LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

Hoy se cumplen

14
días

desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Las peores plagas de la agricultura

Juan R. Rosales [email protected]

Cuando el empirismo y la improvisación son nuestra mejor alternativa para tomar decisiones, nos negamos la posibilidad de hacer las cosas mejor. Es más dramático si empleamos el empirismo y la improvisación para dirigir una comunidad, un municipio, un departamento o un sector de la economía.

El desarrollo tecnológico permite que mucha información pueda ser procesada en minutos, para el análisis de un tema. También, que masas de datos sean representadas en forma visual hasta convertirse en mapas de información, para tomar decisiones lógicas y ordenadas.

Un ejemplo clásico es el uso de imágenes de satélites para observar el desarrollo de una estación climática. Con esta herramienta podemos predecir, con alto grado de certeza, la presencia de un huracán y por tanto informar a la población para que se ponga a salvo. También puede servir para decidir cuándo sembrar, cuándo pescar o cuándo viajar. Sin embargo, en Nicaragua seguimos confiando en el canto del gallo, el trinar del güis, el croar de los sapos, las alas de las hormigas y otras señales empíricas para predecir el tiempo.

El Mitch es un ejemplo aleccionador del empleo del empirismo para tomar decisiones. Se sabía que un huracán entraría a nuestro territorio, pero nadie advirtió a la población, nadie confió en los datos de las computadoras y satélites y en consecuencia miles de vidas se perdieron.

Las organizaciones que observan el planeta recién reportaron el recalentamiento de las aguas del Pacífico, lo que está asociado al fenómeno del Niño. ¿Se presentará el Niño este año? Puede que sí o que no, pero lo importante es que ese fenómeno causa estragos a la agricultura y por ende a la población. Creo que hasta hoy nadie ha dicho que hay señales empíricas para predecir un Año Niño, pero la tecnología nos advierte, como en el caso del Mitch, que puede haber problemas y hay que prepararse.

Como dicen los sacerdotes, hagamos un acto de contrición y preguntémonos: ¿Qué estamos haciendo para afrontar un Año Niño? ¿Cuáles son nuestras reservas de alimentos? ¿Qué área podemos regar sin problemas? ¿Qué van a hacer los campesinos sin riego? ¿Cuál es el plan anti-Niño? ¿Qué nivel de detalle tiene? Ojalá me equivoque, pero creo que nadie ha hecho nada al respecto. Sin embargo, estoy seguro que en agosto próximo, Dios no lo permita, los encuestadores andarán como locos recolectando datos para evaluar los daños de la sequía.

Lo peor es que vamos a correr a extender la mano a la comunidad internacional para pedir ayuda. ¿Por qué poner en vergüenza al país pidiendo ayuda?, ¿Por qué volver a improvisar si podemos planificar la producción de contingencia? ¿Por qué no solicitar apoyo para producir y no para que nos den caridad?

¿Por qué siempre estemos improvisando y recurriendo a herramientas empíricas para tomar decisiones? Porque nuestras instituciones carecen de cultura de documentación de los hechos. ¿Dónde encuentro una base de datos pública que me permita hacer un análisis del ciclo agrícola pasado? Datos elementales: ¿Qué se sembró?, ¿cuánto se sembró?, ¿cuántos productores sembraron?, ¿en qué regiones?

Algunas instituciones dirán que existe una base de estadísticas agropecuarias, lo que es cierto a medias. Pero requerimos datos completos que incluyan rendimiento y producción de granos básicos, además de cultivos como tomates, chiltomas, cebolla, coliflor y flores, donde está el negocio y un buen sistema de señales de mercado nos permita entrar o salir. Necesitamos datos de insumos utilizados, distribución de producción y exportaciones, entre otros, que nos faciliten decisiones para producir.

El mundo moderno y la libre competencia nos indican la necesidad de que el Estado sea verdadero facilitador y haga inversiones concretas en tres vías: a) Fortalecer la capacidad de generar estadísticas confiables; b) Desarrollar sistemas de información horizontal y entrenar a los productores para que analicen datos; y c) Involucrar a los productores organizados en la generación de datos.

Si los actores principales de un proceso son ignorados, suceden problemas como el de las exportaciones de queso, mariscos, carne y pitahaya. A mediados de los 90 comenzaron las negociaciones para reglamentar el comercio internacional. Nicaragua, por supuesto, participó con una delegación de alto nivel y todas las reglas se quedaron a ese nivel.

Nadie supo qué se discutió, hasta 1998 cuando la Unión Europea nos dio un plazo fatal para mejorar nuestras plantas procesadoras de mariscos y exigió cumplir con las normas del Codex Alimentario. Luego, en 1999 surgió el problema del queso artesanal que no es aceptado por El Salvador por no cumplir con las normas sanitarias; y los costarricenses nos cerraron las fronteras para la cebolla, porque hallaron evidencias de una bacteria.

Situaciones conocidas por el Estado se convierten en problemas para los productores varios años después, con consecuencias desastrosas. Los queseros han improvisado para seguir exportando, los procesadores de mariscos también para que sus plantas fueran certificadas. Todo eso ha costado mucho dinero al sector productivo y lo lamentable es que pudo haberse planificado, con un poco de comunicación.

Es necesario que el Estado haga inversiones para mejorar los sistemas de información y entrenamiento para el uso de datos, que se comience a ver el futuro de forma más predecible y establecer políticas, estrategias y líneas de trabajo que conduzcan a reducir las improvisaciones y reduzcan los riesgos por malas decisiones.

El desarrollo es información y conocimiento, pero sólo con buenos sistemas de información, generación y transferencia de conocimientos, vamos a optar al desarrollo. Necesitamos actuar de forma lógica, minimizando riesgos y optimizando resultados en cualquiera de nuestras actividades.

* El autor es miembro del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Nicaragua.  

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