Entrevista con Anastasio Somoza Portocarrero, “El Chigüín”

La dinastía Somoza inició en 1936, con Anastasio Somoza García. Después le seguirán sus hijos Luis y Anastasio, quien no aseguró la sucesión de "El Chigüín".

Anastasio Somoza Portcarrero, El Chiguín, Somoza,

Anastasio Somoza Portocarrero se parece asombrosamente a su abuelo Anastasio Somoza García. LA PRENSA/Archivo

Se parece asombrosamente a su abuelo Anastasio Somoza García. Es como si la foto del fundador de lo que fue una de las dictaduras más conocidas de América Latina, cobrara vida.

Anastasio Somoza Portocarrero, «El Chigüín», tiene un acento profundamente nica, como si los 21 años de exilio no lo hubieran separado nunca de una tierra que lo expulsó y a la que quizá nunca regrese.

Más que una entrevista con LA PRENSA, fue un especie de conversación consigo mismo que se prolongó durante doce horas en las que reveló temores, arrepentimientos, amarguras y anhelos, aunque también se guardó sus más cuidados secretos.

Rehusó conversar en su casa o su oficina. Básicamente desconfiado, el pasado 25 de julio aceptó después de varios meses de gestiones, atender a LA PRENSA en un sitio escogido por él en la capital de Guatemala, ciudad donde vive desde hace 15 años.

Francamente calvo, enormemente alto y pasado de peso, a sus 49 años pareciera que intenta protegerse del recuerdo de aquel joven teniente coronel, comandante de la fuerza élite EEBI, la que termina justificando, regañando, disculpando, censurando.

Su padre, el general Anastasio Somoza Debayle, lo «enganchó» un día en la Guardia Nacional, le entregó un Batallón a los 23 años y lo atrajo en su absurda jornada contra todo un pueblo, hasta convertirse en otro símbolo de la dictadura.

Sin embargo, a pesar de los íntimos reproches que pudiera tener para su padre, lo recuerda con el amor y la admiración de cualquier hijo y asegura que no descansará hasta saber quién lo mandó a matar a Paraguay.

No necesariamente respondió a todas las preguntas, por tanto, tampoco ofreció respuestas convincentes sobre quién mandó a matar al Dr. Pedro Joaquín Chamorro, Director Mártir de LA PRENSA, asesinado durante el régimen de su familia.

Vive su propia dicotomía, dividido entre un pasado que lo señala y un futuro al que aspira con serenidad, sin el peso de añejos rencores contra un Frente Sandinista, al que casi agradece que haya cometido tantos errores y así evitar sentirse tan solo frente a la historia.

Primera entrega


Esta es la segunda entrega

Esta es la tercera entrega


LP: El interés de su padre por sus estudios militares siempre se interpretó como parte de los arreglos que estaba haciendo para ponerlo en el camino a la sucesión. ¿Cómo se organiza la EEBI?, ¿Quién fue el estratega?

ASP: «El general Somoza no tenía ni el menor interés en armar una sucesión porque él era consciente de los tiempos que estaba viviendo, era una persona que no hacía las cosas familiares planeadas, si las hubiera hecho planeadas me hubiera forzado a ir a West Point y no hubiera ido a Harvard como escogí yo.

Mas bien nos amonestaba a todos y nos decía que cuando se retirara en el 81 ninguno de nosotros iba a estar en edad de meterse en política, porque en el 81 yo hubiera tenido 30 años y la Constitución decía 40 años y ningún miembro de la familia estaba interesado en estar involucrado en política.

Lo de la EEBI viene de que me gradúo de Estado Mayor y regreso a Nicaragua y el general me puso en la casual, no fue hasta el 77 en que el jefe de la misión militar de Estados Unidos se aparece un día y le dice al general que por qué no me nombra comandante de la escuela que había existido desde lo años 40, que al principio le decían «La Pelona».

Era como que lo mandaran a uno a la disciplinaria porque era entrenar reclutas. Lo que hice es que le pedí un favor: Si me va a mandar a ese lugar, deme la oportunidad de escoger a mi oficial ejecutivo y me busqué a un joven brillante, graduado de las mejores escuelas de infantería cuya mayor ambición no era estar en medio de combates, sino que era ir a estudiar a Lovaina, en Bélgica, era el capitán Justiniano Pérez.

Con 120 soldados comenzamos a tratar de mejorar y montar una escuela de infantería al estilo que habíamos vivido tanto Pérez como yo en Estados Unidos».

LP: ¿Cuál fue su propósito con esa escuela?

ASP: «El propósito mío fue de buscar la mejor manera de entrenar los nuevos soldados de la Guardia. No había una gran estrategia, se fue armando conforme iban llegando nuevos oficiales. Tenían grandes aspiraciones para el profesionalismo de la Guardia y ellos eran la inspiración de donde iba saliendo para modificar los entrenamientos, para sacar a soldados más educados, más responsables, más cívicos y a la vez un mejor guerrero».

