Pareciera que en estos días los venezolanos están sufriendo de una ola de xenofobia (hostilidad hacia los extranjeros). Al menos eso es lo que se desprende del contenido de algunos diarios de ese país. Uno de ellos –El Nacional, de Caracas– hasta hizo una encuesta para determinar si existe o no xenofobia en Venezuela. Un 60 por ciento respondió afirmativamente, en tanto que sólo un 40 por ciento contestó que no. ¿A qué se debe que un país tradicionalmente hospitalario como Venezuela esté viviendo esa situación? No lo sabemos, pero en todo caso lo lamentamos.
En Nicaragua, por fortuna, no nos ha tocado vivir un problema como ese. No somos xenofóbicos. Tendemos más bien a recibir al forastero con los brazos abiertos. Somos hospitalarios por naturaleza y por tradición. Pero cuando la presencia de un extranjero es considerada como potencialmente perjudicial para los intereses del país, la situación es diferente. En ese caso tenemos, como nación independiente y soberana, el derecho y la obligación de decidir si aceptar o no a esa persona en nuestro territorio. Actualmente estamos ante un caso de esa naturaleza, y nuestro gobierno tiene la obligación de evaluarlo y decidir en función de lo que más le convenga a Nicaragua.
Sucede que el Gobierno de Venezuela desea enviar como embajador a Nicaragua al señor Freddy Balzán Morrell. La solicitud del placet ¯o beneplácito¯ correspondiente ya fue presentada por Venezuela en la Cancillería nicaragüense y está pendiente de decisión. Esta vez, y por las razones que a continuación se exponen, creemos que lo más conveniente para Nicaragua es negar el placet solicitado. Las razones son evidentes.
En los años ochenta, cuando nuestro país se debatía en una larga y cruenta guerra civil, el señor Freddy Balzán Morrell vino a Nicaragua, al igual que muchos otros internacionalistas del mundo entero, a tomar partido en los conflictos internos de nuestro país y a apoyar al gobierno totalitario que nos gobernaba en ese tiempo. Balzán se desempeñó, nada más ni nada menos, que como asistente personal del Comandante Tomás Borge Martínez, ministro en ese entonces del tristemente célebre Ministerio del Interior, y del cual dependía la tenebrosa Seguridad del Estado, que operaba bajo el mando del Coronel Lenín Cerna. Balzán, además, tuvo a su cargo la edición de periódicos y revistas de línea comunista que alentaban la guerra fratricida. Unos meses antes de la derrota electoral sandinista se fue de Nicaragua.
Es obvio que una persona que se identificó con la ideología, objetivos y métodos de un partido que le causó tanto sufrimiento a Nicaragua, como lo fue el Frente Sandinista, y que además de eso trabajó para el mismo desde una posición sumamente sensible en una situación de guerra civil, no conviene que sea embajador en nuestro país, ya que es de esperarse que una vez en su cargo vuelva a inmiscuirse partidariamente en nuestros asuntos. Eso no le conviene a Nicaragua, y creemos que tampoco le conviene a Venezuela, porque tal parcialización pudiera eventualmente dañar las excelentes relaciones que hoy tenemos.
Estamos seguros que Venezuela comprenderá la situación. Ellos mismos están viviendo algo parecido. Se trata del nuevo embajador del Perú en Caracas, quien posiblemente tenga que ser retirado por su pasada vinculación con los servicios de inteligencia peruanos. “Estamos considerando (el caso). Es una materia diplomática delicada… vamos a esperar en la acción”, declaró a un grupo de periodistas el Canciller venezolano José Vicente Rangel, de acuerdo a un cable de AP fechado en Caracas el 20 de este mes.
Todo país tiene el derecho de aceptar o no a un embajador propuesto. Es por eso que en la práctica diplomática se estila que el país que desea enviar un embajador a otro solicita primero la anuencia del país receptor. No vemos, entonces, razón alguna para que Venezuela se resienta ni para que tome represalias de ninguna especie contra Nicaragua. No dudamos que en la patria de Bolívar hay muchas otras personas que podrían ser excelentes embajadores en Nicaragua.