LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

¿Y ahora?

Jorge [email protected]

No se equivocaron las encuestas. tal como se preveía, en Managua ganó Herty Lewites, el candidato del FSLN. Sin embargo, una de las encuestas —la última que hizo M&R Consultores, entre el 20 y el 24 de octubre—, encontró que si Pedro Solórzano hubiese competido habría ganado la Alcaldía del municipio de Managua con más del 50 por ciento de los votos. Eso no fue posible porque, como se sabe, el Presidente Alemán logró que el Consejo Supremo Electoral lo inhibiera. Pero eso es ahora historia antigua que no viene al caso discutir. Lo real y verdadero es que el alcalde de la ciudad capital, por voluntad popular será, a partir de enero del 2001, un miembro del FSLN. En consecuencia, la pregunta que sí cabe es: ¿Y ahora?

Porque el triunfo del Frente Sandinista en el municipio de Managua representa para ese partido algo así como sacarse varios vigésimos de la lotería navideña; algo beneficioso, sin duda, pero también insuficiente. Los ojos del FSLN están ahora puestos en el “gordo” —en el premio mayor—, representado por las elecciones presidenciales y parlamentarias del próximo año. Y que nadie se llame a engaño; el FSLN bien puede lograrlo si en el campo democrático no se procede con la inteligencia y el patriotismo que el momento requiere.

Conviene tener muy claro que lo que estará en juego en las elecciones del 2001 es el poder real. Si bien es cierto que la Alcaldía capitalina le da al Frente Sandinista una magnífica oportunidad para “lucirse” haciendo obras y para portarse decentemente, es asimismo muy cierto que esa posición no le da el poder político, o sea, la capacidad de determinar las políticas económicas y sociales del país, cosa que sólo puede lograr si gana las elecciones del 2001. El poder real para dirigir los destinos de Nicaragua está ahí, en la Presidencia de la República.

Y el FSLN bien puede conquistar esa codiciada posición el próximo año si el voto democrático o no sandinista concurre dividido a la contienda. Veamos qué es lo que sucede. Si contamos los votos totales que a nivel nacional se depositaron en las urnas en las elecciones edilicias recién pasadas, es fácil comprobar que el PLC y el FSLN —los partidos mayoritarios—, recibieron más o menos el mismo número de votos, y si acaso el PLC recibió unos pocos más, ellos no constituyen ninguna garantía como para asegurar un triunfo sobre el Frente Sandinista en unas elecciones generales.

Pero si sumamos el voto del Partido Conservador con el del PLC, nos encontraremos que ese bloque supera considerablemente al voto sandinista. Dicho en otras palabras, el voto no sandinista o democrático tiene la mayoría en Nicaragua, y ese voto puede ganar en el 2001, si va unido. De lo contrario, las probabilidades de que el Frente Sandinista gane la Presidencia de la República son enormes. Y eso pudiera ser fatal para la libertad y el bienestar de los nicaragüenses. Refiriéndose a la militancia rojinegra tres días antes de las elecciones, don Herty Lewites dijo: “Habemos algunos que hemos cambiado”. Y no lo pongo en duda; pero los que lo han hecho a nivel de dirigencia son los menos. El problema real estriba en que el control de ese partido sigue en manos de don Daniel Ortega y su camarilla, y ellos, no han cambiado para nada. Siguen aferrados a la misma filosofía política totalitaria de siempre.

¿Qué hacer entonces para evitar que el sandinismo real tome el poder el próximo año? Pues es necesario y urgente que desde ya, las personas más sensatas, patrióticas y de buena voluntad dentro de la dirigencia liberal y conservadora, tomen conciencia de la necesidad de unir fuerzas y de trabajar para lograr un candidato unitario que sea capaz de representar los anhelos e ideales de todos los nicaragüenses que desean progresar y vivir en libertad, incluyendo a los sandinistas, porque no es que los que siguen a ese partido no deseen lo mismo, sino que el FSLN ya demostró en el pasado que es incapaz de satisfacer esos anhelos.

Para lograr la unidad es imprescindible abandonar posiciones arrogantes y sectarias. Se requiere revestirse de paciencia, de humildad y de buena voluntad, pensando únicamente en Nicaragua y en el bienestar de todos los ciudadanos. ¿De que es difícil lograr la unión? No lo dudo. ¿De que es imposible lograrla? No lo creo. ¿De que es necesaria? Estoy plenamente convencido.

El autor es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA, y catedrático de la Universidad Thomas More.  

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