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Doña Susana Toledo Castro tenía siete años de no saber de su hija, pero de pronto tuvo la sorpresa de saber que era la abuela de los cuatrillizos de la nicaragüense que los dio a luz en Costa Rica.

Abuela de cuatrillizas encuentra a su hija

NOEL HERNANDEZ RAMOS [email protected] Doña Susana Toledo Castro tuvo la sorpresa de leer en LA PRENSA que su hija, Virginia Castrillo Castro, de la que no sabía nada desde hace siete años era la nicaragüense que recién dio a luz cuatrillizos en un hospital de Costa Rica. Ambas volvieron a comunicarse después de tanto tiempo […]

NOEL HERNANDEZ RAMOS [email protected]

Doña Susana Toledo Castro tuvo la sorpresa de leer en LA PRENSA que su hija, Virginia Castrillo Castro, de la que no sabía nada desde hace siete años era la nicaragüense que recién dio a luz cuatrillizos en un hospital de Costa Rica.

Ambas volvieron a comunicarse después de tanto tiempo de estar separadas y sin saber noticias una de la otra. Virginia, quien aún continúa en el Hospital de San Carlos en Ciudad Quezada, Costa Rica, todavía se recupera del parto múltiple y la muerte de uno de sus cuatro bebés.

Cuando se separaron ambas vivían en Granada, pero al poco tiempo de que Virginia tomó la decisión de irse del hogar en busca de un mejor futuro, doña Susana perdió la casa donde vivía y tuvo que marchase con sus demás hijos a Juigalpa.

“Preguntaba a la gente por ella, a todos los que iban a Costa Rica, pero nadie daba respuesta. Pedía de Corazón a Dios para que alguien me dijera dónde se encontraba”, expresó doña Susana.

Su sueño de comunicarse con Virginia se hizo realidad después que leyó el nombre de la madre de los cuatrillizos, Virginia Castrillo. Su hija.

Desde las diez de la mañana del viernes pasado doña Susana empezó a preparar su corazón mientras se establecía la comunicación telefónica directa desde la Redacción de LA PRENSA con el hospital donde están internados los tres bebés de su hija, pero tuvo que esperar a que su hija llegara al hospital para hablar con ella.

Fue después del mediodía que “Dios hizo el milagro” de saber sobre Virginia “ahora estoy más tranquila”, expresó con gran alegría doña Susana.

Al oírla no pudo evitar sentirse nerviosa, pero el deseo de saber qué había sido de su vida durante todo ese tiempo la hizo preguntar todo cuanto pudo.

“Me llené de emoción pero al mismo tiempo estoy afligida porque no tengo la posibilidad de irla a ver”, expresó mientras trataba de contener su llanto.

La abuela de los cuatrillizos trabaja para otra señora en un tramo del mercado de la terminal de buses interurbanos de Juigalpa, Chontales, donde gana 200 córdobas mensuales.

En Nicaragua todavía tiene a tres de sus hijos uno de los cuales es enfermo mental, uno es lisiado y finalmente una hija de 15 años que en una fotografía que guarda aparece tomada de la mano de su hermana mayor, Virginia.  

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