- Los grandes caudillos son aquellos que dejan su sello personal en la historia
Carlos de León Guevara
Puede decirse que el liderazgo es, en realidad, lo que mueve al mundo. La idea de liderazgo reafirma la capacidad que tienen ciertos individuos para conmover, inspirar y movilizar masas de personas para que actúen al unísono en busca de un fin determinado. A veces el liderazgo sirve al bien y a veces al mal, pero ya sea su fin benigno, los grandes caudillos son aquellos que dejan su sello personal en la historia.
La gran revolución de los tiempos modernos ha sido la revolución de la igualdad. La idea de que todas las personas deben tener la misma condición legal ha socavado la antigua estructura de la autoridad, la jerarquía y la deferencia.
La revolución de la igualdad ha tenido dos efectos contrarios sobre la naturaleza del liderazgo, ya que la igualdad tal como lo dijo Alexis Toqueville en su gran estudio La Democracia en América, podría significar la igualdad en la esclavitud o la igualdad en la libertad.
“Sólo conozco dos métodos para establecer la igualdad en el mundo político”, dar los derechos a todos los ciudadanos o a ninguno… excepto a uno que será el amo de todos”. No hay un área intermedia entre la soberanía y el poder absoluto de un sólo hombre.
Pero cuando se otorgan derechos a cada ciudadano y se establece la soberanía de todos, el problema del liderazgo asume una nueva cara, se hace más exigente.
Es fácil dar órdenes y hacerlas cumplir mediante la soga y la estaca.
Es mucho más fácil usar las razones y los logros para vencer la oposición y obtener al consentimiento.
Vale decir que, a la larga a los déspotas también se les mide por los resultados obtenidos, pero ellos pueden posponer el día del juicio… A veces indefinidamente, y mientras les llega, pueden causar infinitos daños.
También es cierto que la democracia no garantiza la virtud y la inteligencia en el gobierno, ya que no siempre la voz del pueblo no es necesariamente la voz de Dios, pero la democracia al asegurar el derecho a la oposición, presenta una resistencia innata a los males inherentes al absolutismo.
“La capacidad de justicia que tiene el hombre hace posible la democracia, pero su inclinación hacia la injusticia hace que la democracia sea necesaria”. La segunda prueba del liderazgo es el fin para el que pretende alcanzar el poder.
Cuando los líderes tienen por meta la supremacía de una raza, la promoción de la revolución totalitaria, la adquisición y explotación de colonias, la protección de la usura y de privilegio, o la preservación del poder personal, es muy improbable que su liderazgo haga algo en pro de la humanidad.
Si yo fuese un político, mi meta sería abolir la esclavitud, incrementar la oportunidad para los pobres y los desvalidos, conceder la igualdad de derechos de las minorías y defender la libertad de expresión y oposición.
Los líderes han causado tanto daño al mundo y también le han conferido grandes beneficios. Incluso los líderes “buenos” deben de ser examinados con cierta cautela. Se colocan los pantalones metiendo una pierna a la vez, pero en su salvación. La sumisión ciega corrompe a los lideres y denigra a los prosélitos.
Rendir culto a un líder es siempre un error. Afortunadamente, el culto de los héroes genera su propio antídoto.
El mayor beneficio que confieren los grandes caudillos es darnos a los demás la osadía de vivir según el lado positivo de nuestra naturaleza, de ser activos, insistentes y resueltos en la afirmación de nuestro propio sentido de las cosas, ya que los grandes líderes son un testimonio de la realidad de la libertad humana frente a la supuesta inevitabilidad de la historia.
El autor es nicaragüense residente en los EE.UU.