Nicaragua: un modelo agroindustrial competitivo

Gilberto Alcócer López* Desde muy joven he escuchado a reconocidos economistas y gobernantes, de la gran satisfacción que siempre les causó el ser Nicaragua el país de mayor producción de granos y el gran exportador al área centroamericana de estos productos agrícolas en los años 60 y 70, a tal extremo que nuestro país se […]

Gilberto Alcócer López*

Desde muy joven he escuchado a reconocidos economistas y gobernantes, de la gran satisfacción que siempre les causó el ser Nicaragua el país de mayor producción de granos y el gran exportador al área centroamericana de estos productos agrícolas en los años 60 y 70, a tal extremo que nuestro país se ganó el nombre de El Granero de Centroamérica. Ahora ya hay quienes están comenzando a llamarle La Huerta de Centroamérica por su gran potencial de frutas y hortalizas.

Ciertamente nuestro país tiene ventajas comparativas envidiables tales como: abundantes tierras fértiles, fuentes de agua, diversidad de climas, entre otras que la hacen apta para diferentes tipos de cultivos en todas las épocas del año, y le permite generar cosechas significativas, si cultivamos con mucha eficiencia. Sin embargo, aquí cabe hacernos una pregunta: ¿han logrado salir de la pobreza la gran cantidad de productores de granos como el maíz y los frijoles, que son los granos que hemos exportado, y los productores de frutas y hortalizas? La respuesta es “no”. Entonces algo no está bien en el modelo, pues ya son más de treinta años que tengo de conocer el mote de Granero de Centroamérica y nuestros campesinos cada día son más pobres o están ya en el grado de pobreza extrema.

La razón para este fenómeno es sencilla: en este modelo no hay valor agregado para quienes se dedican a la producción primaria. Es muy bien sabido que los intermediarios se quedan con la mayor parte del pastel pagando a los primeros actores de la cadena, precios extremadamente bajos. De igual manera el modelo no es generador de empleo. Sin embargo, es consumidor de divisas que otros sectores de la economía generan ya que tenemos que importar grandes cantidades de productos transformados en conservas, jaleas, jugos, concentrados, pastas etc, de los que el setentiséis por ciento de las importaciones son originarias de los países centroamericanos. No cabe duda que muchas materias primas utilizadas para su elaboración, son producidas en nuestros campos.

Es mi criterio, que el modelo de Granero y Huerta de Centroamérica, tiene muchas limitaciones y la aportación a la economía de los agroempresarios no será significativa. Hay que reconocer el gran esfuerzo que algunas empresas como Hortifruti están haciendo para mejorar el aspecto de mercadeo de la producción de frutas y hortalizas, pues esto supone un mejor precio a los agroempresarios, sin embargo, el modelo puede crearnos espejismos que frenarían el desarrollo económico en el campo.

Nicaragua realmente produce una diversidad de frutas y hortalizas pero con baja calidad y con grandes pérdidas para sus productores, y se debe fundamentalmente a que no hay motivaciones para una producción de mayor calidad, lo que convierte a esta en una actividad de sobrevivencia para sus principales actores. Por otro lado es lamentable ver cómo en Nueva Guinea se pierde grandes cantidades de cítricos porque no hay compradores debido a que traer el producto al mercado de Managua que es el de mayor consumo, es sumamente costoso debido al deterioro de las carreteras. Esta situación mejoraría si alguien invierte en una planta de extracción de jugos en la zona y se comercializa el producto transformado, tanto para consumo interno como para exportación.

Bajo estas premisas quisiera proponer un modelo de transformación competitiva de nuestra producción primaria en productos terminados o con alto grado de elaboración que permitan generar valor agregado y mayor empleo. Esto debe permitir a los agroempresarios un mayor aprovechamiento de las ventajas comparativas para obtener mejores precios por sus productos y, a la economía nacional, mayor generación de divisas. El modelo propuesto, es gran generador de empleo y nos permite trascender el mercado regional, el que hasta ahora sólo nos ha percibido como la huerta que está tras el patio de la casa.

Hay que advertir que esto no es una tarea fácil, hay muchas acciones que desarrollar, y una de las principales es que todos los actores compartan una misma visión de país, se comprometan con ella y se den a la tarea de diseñar una estrategia de largo plazo. Debo mencionar que ya hay una agenda para la competitividad que puede ser el punto de partida para el diseño estratégico en este sector de la economía. Dicha agenda propone darle prioridad entre otros, el desarrollo de la agroindustria.

Si queremos ser un paco más agresivos en la implantación del modelo, hay que generar capacidades en las familias campesinas, mediante la capacitación para que se conviertan en verdaderas empresas familiares, transformando su propia producción de materias primas agropecuarias en productos finales o con algún grado de elaboración para ser vendidas a empresas mayores con valor agregado más alto. Esto sí contribuye a la reducción de pobreza en las familias que viven en el campo.

El modelo propuesto requiere de las siguientes acciones, entre otras:

– Propiciar un adecuado clima de negocios.

– Desarrollar una infraestructura de transporte con desempeño de clase mundial.

– Sistema aduanero efectivo y eficiente.

– Adopción de variedades vegetales mejoradas.

– Adopción de tecnología de punta para la transformación.

– Desarrollo de la investigación e innovación tecnológica.

– Capacitación de recursos humanos.

– Desarrollo gerencial.

– Adopción de normas de calidad

– Mejorar los sistemas de empaque y envases.

– Crear alianzas estratégicas entre productos y servicios relacionados.

– Diseñar estrategias de mercadeo efectivas.

– Facilitar el desarrollo de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa.

Conclusiones:

Nicaragua requiere del compromiso de todos los actores para crear modelos de desarrollo económico sectorial, sin exclusiones que le permitan al país insertarse en el mercado internacional con alto grado de competitividad atendiendo a las nuevas reglas de la globalización.

La participación del Estado como facilitador de todas la acciones estratégicas es de vital importancia, y la acción verdaderamente proactiva del sector privado es fundamental para la inversión productiva generadora de empleo que agregue valor tanto a la producción primaria como a la economía en su conjunto.

El papel de las universidades y de los centros de capacitación debe estar encaminado a una formación profesional y técnica que esté en correspondencia a las necesidades reales del desarrollo económico y productivo para mejor aprovechar los recursos invertidos en la educación.

El compromiso es de todos. Adelante!!!

* Master en Administración de Negocios.  

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