Ministerio Arquidiocesano de Predicación “Madre de la Nueva Alianza”
Al inicio de un nuevo milenio, se hace más viva la esperanza de que las relaciones entre los hombres se inspiren cada vez más en el ideal de una fraternidad verdaderamente universal”, (Mensaje del Papa Juan Pablo II, para la Jornada Mundial de la Paz 2001).
Y ¿qué es la paz hoy? Hay tantos conceptos como mentes en este mundo, creo que hoy día el gran problema es la uniformidad de criterios al respecto. Porque unos creerán que solamente es ausencia de guerra, para otros el que la gente tenga algo que llevarse a la boca independientemente del método que se use, otros, aún hoy día, piensan que es la implementación de su estilo de pensamiento, en fin, variedad de mentes, variedad de criterios.
¿Podremos encontrar criterios que nos unan en este respecto? Al comienzo del mensaje para la Jornada Mundial por la Paz del 2001 el Papa propone algunos criterios que hemos de tener en cuenta:”El valor de la fraternidad está proclamado por las grandes «cartas» de los derechos humanos” (ídem).
“La misma reflexión de los creyentes, en las diversas religiones, tiende a subrayar cómo la relación con el único Dios, Padre común de todos los hombres, favorece el sentirse y vivir como hermanos” (ídem).
Veámoslo de esta manera: el primero que ha de ser válido para todos, creyentes y no creyentes; el segundo, de un gran valor para los que creen en Dios, sean de la religión que sean. La base de todo es el respeto del otros, de los otros, sean de la cultura que sean, piensen lo que piensen, sean cuales sean sus costumbres.
Lo básico es el respeto del otro que también vale, como también que el otro respete a los demás, pues los demás también valen, y que no porque son distintos a mí tengo que imponerles mi estilo de vida y de pensamiento.
De este modo, si tanto se habla hoy día de globalización, ante todo de la economía, también se debería de ocupar este concepto para lograr un diálogo entre los hombres de distintas culturas para crear una nueva cultura, la del amor y la paz.
En la era de la globalización es necesario “globalizar” la solidaridad, el amor, la paz y, de este modo llegará por doquier el mensaje liberador del Evangelio. “De manera análoga a lo que sucede en la persona, que se realiza a través de la apertura acogedora al otro y la generosa donación de sí misma, las culturas, elaboradas por los hombres y al servicio de los hombres, se modelan también con los dinamismos típicos del diálogo y de la comunión, sobre la base de la originaria y fundamental unidad de la familia humana, salida de las manos de Dios, que « creó, de un solo principio todo el linaje humano” (ídem). De este modo la globalización, vista desde una transmisión de imágenes y palabras, ayudará a que los hombres se comprendan y se unan en el respeto mutuo porque están aprendiendo a conocerse y por lo tanto a respetarse. Pero también se puede aprender a ayudarse, lo cual sería un fruto maravilloso de la globalización en medio de la desigualdades que sufren los hombres de distintos lugares.
Desigualdades que han empujado a los hombres a realizar migraciones masivas en busca de un lugar que les provea lo necesario para subsistir: un trabajo digno, una casa, la paz que tal vez no han logrado en sus lugares de origen… Es el ser humano el que necesariamente se ve urgido de salir de lugar de nacimiento pero que no puede dejar atrás su cultura, de la que siempre ha formado parte, la lleva con él en su mente y en su corazón. Pero esto llama a un respeto mutuo (migrante y país acogedor) porque ambos tienen muchos que comunicarse para enriquecerse.
“Diálogo” que sea apertura y comunicación es lo que hace falta para que el hombre de hoy aprenda respetarse, para que cada uno tenga en cuenta el respeto a los valores del otro. Valores que nos unifican y nos distinguen.
Tengamos en cuenta que con todo esto podremos crear una cultura nueva donde estén todas: la civilización del amor y la paz.
Los jóvenes tienen una tarea grande para lograr, lo que en algunos casos parece la incomprensión de todos, la paz. “Queridos jóvenes de cualquier lengua y cultura, os espera una tarea ardua y apasionante: ser hombres y mujeres capaces de solidaridad, de paz y de amor a la vida, en el respeto de todos. ¡Sed artífices de una nueva humanidad, donde hermanos y hermanas, miembros todos de una misma familia, puedan vivir finalmente en la paz!” (ídem).