- “Mis hijos tienen que superarme, ellos no tienen que ser churequeros como yo”, asegura Ramona
Valeria González [email protected]
La guerra de insurrección de 1979 obligó a Ramona López a emigrar de Somotillo junto con sus cuatro hijos mayores, hacia la capital, donde su prima Concepción Hernández le abrió las puertas de su vivienda, ubicada en “La Chureca”, el basurero municipal.
En Somotillo sembraba maíz y frijoles, por lo que habituarse a la vida de la capital fue duro para ella, porque la alimentación de sus hijos la tenía que buscar en la recolección de desechos. Además, su esposo la abandonó.
Ella optó por sacar a sus cuatro hijos adelante, sin nada, porque vino a Managua “con una mano adelante y otra atrás”.
Luego ha multiplicado rápido su familia, porque su segundo matrimonio le ha dado nueve hijos más, pero a todos ha garantizado educación, trabajando de sol a sol.
Su jornada laboral inicia a las cinco de la mañana cuando prepara el maíz con el que elabora las tortillas. Cuando la venta está terminada a eso de las doce del día, empieza su segunda jornada que consiste en recolectar, en compañía de su segundo esposo, los desechos reciclables en “La Chureca”.
Con la producción de tortillas y lo que gana por la recolección de desechos, puede pagar a sus hijos los 25 córdobas que cuesta la educación en la escuela de la Colonia Morazán y garantizarles los materiales didácticos que ellos necesitan.
“Hago lo que sea para darle educación a mis hijos, porque el hecho que vivamos en este lugar, no quiere decir que ellos seguirán viviendo aquí mismo. Mis hijos tienen que superarme, ellos no tienen que ser churequeros como yo”, aseveró.
Cuida a sus hijos con rigurosidad para evitar que tomen un mal camino. “La mano dura que le he puesto a mis hijos, ha sido la clave para que no tomen el camino de inhalar pega o robar”, aseguró.
“Aunque mis hijos vivan entre la chatarra, los desperdicios y los malos hábitos de las demás personas, eso no quiere decir que serán malos elementos de la sociedad, ellos tienen que servir a su país”, manifestó.
La vivienda de Ramona está forrada con ripios de madera y unas cuantas láminas de zinc, pero el arroz y los frijoles siempre están a la disposición de sus hijos.