Flor de María Pichardo: De monja a policía

Dejó el hábito de monja por el uniforme de policía, participaba en protestas universitarias por las mañanas y horas después estaba en la acera de enfrente desempeñando su función de servidora del orden público. Al final, llegó a ser lo que quería: periodista y servidora de los demás. Ella es Flor de María Pichardo Pineda, […]

Dejó el hábito de monja por el uniforme de policía, participaba en protestas universitarias por las mañanas y horas después estaba en la acera de enfrente desempeñando su función de servidora del orden público. Al final, llegó a ser lo que quería: periodista y servidora de los demás.

Ella es Flor de María Pichardo Pineda, Inspectora del Departamento de Relaciones Públicas de la Policía Nacional. Pese a su juventud, su historia está determinada por decisiones drásticas que marcaron el rumbo de su vida, por lo que algunos le llaman “la mujer de las siete P”, “Pichardo, Pineda, Periodista, Policía, Profesora, Poetisa… la otra me la reservo”, dice sonriendo.

No pierde tiempo para hablar de una de las mejores etapas de su vida, ocurrida antes de vestirse el uniforme de policía.

“Por cuatro años llevé una vida religiosa”, dice como quien hace una confesión interesante y difícil de creer. Y lo es.

Pichardo siempre estudió en el Colegio de La Asunción de León, como requisito para graduarse realizó su servicio gratuito en el proyecto de Los Quinchos de San Judas, en Managua. “Fue una experiencia muy bonita”, dice con aire de ternura.

Los años siguientes los vivió en El Salvador y Guatemala, donde continuó su vida entre rezos y sotanas. “Estaba convencida de que quería ser religiosa”, recuerda. Su vocación por servir fue su mayor impulso. De pronto todo cambió. “Ahora estaba convencida de que no quería la vida religiosa”, dice sin contenerse la risa.

Se presentó ante su familia y dijo que quería ser periodista. “Fue difícil porque mi familia era rural, me garantizaban los estudios en León, pero ya en Managua…”, recuerda.

Con ese impulso que la llevó hasta donde está, viajó a la capital. “Una persona a la que siempre le voy a agradecer especialmente es a la Comisionada Aminta Granera que me abrió las puertas de todo”, comenta.

Fue a través de Granera que Flor de María consiguió un empleo de operadora en la Policía Nacional que le permitió mantener su carrera. Algo con lo que su familia no estuvo de acuerdo y no lo terminan de aceptar, aunque tampoco dejaron de apoyarla.

ENTTRE DOS TIERRAS

En plena etapa de su carrera profesional en Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Centroamericana (UCA), surgieron las famosas manifestaciones por el 6 por ciento. Flor de María era estudiante y también policía.

“Yo tenía un permiso especial para ir a clases por las mañanas, cuando habían marchas cívicas, participaba porque era una lucha justa”, recuerda. Por la tarde las cosas cambiaban. “Volvía a mi trabajo normal y en realidad nunca me gustaron las protestas que causaban desorden público”.

Se graduó y jamás dejó la universidad. Desde su último año quedó como maestra de Comunicación en la UCA. “Siempre he dado clases de algo, me encanta la pedagogía”, afirma.

No por eso dejó de ser policía y ahora es la encargada de la revista Visión Policial en sus versiones radial y escrita. “Toda la vida supe que mi profesión debía ser el periodismo, en cualquier actividad, en los sociodramas yo siempre era la periodista, además tenía la utopía de siempre decir la verdad”, confiesa.

Su vocación la llevó por caminos que a simple vista son opuestos, sin embargo, ella se encargó de demostrar que la vida de una monja, de una policía, de una periodista y de una profesora, tienen puntos en común: el servicio y la honestidad.