Las prácticas y maniobras militares del
Ejército nicaragüense son de elevado costo y poco beneficio para la población. Esto perturba el ánimo si confrontamos la pobreza en que vivimos y el dudoso honor o necesidad de que se nos clasifique entre los países pobres altamente endeudados con el costo de inversión y de mantenimiento de la maquinaria de guerra.
Cabe preguntarnos: ¿para qué necesitamos el ejército? ¿para qué defender la frontera Sur?, Costa Rica abolió el Ejército desde 1949 y si hay que ensayar defensa ante ese país, será comercial, diplomática, política.
¿De Honduras? Ciertamente nos parecemos, con sendas poblaciones empobrecidas y alto gasto militar. Pero he aquí, que ni en los peores momentos de disgusto y tensión nos ha invadido el Ejército de Honduras.
Pacíficos como somos los nicaragüenses no atacaremos a Honduras ni a Costa Rica. Entonces, ¿para qué gastamos tanto dinero y tantos recursos en mantener y sostener un ejército que no ocupamos?
La celebración del veintitrés aniversario del Ejército es inconsecuente con los problemas sociales, políticos y económicos que vivimos los nicaragüenses. Nicaragua debe confiar su seguridad territorial a los Organismos Internacionales.
Si no es así, entonces no gastemos en diplomáticos en la ONU en la OEA y en otros organismos. Los fondos destinados al Ejército deben destinarse a Educación y Salud.
A ver en la próxima campaña electoral cuál partido o político, con amor a Nicaragua levanta esta bandera. Los Ejércitos en Centro América son antihistóricos, obsoletos y prevalecen en los países más empobrecidos, sean Honduras y Nicaragua; ya Panamá lo eliminó.
Si no hay y razonablemente no habrá invasión extranjera, la razón de ser del Ejército es la defensa de un grupo frente a reclamos políticos internos.
Ada R. Villavicencio