20 años después, ¿qué hacen los ex brigadistas?

MURRA, NUEVA SEGOVIA.— Agosto 20 de 1980. Después de caminar más de ocho horas por las empinadas cuestas y bajadas de las montañas de Murra, con las mochilas llenas de alegrías y nostalgias de los últimos cinco meses más largos de su vida, Juan, Vilma, Pablo, Luis, Edwin, Carlos, Johnny, Bellorín, Miguel y Oscar se […]

MURRA, NUEVA SEGOVIA.— Agosto 20 de 1980. Después de caminar más de ocho horas por las empinadas cuestas y bajadas de las montañas de Murra, con las mochilas llenas de alegrías y nostalgias de los últimos cinco meses más largos de su vida, Juan, Vilma, Pablo, Luis, Edwin, Carlos, Johnny, Bellorín, Miguel y Oscar se juntan en una de las calles de este poblado, para tomarse una fotografía de recuerdo para la historia.

La alegría de regresar al hogar, con la satisfacción del deber cumplido, es más que elocuente en la sonrisa de cada uno de estos jóvenes brigadistas de la Cruzada Nacional de Alfabetización.

Atrás quedaron los campesinos que aprendieron a leer y escribir, guiados por las manos de muchachos como éstos —alegres y fotogénicos—, muchos de ellos apenas recién salidos de las aulas de primaria.

Todos los del grupo fotográfico tenían algo en común: eran estudiantes del Instituto Nacional de Segovia “Leonardo matute” de Ocotal y, a lo largo de cinco meses, se dedicaron a alfabetizar a los campesinos de Murra, alejado municipio de Nueva Segovia.

¿Qué pasó con estos jóvenes después de la alfabetización?, ¿Cómo les afectó la guerra de los años 80?, ¿Dónde están y qué hacen ahora estos jóvenes?.

Veinte años después de aquel día, AQUÍ ENTRE NOS fue a buscarlos y encontramos a algunos de ellos, de aquel grupo fotogénico, en su nativa Ocotal y descubrimos que aquellos románticos adolescentes hoy son hombres y mujeres que se han abierto paso en la vida. Aún tienen fresca en la memoria gratos recuerdos de aquella noble gesta que marcó sus vidas para siempre.

CONTINUO EN EL MAGISTERIO

Vilma Medina Vellorín. Tenía 26 años y era “técnica”, encargada de supervisar el trabajo de los brigadistas a su cargo. Estuvo ubicada en la comarca El Mapa. Murra, cerca de la frontera con Honduras. Actualmente es la directora, desde 1984, del Centro de Desarrollo Infantil (CDI) Nuevo Amanecer, en Ocotal, Nueva Segovia.

“Fue una experiencia muy grande, porque se cultivaron valores positivos hacia nuestros semejantes. Allí me di cuenta que los jóvenes, sabiéndolos conducir son elementos muy valiosos hacia los demás. Mis brigadistas eran buenos muchachos, alegres, amables y con muchos deseos de enseñar”, recordó.

“Fue muy bonita la relación de los muchachos con la comunidad, hicimos una amistad tan grande que a esta fecha nuestros “papás del campo” nos visitan cuando vienen a la ciudad, a pasar consultas al hospital”, agregó.

La profesora Vilma rememoró que en la montaña, su casa quedaba a 45 minutos a pie del brigadista más cercano y para llegar a las reuniones en la cabecera municipal, en Murra, tenía que viajar siete horas a lomo de caballo.

“Lo más difícil para mí fue la separación de mi familia por tanto tiempo y tan lejos. Allá no había comunicación, pero cuando bajábamos al poblado hacíamos fiestas muy alegres. Además, nuestra labor social se hizo sentir porque hicimos un huerto comunal, reparamos caminos, enseñamos a hacer pan, galletas y hábitos de higiene personal”, refirió.

“Estos muchachos estaban motivados de amor al prójimo, el país era sano, nosotros caminábamos solos grandes distancias, a veces de noche y nadie nos hizo ningún mal. Con la alfabetización aprendí a comprender mejor a las personas, a compartir sus necesidades. Ahora me relaciono con gente de todo nivel porque aquí hay niños de maestros, secretarias, enfermeras, domésticas, de todo, es un trabajo muy lindo, humano y de mucha vocación”, añadió.

