- La dolarización total es una decisión política y no económica
Róger A. [email protected]
Nicaragua se sale de todos los parámetros económicos y es muy difícil establecer comparaciones, aún con nuestros propios vecinos. Honduras (HIPC – PPME) produce tres veces más, tiene tres veces más reservas monetarias internacionales y debe tres veces menos que Nicaragua. Comparados con otros quedamos peor.
Nadie puede afirmar ni sostener que en Nicaragua es necesaria o posible una dolarización total de la economía. Ello sería desconocer el papel de la moneda en la economía. El patrón oro-dólar condujo al mundo a la gran depresión.
Nicaragua necesita políticas, no fetiches; una política económica propia, clara, ordenada, que conduzca al mejoramiento del nivel de vida de la población; una política monetaria sana, una política cambiaria activa, que esté al servicio de la productividad, de la producción y no de esquemas agotados.
Necesita una verdadera reforma fiscal desarrollista, aumentar la recaudación promoviendo la producción, reducir el gasto público innecesario e improductivo y combatir la evasión.
Debemos apoyar una agenda empresarial y laboral que saque al país de su postración, pues la economía de Nicaragua es demasiado pequeña y cerrada, que debe ser reenfocada hacia las exportaciones. Debemos abrir la economía, también en el área financiera y dedicarnos a exportar y a promover inversiones. Lo que necesitamos son más exportaciones. Debemos definir los objetivos y esclarecer quienes ganarán y quienes perderán con ello. Los aspectos institucionales y legales deberán adaptarse a los objetivos acordados. Sólo así podremos iniciar el camino del crecimiento.
El Salvador y Ecuador se lanzaron este año, sin paracaídas, a la aventura de su vida, al adoptar un régimen de dolarización total de sus economías. Desdichadamente, estos países y sus habitantes no son imaginarios o teóricos, como suponen las recetas de los “Manuales del Terror”.
Ecuador, a 10 meses de su dolarización, salvó su déficit fiscal gracias a los altos precios del petróleo; los precios internos se duplicaron en dólares, cerrará el año con una inflación del 91%; la tasa pasiva nominal en dólares (para ahorrantes) es del 8%, y la activa (para préstamos) del 16%, la tasa máxima convencional es del 24%. Este año el gasto público social por habitante disminuyó 22% en salud y 26% en educación, y 550,000 ecuatorianos más emigraron.
Las ventajas teóricas de la dolarización, como que produciría inmediatamente baja de tasas de interés, del déficit fiscal, cero inflación, baja del riesgo país, caudales de inversión extranjera; implicando dinero más barato una mayor inversión productiva, empleo, riqueza, círculo virtuoso digno de Walt Disney, del que los ecuatorianos no podrán disfrutar.
El Salvador es diferente. La decisión de dolarizar aparece innecesaria e inoportuna. Innecesaria porque, aunque atraviesa problemas de crecimiento, balanza comercial y déficit fiscal, su sistema financiero es sólido y, sin dolarización, las tasas de interés activas (por préstamos) y las pasivas (por depósitos) son bajas. La tasa de interés nominal es del 12.12% y la activa real (descontando inflación) del 8.06%, menor que la tasa prima real en EE.UU. (8.5%). La de depósitos es del 7.07%, y la tasa real promedio es del 3.23%, inferior a las del Departamento del Tesoro de EE.UU. (4.45% real a 180 días).
Inoportuna también la decisión porque Estados Unidos y las economías globales están entrando en una etapa de freno económico, bajando sus tasas de interés. Esto beneficia a deudores internacionales pero Estados Unidos nos comprará menos, entonces dispondremos de menos dólares para dolarizarnos.
Además, disminuirá el deseo de ahorrar cuando los intereses son tan bajos y ya la rentabilidad de los Fondos de Pensiones se ha desplomado.
En estas circunstancias, sin hiperinflación y con un modelo de convertibilidad monetaria funcionando aceptablemente debido a la abundancia de dólares (reservas, remesas, inversiones extranjeras), ¿por qué dolarizó El Salvador? Además, ¿por qué lo hizo a escondidas de sus sectores financieros y productivos nacionales?
El caso de Guatemala es excepcional. Ahí se trata de una economía financieramente “reprimida”, donde es ilegal la circulación y los depósitos en dólares. Lo que se está haciendo es salir de las Encomiendas y entrar a la Modernidad, no a una “dolarización”.
Panamá y Liberia son otros casos excepcionales. Panamá no crece y sus reservas son menores a las de El Salvador; mientras Liberia se desintegra en una larga guerra civil.
En fin, la dolarización total es una decisión política y no económica. Con ella se reconoce la incompetencia para administrar la economía y para defender la moneda y la soberanía; se cede la soberanía sobre la política monetaria y la política económica; se renuncia a la capacidad de gobernar. Ahora, Nicaragua no debe ni puede dolarizar.
* El autor es Consultor Económico y Financiero.