- “No pierdo la paciencia, hay que tomar las cosas con calma y sufrir con paciencia”, expresó Isabel
Karla Marenco [email protected]
La pobreza no es obstáculo para procurar amor y devoción a los hijos. Ese es el alimento maternal que la joven Isabel Dávila entrega diario a sus ocho niños, entre ellos a las cuatrillizas Cucalón que nacieron el 31 de mayo en el Hospital de Boaco y que a sus siete meses de vida están en perfecto estado de salud, a pesar de la escasez.
La Navidad ni siquiera se asomó a la puerta del matrimonio Cucalón y sus vástagos, pero el arroz, frijoles y tortilla suplieron esa necesidad. La unión familiar, la salud y la protección del Señor fue lo más importante, además de gozar de la casa nueva que les construyó el Banco de la Vivienda (Bavinic).
Hoy las agraciadas cuatrillizas cumplen siete meses de haber nacido. Todas son idénticas, la hermana mayor de las bebitas, Berenice Petronila, de siete años, es la que sabe el secreto de cómo identificar a María Dolores, María Fernanda, María Alexandra y María Isabel.
La vida se ha complicado mucho para esta familia, especialmente por la falta de agua para lavar los pañales y asear la casa y no tener energía eléctrica por las noches que todas se despiertan. El día entero es corto para dedicárselo a las cuatrillizas que lloran, piden alimento y duermen.
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LA DURA TAREA DE CUIDARLAS
Doña Isabel, de 26 años, quiere dividirse para poder atender a todos sus hijos al mismo tiempo, pero no puede. Quienes le ayudan son su madre, una anciana de 80 años que hace lo que puede y su hija Berenice, que carga a dos de las pequeñas esperando el turno de amamantarse, mientras las otras dos se sujetan tiernamente a los pechos de Isabel.
A pesar de sus carencias, lo mejor es que ahora tienen una casita nueva “porque la de nosotros era un nidito y con estas niñas qué íbamos alcanzar, fue una gran obra la que hicieron por nosotros”, resaltó.
ESCASEZ DE AGUA
La noche es los más complicado para doña Isabel porque las niñas la desvelan mucho y ella se siente cansada y un poco enferma.
“En el día uno disimula, en la noche a mí me da un sueño pesado, pero a ellas les agarra la llorona de noche y cuando llora una, lloran todas y yo sufro porque quiero que estén bien”, expresó.
Pero lo más importante es el agua porque dice que le da vergüenza pedirla donde unos vecinos todos los días. “Estas lavadas de estas niñas no son jugando”, dijo.
Dos hermanas de doña Isabel, le ayudan a lavar la ropa en una quebrada cercana, mientras ella se hace un “colocho” cuidando a las niñas que cada día le consumen sus energías.
“HAY QUE SUFRIR CON PACIENCIA”
“Si yo me voy a lavar, mis niñas se me mueren de necesidad porque ellas quieren estar a cada ratito mamando, a cada ratito se orinan y tengo que estar pendiente de sus pañalitos. No pierdo la paciencia porque hay que tomar las cosas con calma y sufrir con paciencia”, expresó con una sonrisa.
Don José Ramón Cucalón, el padre de las cuatrillizas, también hace muchos sacrificios para llevar el alimento a sus hijos e hijas. Doña Isabel contó que casi no se mantiene en la casa porque toda la semana hace algunos trabajitos en el campo para ganarse 20 córdobas al día. Se va por varios días mientras ella se queda cuidando la casa y a los hijos.
FALTAN ESCRITURAS DE CASA
Doña Isabel aseguró que aunque el Bavinic prometió regalarle a la familia siete manzanas de tierra para que don José Ramón las cultive; esa promesa está pendiente de cumplirse, al igual que la entrega de las escrituras de la casa, ubicada en la comarca El Chagüite, localidad de El Papayal, a 38 kilómetros de Boaco.
La joven nuevamente solicitó la ayuda de las personas porque sus hijos están pasando por muchas necesidades, sobre todo de alimento.
La dieta que tiene la familia es arroz y frijoles y algunas veces se comen alguna gallina o sardina que compran en la venta. Berenice Petronila, Léster Antonio, Eyner José y Marvin Ramón, no saben cuál es el sabor de la leche; las niñas sí porque su madre no les quita el pecho materno.
