computadora para poder producir columnas que no aburran al lector, algo que he comprobado, al revés y al derecho, no es fácil de lograr, a menos que usted sea alguién excepcional como Jim Murray o Red Smith.

En 1970, cuando aterricé en LA PRENSA en forma imprevista, las inspiraciones me las proporcionaba una vieja máquina Remington que no hubiera desentonado en cualquiera de las Carabelas de Colón, facilitada por ese gran periodista que siempre fue Chepe Chico Borgen… Recuerdo que en ese tiempo, tenía pelo y era joven…Por 10 años, estuve trabajando en esta empresa encabezada por Pedro Joaquín Chamorro.

Es decir, que fue aquí dónde me hice periodista deportivo, “a la brava” si se quiere, pero poniendo encima de mi desarrollo toda la presión, la pasión y la disciplina, que sirven de soporte para poner a cabalgar nuestra vocación.

Regreso ahora, sin pelo pero todavía con ímpetu, como si se tratara del primer día, como si estuviera intentando atravesar una prueba de suficiencia… Naturalmente, la combinación de experiencia y conocimientos adquiridos a lo largo de los años, me concede una ventaja…Vengo con más ideas, con mejores planes, empeñado en responder a las expectativas de quienes me han contratado, interesado en no provocar un solo llamado de atención.

A los casi 57 años, deberé sentarme entre los más viejos —quizás soy “el más”—, como me percato al descubrir ese desborde de juventud atrevida y competente en todos los escritorios… Eso sí, soy un hombre desprovisto de complejos, y, espero, sin inhibiciones.

Todo en mi vida ha sido casual, desde la oportunidad de escribir aquí una nota de atletismo en diciembre del 69 mientras golpeaba tímidamente las puertas de la Sala de Redacción, que finalmente se abrieron para hacerle espacio a mis ilusiones en 1970, hasta la llamada —vía Edgard Rodríguez— de Hugo Holmann y David Hume, que desembocó en un almuerzo… En menos de dos horas estudiamos la posibilidad de mi retorno a LA PRENSA como columnista, y salimos casi amarrados… Un día después, todo estaba consumado.

Ciertamente amigos, parafraseando a Eliseo Alberto en su “Informe sobre mí mismo”, la vida es redonda y viene en caja cuadrada, con su factura y el IGV por supuesto.

Aquí estoy pues, para convertir mis ideas en opiniones, y defenderlas —como decía Octavio Paz— por fidelidad a mi verdad relativa… No pretendo ningún absoluto porque estoy consciente, que sólo soy un escritor de deportes todavía en proceso de formación, ansioso por aprender “algo más”, que es precisamente lo que pretendo ofrecerle a LA PRENSA.

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