¿Quién fríe al pez gordo?

El Vicepresidente de la Contraloría indica en un libro que escribió sobre la corrupción, que una medida efectiva para combatirla es “friendo un pez gordo”, pero al mismo tiempo reconoce que el problema es “¿…quién pesca a ese pez gordo? ¿Quién fríe a ese pez gordo? ¿En qué cacerola se fríe?, pues cuando los sistemas […]

  • El Vicepresidente de la Contraloría indica en un libro que escribió sobre la corrupción, que una medida efectiva para combatirla es
    “friendo un pez gordo”, pero al mismo tiempo reconoce que el problema es “¿…quién pesca a ese pez gordo? ¿Quién fríe a ese pez gordo? ¿En qué cacerola se fríe?, pues cuando los sistemas sociales, administrativos, policiales, judiciales… están viciados o minados por la corrupción, en lugar de castigar a los corruptos más bien los protegen”.

Josefina Vannini

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¿Quién fríe al pez gordo?





El Vicepresidente de la Contraloría indica en un libro que escribió sobre la corrupción, que una medida efectiva para combatirla es
“friendo un pez gordo”, pero al mismo tiempo reconoce que el problema es “¿…quién pesca a ese pez gordo? ¿Quién fríe a ese pez gordo? ¿En qué cacerola se fríe?, pues cuando los sistemas sociales, administrativos, policiales, judiciales… están viciados o minados por la corrupción, en lugar de castigar a los corruptos más bien los protegen”.

Josefina Vannini


Por esas cosas del destino, me cayó en las manos hace unos días un librito titulado “Como actúan los corruptos. Un enfoque internacional” y cuyo autor es nada menos que el Lic. Francisco Ramírez Torres, actual vicepresidente de la Contraloría Colegiada.

Lo traigo al tapete porque hay varios puntos que me gustaría señalar debido a la curiosa y divertida descripción que el Lic. Ramírez hace de alguien que, a su manera de ver, se puede calificar de corrupto.

En la introducción, en el punto No. 1, dice: “ La corrupción es como el ángel del mal que siente su existencia, se sabe que existe, se percibe, se ve, pero en la mayoría de los casos no se puede demostrar, no se puede documentar para ejercer sobre ella una acción efectiva en su contra”.

Inmediatamente después pregunta: “¿Quién sanciona la corrupción?. Casi nadie porque generalmente son los grupos de poder los que protegen la corrupción, intimidan a testigos, compran jueces, desalientan las investigaciones, enredan las investigaciones, desaparecen evidencia, en fin, hacen todo lo que el poder del dinero, la protección y el servilismo les da”.

Seguidamente el Lic. Ramírez indica que una medida efectiva para combatir la corrupción es “friendo un pez gordo”, pero al mismo tiempo reconoce que el problema es “¿…quién pesca a ese pez gordo? ¿Quién fríe a ese pez gordo? ¿ En qué cacerola se fríe?, pues cuando los sistemas sociales, administrativos, policiales, judiciales… están viciados o minados por la corrupción, en lugar de castigar a los corruptos mas bien los protegen”.

No había yo leído descripción más clara de lo que es un corrupto y forma más efectiva de combatir la corrupción. Veo que el Lic. Ramírez está clarísimo de cómo funcionan las autoridades pertenecientes a círculos de poder viciados las cuales nunca se atreven a freír peces gordos.

En nuestra Nicaragua tenemos las cárceles llenas de ladrones de gallinas, que por hambre han delinquido, mientras hemos visto el desfile de corruptos transitar por los últimos cuatro gobiernos sin que se haya encarcelado a nadie. Esto no solamente nos indica la delincuencia de los funcionarios que meten la mano en el erario, sino de aquéllos que sentados desde sus cómodos butacones en elegantes oficinas buscan cómo justificar sus actitudes y sus sueldos defendiendo a los corruptos.

Pero, se vuelve muy difícil meter a la cárcel a un pez gordo cuando se ha trasteado el marco institucional de nuestra nación reduciendo nuestras instituciones a pasteles divididos en partes iguales en los cuales priva el chantaje y el encubrimiento mutuo por parte de los socios.

Una de las cosas que más me llama la atención de nuestra sociedad no es la cantidad de personas que corrompen sino la facilidad con la cual la mayor parte de los nicaragüenses se dejan corromper. Obviamente no hay una sólida base de valores ni conceptos claros sobre ética y responsabilidad ciudadana. Día a día la población se siente más cercada por una invisible argolla que cierra espacios, que escandaliza y que con prepotencia y descaro pisotea la dignidad de todos.

Por eso la resolución del año no me agarró por sorpresa. Una vez más compruebo que para ser nombrado en puestos claves en los cuales se tienen que tapar los trapos sucios del gobierno hay que tener dos “cualidades”: ser sumiso y aparentar honestidad.

La autora es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA

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