¡Basta de culpar al Güegüense!

Entre vivianadas y güegüensadas en el gobierno y la oposición, andaremos por los guayabales de la corrupción y de la aceptación, sin tener como sueño siquiera el proyecto de la democracia CARLOS ALEMAN OCAMPO Cada vez que se escamotea la verdad, con no cierto orgullo los nicaragüenses sin ningún empacho solemos atribuirle a una cualidad, […]

  • Entre vivianadas y güegüensadas en el gobierno y la oposición, andaremos por los guayabales de la corrupción y de la aceptación, sin tener como sueño siquiera el proyecto de la democracia

CARLOS ALEMAN OCAMPO

Cada vez que se escamotea la verdad, con no cierto orgullo los nicaragüenses sin ningún empacho solemos atribuirle a una cualidad, al Güegüense que llevamos dentro. Es necesario diferenciar el personaje de la literatura colonial: que con todo el cariño que podemos tener por haber producido esa obra representativa del teatro colonial y que se desarrolla en unas condiciones determinadas, no es lo mismo en estos tiempos en los que corremos y ansiamos desesperados el encuentro del cauce de la democracia.

El Güegüense responde a una actitud frente al poder despótico, sin ninguna alternativa de darle respuesta y sin ninguna posibilidad de diálogo. La burla, el sarcasmo son los instrumentos de defensa frente a la autoridad despótica y frente a un orden estratificado sin posibilidades de expresarse, sin posibilidades de tener licencia para expresarse o para expresar los sentimientos y pensamientos.

Para los tiempos que corren ya no es necesaria esa actitud de doblez, de engaño y de medias verdades, según las antipatías o simpatías tenemos el medio que nos puede publicar las opiniones, tenemos los programas matutinos de la televisión y por último podemos viajar a la radio y poner las quejas o denuncias o simplemente expresar la opinión de lo que queremos decir.

El problema es que no terminamos de creer y de creernos como posibilidad y como proyecto democrático y sigue privando el sentido del subterfugio y del ocultamiento de la verdad. Esa actitud atenta contra el sentido de la democracia, nunca la doblez y el manejo de los diálogos con los dobles sentidos o con los ocultamientos de las identidades puede ser la ruta que nos lleve a la consolidación de la democracia, es decir, en la ruta al desarrollo.

Somos güegüenses para comerciar, para opinar, hasta para conducir, igualmente lo somos en el gobierno y en la oposición, en la crítica y en la echada de brazo sobre el hombro, trampeamos con nuestra propia realidad, escamoteamos la búsqueda de la verdad, nunca sabemos a qué atenernos, ya basta de ser güegüenses. La actitud de los taimados se queda en la vivianada estéril. La cultura del vivián ha sido fatal en nuestra historia, por un lado conduce a la inmoralidad y lo más grave es convertirla en ejemplo de un modo de ser y una forma de actuar. Es un asunto de mentalidad y de actitud frente a la vida. Mentalidad y actitud que determinan todos los órdenes de la vida. Entre vivianadas y güegüensadas en el gobierno y la oposición andaremos por los guayabales de la corrupción y de la aceptación, sin tener como sueño siquiera el proyecto de la democracia.

El autor es escritor.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: