- Nicaragua necesita un nuevo proyecto de Estado-Nación que se conceptualice y organice como un Estado Social y Democrático de Derecho
Alejandro Serrano Caldera
La política ha sido definida como un arte. El arte
del bien común, la llamaron los filósofos griegos Sócrates, Platón y Aristóteles hace aproximadamente 2500 años y los teólogos y filósofos de la Edad Media y el Renacimiento. El arte de lo posible, le llamó Maquiavelo en 1513 en El Príncipe. El arte de los límites, le han llamado escritores contemporáneos.
Combinando estos tres conceptos podríamos decir que el límite de lo posible es el bien común, o dicho de otra forma, que las posibilidades del poder sólo son legítimas cuando éste se ejercita para lograr el bien común.
Pero yo me atrevería a ir más allá y diría que la política es el arte de la legitimidad. Es el intento permanente de conciliar y equilibrar el poder y la justicia, el interés individual y el interés social, evitando, por una parte la fragmentación y desarticulación de lo que Jean Leca llama “un mosaico de solidaridades divididas en compartimientos estancos” (razas, género, jóvenes, clases…); y por la otra, el absolutismo de la idea abstracta del principio universal (Estado, partido mercado, privatización…).
La crisis de la política en nuestro país, se expresa en dos características principales: en la confrontación de dos bloques: sandinismo y antisandinismo y en la ruptura entre los intereses de la clase política, absorbida exclusivamente por el tema del poder, y las necesidades reales de la población. Nicaragua es una pirámide cuyo vértice, el vértice político, está desagregado del cuerpo de la misma, y éste, a su vez, está dividido en compartimientos estancos.
Lo que se denomina el cuerpo social está desarticulado en una serie de estamentos que únicamente responden a sus propósitos específicos y sectoriales, sin relación entre sí ni integración a los objetivos generales de la nación. El país es un archipiélago de intereses inconexos sin un objetivo común que dé sentido nacional a los intereses particulares y haga posible la Unidad en la Diversidad.
Una crisis no es necesariamente negativa, pero es un problema que requiere atención y solución. Crisis viene del griego Krinein que significa selección y decisión. ¿Qué decisión debemos tomar hoy en Nicaragua? Creo que inevitablemente la búsqueda de un contrato social. Hay momentos en la historia de los pueblos en que estos acuerdos se vuelven imprescindibles para construir o reconstruir el tejido nacional, restaurar la fractura de un país partido en dos y seguir adelante. Son momentos en que además de las elecciones se impone sobre todo la búsqueda de un contrato social.
Cuando falta el acuerdo comunitario, que es el punto de convergencia de los intereses diversos, la sociedad desaparece sustituida por la anarquía y la violencia, o por el poder de una persona o de un grupo social, económico o político que impone su voluntad a los demás. Es el poder autoritario que excluye el verdadero sentido de autoridad.
No podemos seguir dando viejas respuestas a viejas preguntas y mucho menos viejas respuestas a nuevas preguntas. Necesitamos, como dice Octavio Paz, nuevas respuestas a las viejas preguntas, y sobre todo, diría yo, nuevas respuestas a las nuevas preguntas.
La nueva respuesta a las viejas preguntas sin responder y a las nuevas preguntas que la vida contemporánea nos plantea pasa por alcanzar un acuerdo integral estratégico. Es, por tanto, imperativo, construir el contrato social que supere la fractura entre sandinismo y antisandinismo, entre sociedad y Estado y establezca las bases fundamentales sobre las cuales sustentar el proyecto de Estado-Nación en el que no sea posible ninguna organización y ningún método político que no sea auténticamente democrático.
Las instituciones deben integrar y expresar esta voluntad social y facilitar su ejercicio. De ahí deriva su justificación y su legitimidad. Por ello debe evitarse un sistema institucional y burocrático rígido que aprisione el libre fluir de la voluntad ciudadana. Las instituciones deben ser puentes y no muros, deben ser vasos comunicantes que hagan posible la capilaridad y que permita que a través de ella la voluntad colectiva pueda expresarse e irrigar a todo el cuerpo social.
El nuevo Estado debe ser ciudadanía en ejercicio, de ella proviene, a ella integra y en ella está integrado. El tejido legal debe estar al servicio de la idea de la descentralización que conlleva tanto la desconcentración del poder mediante la transferencia de funciones y recursos a los poderes locales, municipales y departamentales, como el cuidadoso diseño, legalmente respaldado, de los mecanismos fluidos y flexibles de participación ciudadana.
Para fortalecer y agilizar el sistema institucional y para garantizar tanto su flexibilidad, como su legitimidad y eficacia, es necesaria una concertación institucional, respetando el calendario de las elecciones del 2001, que recoja, organice y acuerde las ideas fundamentales al respecto.
Nicaragua necesita un nuevo proyecto de Estado-Nación que se conceptualice y organice como un Estado Social y Democrático de Derecho, basado en la participación ciudadana, la gobernabilidad democrática y el desarrollo humano sostenible. Basado también en una institucionalidad ágil y flexible y sobre todo en la concertación para alcanzar la justicia social y conciliar la eficacia con la legitimidad.
* El autor es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA.