León Núñez
Días antes de la reunión que celebramos el domingo pasado los convencionales del PLC, algunos analistas políticos pensaron en la posibilidad de que se produjera una rebelión en “El Chile”. Yo pensé lo contrario: que no se iba a producir ninguna rebelión y que sí iba a funcionar la teoría del dedazo.
Los analistas políticos se equivocaron. No hubo ninguna rebelión. Ni siquiera una intentona. Yo también me equivoqué. Y reconozco mi equivocación con plena satisfacción, porque la reunión en “El Chile”–a efectos prácticos: una verdadera convención– no tiene nada que ver con las convenciones que hemos celebrado con anterioridad. La convención de “El Chile” no guarda ningún grado de parentesco ni por consanguinidad ni por afinidad con las convenciones celebradas anteriormente.
Desde esta página de opinión, y en diversas ocasiones, he defendido el criterio de que la democracia de un país tiene como presupuesto básico la democratización interna de los partidos políticos, y en la convención de “El Chile” se produjo un salto importante a favor de un verdadero proceso de democratización interna del PLC. El voto fue indudablemente secreto y el conteo fue matemáticamente correcto. Por esta razón me siento muy satisfecho de mi equivocación. La rebelión se hubiera producido si la votación se hubiera realizado a mano alzada, es decir, si hubiera funcionado la teoría del dedazo.
Después de este logro, y en aras de continuar con el progreso en la democratización interna del PLC se debe establecer legalmente que la escogencia del candidato presidencial de este partido, para las próximas elecciones del 2006, deberá ser hecha mediante elecciones primarias, lo que al fin y al cabo conviene al liberalismo constitucionalista, porque no es lo mismo que un candidato dispute unas elecciones presidenciales con la credencial de haber sido escogido por la mayoría de los convencionales que por la mayoría de los liberales.
Pero en estas circunstancias, caracterizadas por el hecho de que ya no era posible que el PLC fuera a unas elecciones primarias para escoger al candidato presidencial, no le resta mérito alguno a don Enrique Bolaños que su elección haya sido el resultado de la decisión de la mayoría de los convencionales. El ganó la lucha en buena lid; en forma limpiamente democrática. Y por la forma justa y transparente con que se llevó a cabo su elección, los precandidatos derrotados así como los convencionales que votaron a favor de éstos, salieron unánimemente dispuestos a apoyar a don Enrique.
No hay duda que el avance de democratización interna del PLC es indudable, pero necesitamos avanzar más. Los candidatos a diputados por el Partido Liberal Constitucionalista deben ser escogidos mediante elecciones primarias, en donde se instrumenten fórmulas que garanticen el carácter secreto de los votos y el conteo correcto de los mismos. Debemos desterrar para siempre como “máxima política” la frase que más se escucha en la actualidad dentro del liberalismo constitucionalista: “Arnoldo ya me dijo que voy de diputado”.
Ojalá que en un futuro próximo se pueda consolidar en Nicaragua la democracia interna no sólo del PLC sino también de todos los partidos políticos. Solamente de esta manera los analistas políticos de Managua y yo nos vamos a equivocar menos en nuestros pronósticos: ellos con la tesis de la rebelión y yo con la teoría del dedazo.
* El autor es escritor, convencional del PLC.