SE HIZO DENTISTA

Caros Alfonso Tercero Moncada. Tenía 18 años, fue brigadista y estuvo ubicado en “Quebrada Honda”, cerca de la frontera hondureña. Alfabetizó a 15. Ahora es médico, está casado y atiende consultas en su clínica dental privada, ubicada en una céntrica calle de la ciudad.

“El haber estado en contacto directo con la gente del campo, nos dio una imagen clara de cómo vive el campesino, cómo trabaja y después tendíamos a ver a ver a esta gente de una forma más humana. Con esta experiencia nos dimos cuenta del valor que tiene el campesino y el papel que juega para con nosotros en la ciudad, porque sin ellos no existiríamos, de ellos dependen los alimentos, alimentos que consumimos gracias a su sudor”, refirió.

Después de la Cruzada de Alfabetización, Carlos terminó la secundaria y se fue a estudiar medicina en León, de donde salió como médico a cumplir el servicio militar en un puesto médico de avanzada del ejército, acantonado en Ciudad Antigua.

Fue así como años después regresó vestido de militar al mismo lugar donde estuvo alfabetizando, pero entonces la zona era escenario de guerra y su familia campesina había emigrado a otro lugar.

Ahora, en calidad de dentista, atiende de vez en cuando a algunos campesinos de aquella zona donde permaneció cinco meses enseñando a leer y escribir y; recibe saludos de muchos conocidos que aún lo recuerdan con cariño.

“Fue una gran experiencia para todos, aprendimos a compartir las pequeñas cosas que teníamos. Uno no sabe qué condiciones tiene la gente en el campo y a veces nos quejamos teniendo muchas cosas que allá hacen falta. Eso nos sirvió para cambiar en nuestra vida cotidiana”, señaló.

VOCACION MAGISTERIAL

Edwin Rivera López. En 1980 tenía 17 años y cursaba el cuarto año de secundaria. Le decían “Fierrito” desde que estaba en primer grado y así lo siguen llamando sus viejos amigos. Fue responsable de zona durante la Alfabetización, a cargo de 30 compañeros, la mayoría mujeres, ubicados en Robert, Congojas, Las Selvas, San Pablito y otros comarcas cercanas.

Su labor consistía en visitar por lo menos a unos cuatro brigadistas a diario, para asegurar que les dieran el apoyo logístico requerido. Actualmente es profesor de Matemáticas y Física en el Colegio Fe y Alegría de la ciudad.

“Yo siento que maduré en la Cruzada de Alfabetización. Uno con su locura de joven cree que el mundo lo tienen un sus manos, pero al ver el sufrimiento del campesino, el duro trabajo para producir, me hizo valorar el trabajo de ellos y al valorar esto me entregué más a mi familia, me dediqué a trabajar para que mi mamá no anduviera sirviéndole a otros, en ese sentido me hizo más humano, ése fue el mayor logro que tuve, convertirme en una nueva persona, más consciente y humano. A mí la cruzada me preparó para la vida, porque me hizo madurar grandemente”, aseguró.

Edwin dijo que también le tocó vivir muchas alegrías y también momentos duros. “Hubo veces que me tocó comer sólo tortilla con azúcar en vez de sal y a veces ése era el único bocado del día, eso lo hace a uno cambiar, el haber sufrido una crisis es lo que hace madurar a la gente y pensar diferente”, recordó.

También rememoró los momentos de peligro que vivió cuando el río de Susucayán, a medianoche, arrastró el vehículo en que iban todos los jefes de zona, luego de una reunión en Ocotal. En esa ocasión sólo se perdieron las mochilas, pero nadie resultó lesionado.

“Qué bonito es recordar esos momentos, desde allí quedé marcado para esta profesión, fue una verdadera escuela de formación esa Cruzada de Alfabetización”, dijo con evidente nostalgia.

El profesor Edwin conserva desde hace 20 años su escarapela, su diario de campo, su hamaca, el diploma de alfabetización y hasta duerme protegido con el mismo mosquitero que todas las noches le acompañó y protegió de los zancudos.

FUERZAS DE PAZ EN KOSOVO

A Noel Alvarado Rivas le decían “Calavera” y así lo siguen llamando sus amigos. Tenía 19 años y había concluido el quinto año de secundaria. Alfabetizó en Wanito, unos 40 kilómetros al norte de Murra, a orillas del río Poteca, cerca de Arenales, Honduras.

