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Economía de la salud para el 2001

Róger A. Cerda*[email protected] Nicaragua, como los países más pobres del mundo, carece de recursos para la atender la salud de la población. Hay enfermedades que reclaman anualmente miles de vidas, pese a que los tratamientos son de bajo costo. En el mundo, anualmente el tétano cobra 500 mil muertes y el sarampión 900 mil. Millones […]

Róger A. Cerda*[email protected]

Nicaragua, como los países más pobres del mundo, carece de recursos para la atender la salud de la población. Hay enfermedades que reclaman anualmente miles de vidas, pese a que los tratamientos son de bajo costo. En el mundo, anualmente el tétano cobra 500 mil muertes y el sarampión 900 mil.

Millones de personas pobres sucumben a la malaria, la tuberculosis, la neumonía, el sarampión y otras enfermedades infecciosas. Muchas de esas muertes podrían evitarse con las vacunas existentes, pero las poblaciones son demasiado pobres y sin acceso a los servicios básicos de salud.

En Nicaragua y otros países pobres muy endeudados (PPME – HIPC), las condiciones de salud son malas y están empeorando. Un tercio de los niños están desnutridos y en peligro de presentar una incidencia mucho mayor de enfermedades infecciosas, trastornos en el aprendizaje y otras afecciones. La esperanza de vida apenas sobrepasa los 50 ó 60 años, mientras en los países ricos es de 80. En América Latina, las personas se enferman tres veces más que en los países industrializados.

En el Africa sub-sahariana (países HIPC – PPME) se gastan solamente US$ 15 per cápita por año en salud y en Nicaragua unos $ 45, mientras en Estados Unidos la inversión es de US$ 4.000.

w Esta enorme brecha nos

lleva a concluir:

1. La carga de enfermedades y las desesperantes condiciones de salud se transforman en una barrera para el crecimiento y el desarrollo económico de Nicaragua.

2. Es absolutamente imposible, en tal situación y con tan bajos flujos de recursos, que el sector privado pueda tener alguna acción eficiente en el área salud en nuestras economías, como sustituto del Estado.

3. La mala situación de la salud pública en Nicaragua es, por lo tanto, un atentado contra la competitividad, la cual pasa por la salud de los trabajadores y de los pobres en general.

Aunque el gasto en salud llegara a los $60 por año por habitante, aún sería muy poco. “Uno de los grandes desafíos que enfrenta la humanidad es reducir las enormes diferencias de ingresos y fortuna entre ricos y pobres. La globalización por sí sola no sirve”, expresa la doctora Gro Bruntland, Directora General de la Organización Mundial de la Salud.

Jeffrey Sachs, colega de la Universidad de Harvard, fue recientemente nombrado presidente de la Comisión de Macroeconomía y Salud de la Organización Mundial de la Salud, con el objetivo de estudiar a fondo los temas relacionados con la economía de la Salud y deberá presentar sus recomendaciones en un año. Sachs coincide con la doctora Bruntland, en que las reformas del mercado no pueden, por sí mismas, sacar de la miseria a la población mientras la gente lucha contra epidemias como el SIDA, la malaria, la tuberculosis, o la malnutrición crónica.

Un pueblo enfermo no puede trabajar ni invertir en su futuro porque carece de energía, de productividad o de medios; cuando la esperanza de vida es baja, también lo son muchos tipos de inversiones a futuro; por ejemplo, la asistencia escolar, el ahorro y las inversiones extranjeras.

A lo largo de la historia, se ha demostrado que el mejoramiento de la salud pública acelera el desarrollo económico. La creciente productividad agrícola de Inglaterra en el siglo XVIII ayudó a elevar los niveles de nutrición y reducir la carga de enfermedades infecciosas, contribuyendo a iniciar la Revolución Industrial. A comienzos del siglo XX, las inversiones norteamericanas en la erradicación del anquilostoma en los estados sureños mejoraron sus condiciones sanitarias, atrayendo una rápida afluencia de inversiones a esa región hasta entonces empobrecida.

La erradicación de la malaria en España, Italia y Grecia a fines de la década del 40 (por diversos medios, entre ellos la fumigación de las viviendas con pesticidas) permitió el auge del turismo y las inversiones extranjeras.

La mencionada Comisión de Macroeconomía y Salud, presidida por Sachs, abordará esta situación aplicando las medidas siguientes:

– Difundir evidencias que indiquen cómo la mala salud contribuye directamente a la falta de desarrollo económico.

– Trabajar con economistas para de identificar las intervenciones sanitarias que ofrezcan un alto índice de retorno económico y un gran beneficio para la salud (mayor cobertura de vacunación y otras).

– Trabajar con el sector farmacéutico y las ONGs en la búsqueda de nuevos modos creativos de obtener medicamentos esenciales para los países más pobres (incluyendo medicina natural).

– Idear nuevas formas de reorientar las actividades globales de investigación y desarrollo hacia problemas no resueltos, como descubrir vacunas eficaces contra el SIDA, la malaria, la tuberculosis y la disentería.

– Explorar las maneras de incrementar el gasto público focalizado para resolver las necesidades sanitarias vitales.

La Fundación Desarrollo Humano está comprometida de lleno en esa dirección. Esperamos ver frutos a partir del 2001, con la formulación participativa de la Estrategia contra la pobreza y del Plan de Nación, propuestos por nosotros en 1996. La batalla contra la pobreza empieza por la educación y la salud. ©

* Consultor Económico y Presidente de la Fundación Desarrollo Humano.  

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