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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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En memoria de Roberto Clemente

Edgar A. Castillo (Koriko)

“El momento más emocionante en mi carrera desde que estoy en las Ligas Mayores, fue haber participado en la Serie Mundial de 1960, cuando derrotamos a los Yanquis de Nueva York”.

Fue lo primero que nos declaró el recordado y famoso jugador Roberto Clemente, cuando arribó al Aeropuerto de Managua el lunes 3 de febrero de 1964. Venía como integrante y refuerzo del club “San Juan” de Puerto Rico para tomar parte en la Serie Internacional contra los equipos “Malboro” de Panamá, “Cinco Estrellas” y Oriental, estos dos últimos de Nicaragua. El torneo lo ganó el “Cinco Estrellas”, bajo la hábil dirección de Wilfredo Calviño.

Quién se iba a imaginar que luego de esta primera visita y 8 años después –noviembre de 1972– Roberto Clemente participaría por última vez en nuestro país como Director de la Selección puertorriqueña, ya que el 31 de diciembre de ese mismo año, pereció en un accidente aéreo cuando realizaba una misión humanitaria hacia Nicaragua trayendo ayuda para socorrer a los damnificados del terremoto devastador que sacudió a nuestra capital hace 28 años.

Las informaciones que se recibieron aquí de esta lamentable tragedia fueron las siguientes:

“9 y 20 de la noche marcaba el reloj de un domingo 31 de diciembre de 1972. Un avión de carga DC-7 salía del Aeropuerto de San Juan, Puerto Rico, con destino a Nicaragua con embarque de provisiones para ayudar a los damnificados que habían sufrido por el terrible sismo que había destruido la capital de Managua”.

El periodista mexicano Marco Antonio Asprón Pelayo asegura que Clemente decidió realizar el viaje en esa nave para estar seguro de que las provisiones realmente llegaran a las gentes que la necesitaban.

HABÍA PROBLEMAS EN EL AVIÓN

“Había problemas en el avión. No estaba trabajando debidamente. El piloto llegó tarde al aeropuerto. El despegue se había retrasado un par de veces. Si hay un atraso más dejaremos esto para mañana”, dijo Clemente. Pero finalmente todo estuvo listo.

Vera Clemente, su esposa, estaba preocupada. Pensaba que el avión era demasiado viejo y parecía estar sobrecargado. Roberto la tranquilizó y dijo: “Todo está listo, me voy. Sólo preocúpate de tener listo el pavo rostizado para mí y los niños para cuando regrese”.

Pero Roberto Clemente ya no regresó. Aproximadamente a las 11:40 de la noche, justamente 20 minutos ante del arribo del Año Nuevo, llegaban las noticias por la radio. El viejo DC-7 se había hundido en el mar. Clemente y sus cuatro acompañantes estaban perdidos.

Durante toda la noche cuadrillas de rescate cruzaron el océano con enormes reflectores buscando sobrevivientes. La búsqueda continuó durante mucho tiempo, pero no se encontró ningún rastro de Clemente.

Vera Clemente y sus pequeños hijos habían perdido a un esposo amante y un padre excelente. Puerto Rico perdió a su máximo héroe, y el béisbol a uno de sus grandes estrellas.

Por eso es que, cada 31 de diciembre, recordamos a Roberto Clemente con cariño y agradecimiento por ayudarnos en los momentos que más lo necesitábamos. Perdió lo más preciado, la vida, en un gesto humanitario para los nicaragüenses.

* El autor es periodista.  

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