Fue jefe de un grupo de 18 compañeros y alfabetizó a11 personas en edades de 8 a 50 años. Ahora es ingeniero y trabaja en el proyecto de reconstrucción y ampliación de la Carretera Yalagüina – Las Manos. Hace unos meses vino de Kosovo, Yugoslavia, donde prestó sus servicio como miembro de las fuerzas de paz de las Naciones Unidas.

“En la alfabetización aprendí y comprendí el gran potencial que tiene la juventud, participando en proyectos sociales y económicos bajo una buena dirección, además, comprendí que los jóvenes son capaces de grandes empresas, a nosotros nos tocó el campo de la educación y allí se demostró que se puede acortar la gran brecha que existe entre el área urbana y la rural en social, cultural y económico”, dijo.

“La Cruzada fue la mejor etapa de mi vida, mi juventud, es cierto que anduvimos en gran peligrosidad, pero siempre había alegría, amigos, chistes, guitarras, matreros, tramposos, buenos a las bromas, hacíamos guaza de todos los cuentos de camino como el de la cegua, y la mona bruja; hubo uno que creyó que le había salido el cadejo y hasta se enfermó del pánico. Hubo muchas cosas que valieron la pena, pero lo más valioso fue que se logró reducir el índice de analfabetismo en forma récord, en poco tiempo y realizado por los jóvenes. Definitivamente fue la única y mejor experiencia de mi juventud, una experiencia muy sublime, que tenía una faceta cultural y social”, añadió.

Noel estudió Ingeniería Electrónica en la UCA y luego fue becado para estudiar en la extinta República Democrática Alemana, donde se graduó en Centrales Eléctricas. Ha estado en Pakistán y en marzo de este año regresó de Kosovo, luego de varios meses colaborando con las fuerza de paz de la ONU, ya que ahí se registraron una de las guerras más cruentas del decenio pasado.

En Kosovo fue el responsable de mantener los servicios básicos de la población, entre ellos el suministro de agua potable, supervisión de las minas de carbón, recolección y procesamiento de basura, limpieza de nieve de las calles y todo el sistema de acueductos y alcantarillados de Prístina, capital de este convulsionado país de Europa del Este.

“En Kosovo vi una relación parecida entre a la Cruzada de Alfabetización y las Naciones Unidas, lo he comparado con la Cruzada pero con metas diferentes, a unos cómo enseñarles a leer y a otros cómo enseñarles que había un orden internacional que hay que respetar”, reflexionó.

TASAS DE ANALFABETISMO

En los 5 meses que duró la Cruzada de Alfabetización, se enseñó a leer y escribir a 406,056 nicaragüenses. La tasa de analfabetismo se redujo del 50.35% al 12.96%, de la población mayor de 10 años. Por tal hazaña educativa, a Nicaragua le llovió un amplio reconocimiento mundial.

59,123 Jóvenes

Participaron en la Cruzada Nacional de Alfabetización , estudiantes adolescentes en su gran mayoría. Todos, junto con Brigadas de Salud, Cultura y Rescate Histórico, sumaron 95,582 personas cubriendo la Nicaragua rural.

PROGRAMA DE CELEBRACION, 20 DE AGOSTO DEL 2000

– 8:30 a.m. a 11:00 a.m. …Maratón deportivo. Cualquiera que quiera participar está invitado (saliendo de la esquina del Cine González y concluyendo —con premiaciones— en el Centro Cultural Managua).

– 11:00 a.m. a 5:00 p.m. En el Centro Cultural Managua. Invitados: población en general y alfabetizadores con sus familias

– Actividades de expresión cultural y artística:

Banda musical

Keyla Rodríguez y su Grupo

Títeres Guachipilín

Engel Ortega y su Grupo

Danza UPOLI

Norma Elena Gadea y Eduardo Araica

Grupo Pancasán

Malabarismo

Dúo Guardabarranco

Luis Enrique Mejía Godoy y su Grupo

Elsa Basil

Carlos Mejía Godoy y Los de Palacagüina

– Exposiciones fotográficas y de materiales de la CNA.

– Stands de organismos involucrados en procesos educativos.

– Stands de venta de productos alimenticios.

– Stand de venta del CD “Convirtiendo la Oscurana en claridad”.

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