Qué belleza

Qué belleza de realidadalguien me descubre entre mi debilidad,me conoce y me desploma con amabilidad,me entiende y me corrige dando luza todo mi ser, para así poder ser lo que quieracon los que no logro que me quieran. Aquellos ojos, relucientes de alegría y de amor,también me llama la musa de la desesperación,pues el dolor […]

Qué belleza de realidad
alguien me descubre entre mi debilidad,
me conoce y me desploma con amabilidad,
me entiende y me corrige dando luz
a todo mi ser, para así poder ser lo que quiera
con los que no logro que me quieran.

Aquellos ojos, relucientes de alegría y de amor,
también me llama la musa de la desesperación,
pues el dolor de no poder haber tocado,
esos ojos que bien sería si los hubiera besado.

Ignórame si quieres, no me olvidaré
del sueño que algún tiempo tuvimos en común,
mentira nunca pasará a ser pues te deseo todavía,
pues no existe pensamiento alguno más que el tuyo.

No me odies, que sufro al ver tu dulce cara amarga;
no me ames, que tu dulzura presiento que me roban;
no me olvides, que si así fuera nada tendría sentido,
ni para mí ni para ti, nos conviene.

Te he besado, gritado, bromeado, amado…
pero nunca te he golpeado;
ten en cuenta cuando estés sola que yo siempre te entenderé.
Como siempre, casi siempre, tú lo has realizado.

Te escribo del corazón a corazón,
tu mente me responde que no, por fe de tu corazón.
Desconfía como si nunca lo has hecho, de todos,
hasta de mí, pero prométeme que jamás,
por motivo alguno;
desconfiarás de ti misma.

Alejandro Rodríguez.

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