LP: ¿Cuál era el concepto, la filosofía de la EEBI?

ASP: «Era tratar de crear un soldado profesional, apegado a la ley, respetuoso de los civiles y ante todo que sirviera de germen dentro de la Guardia Nacional e inyectarle una sangre nueva a la Guardia».

LP: ¿Y usted cree que logró ese propósito?

ASP: «Veíamos que la Guardia Nacional había sufrido un desgaste tremendo del terremoto al 77, porque todo ejército que tiene que actuar como policía sufre un desgaste, porque la realidad es que los oficiales quieren ser soldados, no quieren ser policías.

Dentro de los planes aprobados, debíamos educar a los nuevos para que fueran llenando las unidades operativas de la Guardia en su función de ejército y re entrenar al resto de la Guardia para la función policial y eventualmente así los altos mandos pudieran decidir una división oficial de ejército y policía, pero eso nunca llegó a ser porque había mucha oposición dentro de la Guardia.

La juventud de la Guardia sí quería esa división, al fin y al cabo lo que decidió el argumento es que no había presupuesto y el general Somoza decidió que no había dinero para estar manteniendo 10 mil hombres improductivos».

LP: ¿No es una traición a sus propios propósitos como comandante de la EEBI, no solamente haber traído mercenarios de la talla de Mike Echanis, sino el haber establecido una guía de carácter como aquella en la que un oficial gritaba frente a la tropa: ¿Qué debe hacer un soldado?. –»Matar, matar». ¿Qué son ustedes?. «Soldados». ¿Qué son realmente? –»Tigres». ¿Qué comen los tigres?. «Sangre roja». ¿La sangre de quién?. «Del pueblo».

ASP: «¿Que, qué?, ¿Quién decía eso?»

LP: La EEBI.

ASP: «¿Según quién?»

LP: Según el propio Echanis, que lo confirmó en un artículo en la revista «Soldiers Fortune» y porque yo vivía a cuadra y media del Hospital Militar y a veces desde la calle podía escucharse el entrenamiento.

ASP: «Si usted lo escuchaba, entonces yo se lo creo. Le voy a explicar: Yo no traje a Mike Echanis, a Echanis nos lo metieron los americanos. ¡Que lo oiga la Embajada!.

Llegó un teniente coronel cubano de los que se habían enganchado después de lo de Bahía de Cochinos y de repente se aparece a Nicaragua Mike Echanis, me mandan a llamar a mí y me lo presentan para asistirme en el entrenamiento. Hubo un disgusto tremendo entre los oficiales porque los oficiales decían que para qué necesitábamos nosotros a éste. Al final lo que se logró como compromiso, porque teníamos la orden de tener a Echanis ahí, era no meterlo en el entrenamiento general sino enfocarlo a un entrenamiento tipo SWAT Team.

Echanis se dedicó a entrenar a un grupo más pequeño y nos echamos encima las recriminaciones del oficial cubano que quería a Echanis entrenando a todos los reclutas. Echanis era un tipo entrenado para el Delta Force de Estados Unidos que había sido de baja en el Ejército de Estados Unidos y es por eso que los oficiales se resistían porque no les gustaba lidiar con gente a sueldo, porque ellos se consideraban profesionales.

Por presión política terminó entrenando a este grupo pequeño de gente, hasta que llegó a causar tremenda discordia en la oficialidad de la EEBI, porque las opiniones de Echanis eran las opiniones de un americano que creía que estaba en Viet Nam. Entonces fue marginado y dentro de eso entrenó a 45 hombres para tipo de situaciones que requirieran rescate de gente capturada o en las que se usa el SWAT Team en Estados Unidos hoy en día.

Da la casualidad de que Echanis mantenía contacto con el Delta Force en Estados Unidos y pasó tremenda cantidad de información que el gobierno de Estados Unidos no quería darnos, pero que el ejército nos daba a través de Echanis, pero por la misma característica de Echanis de haber sido un tipo dado de baja del Ejército de Estados Unidos no le dábamos credibilidad y después de la Revolución rechequeando y haciendo memoria, nos dimos cuenta que Echanis nos estaba dando inteligencia militar absolutamente cierta.

Se desperdició una gran cantidad de información. Echanis nos llegó a contar que el que estaba dirigiendo toda la operación logística de los sandinistas era Manuel Piñeiro, «Barba Roja» y nos dijo dónde estaba y dónde lo podíamos capturar en Costa Rica, y no le creímos porque estaba de baja en el Ejército de Estados Unidos, así de disciplinados éramos nosotros.

Así es que todo ese entrenamiento de Echanis es parte del entrenamiento que hacen los soldados, no es algo que sea la filosofía de los soldados, que sangre de la gente y eso, sino parte del ejercicio en todos los cursos, en cualquier ejército se hace eso».

LP: Entonces a pesar de esos propósitos, la EEBI terminó siendo todo lo contrario.

