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14
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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Los pitazos de los buses amarillos

Erwin Castillo [email protected]

Hace unos días estuve en san Juan de Río Coco. Es un bellísimo pueblito colgado en una de las montañas más lindas de Nicaragua. Limpio, fresco y tranquilo. Con ese clima y esa tranquilidad sus habitantes deben dormir y descansar como benditos. Y así debe ser hasta las 4.30 a.m. cuando por desgracia aparece el primer bus amarillo.

A esa hora, como desgajándose desde lo alto del pueblo, un pitazo salvaje de tres o cuatro cuadras de longitud, semejando la música de La Cucaracha, hace pedazos la tranquilidad de San Juan. En la madrugada se siente como si alguien quebrara la ventana del cuarto de una pedrada. El mismo martirio lo sufren diariamente todos los habitantes de todos los pueblos y ciudades de Nicaragua, sin excluir la totalidad de los barrios de Managua.

Estos buses amarillos, originalmente transportaban niños de primaria en los apacibles pueblos de los Estados Unidos. Circulaban entonces muy despacio, con mucho cuidado, muy serios y en completo silencio. Al ser dados de baja por su edad, los buses amarillos emigran a Nicaragua y se vuelven tropicales. Pasando Migración, sus nuevos propietarios (los buseros nacionales) rápidamente los adaptan al país y lo primero que hacen es instalarles pitos de aire. Últimamente ya no les basta con los dos pitos que originalmente atornillaban sobre la cabina del chofer, ahora instalan sobre la tapa del motor un tercer pito, una especie de trombón de vara de más de medio metro de longitud. El ruido que producen estos artefactos enferma a cualquiera.

¿Cuál es el sentido de los pitos de aire? ¿Avisar la llegada o la salida del bus? ¿Avisar que va pasando un bus amarillo? ¿Conseguir más pasajeros? ¿Reventarle la vida a la población? Debe llevar de todo un poco porque los cerebros de los buseros nicaragüenses hasta la fecha, lo único que han podido producir son ruidos.

Si un chofer de buses amarillos llega a leer este artículo, (si es que lee) de seguro ni se inmutará y a muchos les dará risa. Así son ellos, para eso son tropicales.

Para concluir, una pregunta y una petición a las nuevas autoridades municipales. ¿Acaso tenemos los nicaragüenses que soportar esto indefinidamente ? ¿No es hora ya de parar esto ? Son ustedes los que tienen la obligación de ponerle fin a estas salvajadas. Es claro que no podemos continuar despertándonos todos los días a pitazo limpio, amargándonos la vida desde que Dios amanece.

Los nuevos alcaldes tienen que priorizar el ordenamiento del transporte urbano. Podrían comenzar instruyendo a la Policía de Tránsito para que prohíba terminantemente la instalación de pitos de aire en los buses urbanos. Este sería un excelente primer paso para comenzar la doma y domesticación de ciertos elementos.  

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