GRETCHEN ROBLETOCorresponsal
SOMOTO.- Ante un peligro inminente vive la familia Vázquez Gómez, habitante del sector 11 de esta ciudad, cuya vivienda corre el riesgo de derrumbarse en cualquier momento debido a las precarias condiciones en que se encuentra.
Doña Guadalupe Jiménez Gómez (53) y don Ramón Vázquez (80), constituyen la cabeza de esta familia que suma 14 miembros. Ellos dicen que no tienen dinero para reparar la casa, que está construida con taquezal (mezcla de barro y zacate con madera incrustada), que aunque es inseguro y tiene una vida útil corta, resulta más barata su construcción.
“Cada vez que hay un viento fuerte y llueve, corro a decirle a mi familia que se salga de la casa porque en cualquier momento se pueden venir al suelo las paredes. Vivo con miedo, y mucho más en la noche cuando todos están dormidos, ni cuenta nos vamos a dar cuando la casa nos caiga encima”, expresa doña Guadalupe.
La vivienda de esta familia tiene 26 años de haber sido construida, aunque es visible el deterioro que presenta, los Vázquez tienen que vivir ahí, pues las promesas de resolver la problemática habitacional aún no se cumplen. El anciano padre asegura que ha recibido promesas del presente gobierno local, pero hasta ahora han sido sólo eso: promesas.
El caso de la familia Vázquez Gómez no es aislado, ya que según el arquitecto Gustavo Medina, director del Centro de Iniciativas para el Desarrollo de Somoto (CIDES), mediante el plan de ordenamiento que se impulsa aquí, se conoce que de 2,806 viviendas que hay en el casco urbano de esta ciudad, sólo 505 son seguras, con lo cual la Alcaldía reconoce que Somoto enfrenta una crisis habitacional por la falta de casas seguras.
Según el doctor Medina, las viviendas son inseguras, ya sea por su estructura o por el mal estado del techo. En cuanto a infraestructura el 44 por ciento de las 2,806 casas en la ciudad son de adobe, 27 por ciento de barro y 18 por ciento de bloques. Solamente el 28 por ciento de estas casas tiene techo de zinc, el resto es de teja, dice Medina.
El 50 por ciento de las casas tienen piso de tierra. Del total de viviendas 300 están en mal estado, “nos referimos a casas que por sus condiciones lo mejor es derrumbarlas y volverlas a construir”. En regular o buen estado hay 2,506 viviendas sólo en el casco urbano, asegura Medina.
