Estimado Guillermo Madrigal:
Creo que hemos conversado sobre estos tópicos que aparecen citados en la página de Opinión de este Diario (14 de junio) y estoy de acuerdo con algunos apuntes que aparecen en éste.
Sin embargo quiero decirte que es preocupante que usted siendo un actor y director graduado en el extranjero con un reconocido talento, no haga uso de una terminología teatral y estés cayendo en el mismo problema de otros que tienen complejo de médico, recetando y hablando de enfermedad cuando se debería de hacer un análisis más profundo sobre la problemática del teatro en este país.
Por otro lado, creo que algunas cosas de las que ustedes llaman enfermedad son cuestionables, por ejemplo, cuando te referís a la legalidad de los directores en lo referente a los proyectos, me parece que es un problema de actitud y de honradez del director, porque no todos somos ladrones ni estamos en la obligación de aceptar que lo somos.
Sin embargo estamos en una situación como vos mismo decís: como grupo nos resistimos en aceptar el acta de defunción por la misma pobreza que no sólo existe en el teatro sino en la nación entera.
En este sentido hay que ser responsable con lo que se escribe, no todos son deshonestos, ni todos son oportunistas, sobre esta dirección hay que ser coherente y llevar la unidad de lo escrito sobre todo cuando se pretende ser directo y se apuntan cosas concretas y específicas.
Recordemos cuando se elaboró la Ley 215. ¿Quiénes de los teatristas se preocuparon para que esta ley los protegiera a todos? ¿Cuándo nos reunimos para hacernos sentir?, una golondrina no hace verano.
¿Cuánto tiempo ha transcurrido sin que exista una organización que sea una sombrilla que nos cubra a todos? Porque no creemos ni en el fulano que fue dirigente ayer y hoy sigue siendo ese funcionario mordaz y dañino del teatro nacional o en los zutanos que de igual manera vinieron de afuera a salvar el Teatro Nacional en los 80, haciéndose pasar por Godot y son ellos que paradójicamente por un lado dicen que el teatro nativo era malo y en este momento está en agonía o está en sala de cuidados intensivos, sin sonda, ni cama, ni hospital y que no tiene salvación.
Por otro lado, otros de los mismos zutanos vinieron como colonizadores a imponernos su verdadera doctrina teatral y se han apropiado de lo que los aborígenes construyeron, con el engaño que era el paraíso teatral de todos y fueron desposeídos, condenados a deambular como miserables (no los de Víctor Hugo).
Es tiempo de ser un poco más beligerante con respecto a lo que se plantea, los hombres no se agrupan por decreto, sino por necesidades humanas que buscan su satisfacción en conjunto, seamos más propositivos y menos inquisidores.
CESAR PAZ OLIVAS
Actor y Director de Teatro