- Las lecturas y la solemnidad de esta fiesta quieren evocar las virtudes domésticas del Hogar de Nazaret que a pesar de su divinidad, era una familia como otras de su pueblo y de su época
Pbro. Silvio Fonseca Martínez
Los padres de Jesús lo encontraron en medio de los doctores.
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas: 2, 41-52
Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieron. Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.
Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: “Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando, llenos de angustia”. El les respondió: “¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?” Ellos no entendieron la respuesta que les dio. Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas.
Jesús iba creciendo en saber, en estatura y en el favor de Dios y de los hombres.
Palabra del Señor.
Las lecturas y la solemnidad de esta fiesta quieren evocar las virtudes domésticas del Hogar de Nazaret que a pesar de su divinidad, era una familia como otras de su pueblo y de su época que la Iglesia la pone como ejemplo para nuestras familias cristianas. Personalmente considero que en esta ocasión sería más valioso el comentario de una familia que aconsejen con autoridad porque viven diariamente sus principios cristianos y los normales problemas humanos.
Hoy parto de algunos elementos del evangelio que pueden ser útiles para nuestro comentario:
El evangelista señala que José y María cumplían sus obligaciones religiosas yendo anualmente a Jerusalén para las fiestas de Pascua y todas las obligaciones que un judío debía de observar. Cabe aquí la reflexión si los padres de familia van con sus hijos cada domingo a misa, practican las fiestas de guardar y junto con sus hijos se preocupan por crecer en la fe, participando de la catequesis u otros grupos que hoy la Iglesia ofrece al Pueblo de Dios, con frecuencia se escucha a padres de familia que envían a sus hijos a la misa pero ellos permanecen en casa; otros, prohíben o apoyan a sus hijos para no asistir a misa el domingo argumentando que están cansados por la semana de estudio o de trabajo, a cambio les dan permiso de ir a la playa o jugar algún deporte; son generaciones que tal vez nunca oirán acerca del temor de Dios y el amor al prójimo.
Otro elemento que encuentro es la reprensión que María hace a su hijo en el momento oportuno y por una causa justa al haberse quedado en Jerusalén, sin el consentimiento de ellos; ella que lleva también la autoridad de su esposo, no puede permitir situaciones de esta naturaleza que después pueden empeorarse; ella sienta un precedente para el bien de su hijo y la familia. La actitud de María como madre es de amor porque se debe corregir lo malo. Su lección nos lleva a pensar de que muchos males enraizados en los hijos se debieron a que no se tuvo la sabiduría de corregirlos de inmediato. En la reprensión de María encontramos el principio de autoridad, columna importantísima para la estabilidad familiar, un principio que hoy está en crisis, ya que da la impresión que son los padres los que tienen miedo a sus hijos; cuando esto es cierto, comienza la ruina de la familia.
La prudencia es otra lección magistral que nos trae el evangelista: el refugio de María en el silencio frente a aquello que no comprende, revelando su madurez; de otra manera se hubiera exaltado al considerar la respuesta de su hijo como irreverente; ella comprende que una precipitación hubiera alterado las relaciones familiares. Hoy falta esta escuela del silencio, donde la persona sabe escuchar y responder acertadamente. Hoy todos gritan en el hogar, pero nadie quiere escuchar; de ahí las incomprensiones, las desuniones, las agresiones, etc.
Que en esta solemnidad de la Sagrada Familia se realice el milagro de la reconciliación y la paz de tantos hogares en crisis.