ASP: «La imagen de la pobre escuela terminó siendo la del diablo, pero yo creo que es natural y es normal que la imagen de la escuela haya sido esa porque produjo soldados que al final del día causaron un tremendo problema para quienes querían noquear a la Guardia Nacional en un mes. No es lo mismo encontrarse con gente de edad media, acostumbrados a acciones de Policía, a encontrarse con jóvenes bien entrenados».

Recuerdos sobre la toma del Palacio

LP: Echanis escribió una carta en la que anunciaba que lo iban a matar y se refirió en particular a las reacciones, al malestar interno en las filas de la EEBI por lo de la toma del Palacio. ¿Qué pasó cuando los sandinistas se toman el Palacio?

ASP: «Comencemos por el comienzo. Cuando Hugo Torres y la Dora María Téllez se toman el Palacio con Edén Pastora de frente, porque ahí quienes daban las órdenes eran Dora María Téllez y Hugo Torres, da la casualidad que la unidad que había sido entrenada por oficiales de la Guardia con la asesoría de Echanis, iban pasando por la otra puerta, iban camino al polígono de Portezuelo y cuando oyen los tiros se bajan de los camiones y se meten al segundo piso del Palacio.

Eran 45 soldados altamente entrenados poniéndose las máscaras de gas, para entrarle a plomo al grupo de Hugo Torres y Dora María Téllez que se habían tomado la sala del Congreso. Estaban listos para entrar, sólo tenían que correr los corredores, ya estaban en el techo, obviamente pidieron permiso y en ese momento en la cadena de mando pasó el general Somoza y el general dijo «No». Yo me acuerdo que mi reacción fue: ¿Cómo?. «No», respondió el general.

Estamos hablando de segundos, la respuesta fue no, bájense de ahí, replieguen sus camiones y los oficiales y los soldados estaban que pataleaban, porque se habían entrenado para ese tipo de situación y estaban viendo la situación. Viene la orden que no, en lo que se van replegando nos matan a uno de los muchachos, más bravos se ponen y cuando llegan al cuartel a mí me tocó bajarme a la carretera a verles la cara y aquellos muchachos estaban que echaban humo.

Inicialmente yo también estaba molesto, pero cuando me dieron la razón por la que no, yo fui el primer en defender la decisión política del presidente y como soldado tenia que cumplir, no había nada que deliberar. El general ya había hecho su censo y habían más de tres mil personas en ese Palacio.

Lo primero que me tocó a mí fue calmar a los muchachos, compartir con ellos la frustración y explicarles la razón. Al rato se calmaron, nos habían matado uno de los nuestros, se mordieron el labio y Echanis se volvió loco».

LP: Echanis insinuó que esa rebelión lo purgó por crear una situación interna…

ASP: «Echanis pegaba alaridos y saltos, era un Rambo en su estilo, se fue a encajar en el Edificio Cerna a ver cómo hacía. Pasó como seis horas viendo cómo asaltaba el Palacio y encontró un aliado en un oficial de mucha actividad, uno le calentaba la cabeza al otro, la mayoría de los soldados estaban reviviendo la toma de la Casa de Chema Castillo, viendo ese espectáculo en el Palacio.

Los sandinistas hicieron una movida brillante para una guerrilla, que te aseguro que la practican todos los días por si alguien se las hace a ellos hoy en día.

Entonces hubo tremendo malestar y esa tarde nos tocó una situación muy delicada: Unos oficiales del Batallón Blindado que estaban tan molestos que hicieron rodar unos tanques, no contra el general, sino que iban al Palacio y cuando se supo del rumor nos llegaron instrucciones claras y precisas de que no pasara ningún vehículo de la esquina de la Colón y la Roosvelt. Es difícil controlar a guerreros dolidos, pero la Guardia Nacional como unidad no iba a sufrir problemas internos por un señor que se llamara Echaniz».

LP: O que se llamara Alegrett.

ASP: «¿Totín?. No, Totín era un hombre que tenía mucho espíritu y energía, pero nunca, más bien los americanos trataron muchas veces, un tal coronel McCoy trató de voltear o de hacer que Alegrett fuera desleal y lo primero que él hacía era ir a contar la historia.

Pero estos señores americanos, como típico de Estados Unidos que usan a la gente y después la botan, conocían bien a Alegrette porque había sido la persona que por años había servido de enlace en Miami en las operaciones ilegales que hacían los americanos contra Cuba, entonces lo conocían muy bien y trataban de apelar a ese carácter tan voluble que tenia Totín, pero no se daban cuenta que Totín era un hombre leal, que cada vez que llegaban a llenarle la cabeza de las cosas que los americanos son expertos en hacer, Alegrett llegaba a contar el cuento.

Yo mas bien siempre pregunté que quien tenía que ver en la muerte de Echanis, debería ir por la carretera sur a preguntar quiénes fueron los que lo hicieron».

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