LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

Hoy se cumplen

14
días

desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Ahora a limpiar la casa, don Enrique

  • Don Enrique está en la capacidad de derrotar a los sandinistas si -y sólo si- demuestra que puede ser “su propio hombre” tan bien o mejor de lo que ha demostrado ser un “hombre del Presidente”

Eduardo Enrí[email protected]

BARCELONA.- Durante sus cuatro años como Vicepresidente, don Enrique Bolaños supo jugar muy bien su papel. Él comprendió que un vicepresidente debía realizar las tareas encomendadas por su presidente y serle fiel. Nada más.

Debió ser difícil para él mantenerse alineado con el resto de “hombres del Presidente” aún y cuando algunos de ellos hacían y deshacían a la vista y paciencia de “el hombre”; sobre todo porque su fidelidad erosionó en algo el prestigio de hombre recto y honesto que a lo largo de su vida ha acumulado.

Pero su fidelidad dio resultado. Don Enrique se ganó la confianza de “el hombre”, quien, forzado por su larga lista de errores y abusos, se ha visto obligado a depositar el “delfinato” en este señor, que no es de su círculo más cercano, en un esfuerzo desesperado por evitar una victoria sandinista en las elecciones de noviembre.

Aprovechando las comparaciones beisbolísticas que tanto gusta hacer don Enrique, debemos de reconocer que fue acertada la decisión del “manager” de sacar a su fiel (ex) vicepresidente como “bateador emergente” al darse cuenta que su “bateador designado” se poncharía antes de llegar al plato.

Ante un Partido Conservador que no ha podido consolidarse como opción y ante la victoria de los sandinistas en Managua en noviembre pasado, que hacen casi palpable una victoria del FSLN en las próximas elecciones presidenciales, la selección de don Enrique es tranquilizadora.

Pero don Enrique estará en capacidad de derrotar a los sandinistas si —y sólo si— demuestra que puede ser “su propio hombre” tan bien o mejor que lo que ha demostrado ser un “hombre del Presidente”.

Los liberales no van a ganar por inercia, como lo hicieron en 1996. Ya pasó una década desde la última vez que Daniel Ortega despachó en la Casa de Gobierno y en la frágil memoria de los nicaragüenses pesa más la corrupción de estos últimos cuatro años que las atrocidades de los 80; que a muchos de los nuevos votantes les sabrá a historia antigua.

Para ganar, Don Enrique debe limpiar la casa. Debe demostrar que puede cambiar el rumbo del Partido Liberal Constitucionalista. Sólo controlando el partido, y demostrando que un gobierno liberal bajo su dirección no se va a parecer en nada al actual, Don Enrique tiene la oportunidad de derrotar a los sandinistas. Si éstos tienen la torpeza de designar una vez más a Daniel Ortega como su candidato, tanto mejor, la tendrá mucho más fácil.

Pero debe tomar el control efectivamente, debe renovar a lo inmediato el Consejo Ejecutivo Nacional del PLC y dotarlo de liberales jóvenes, inteligentes, que no tengan manchas de corrupción en su pasado y que quieran servir a Nicaragua.

Si logra hacer esto, debe también resistir la tentación de nombrarse presidente del Partido. Su trabajo por los próximos 10 meses es de candidato, y a eso debe dedicar todo su tiempo.

Eso sí, debe asegurarse que de los estatutos del PLC desaparece la figura de “Presidente Honorario”, título que actualmente ocupa “el hombre” y que le ha permitido “mangonear” -y perjudicar- al partido.

Asimismo, debe asegurarse que no figuren en las listas de candidatos, ni en los cargos organizativos de campaña, los funcionarios y políticos que han sido señalados por supuesta corrupción. Es más, de ser posible, debería pedirles, con la cortesía que caracteriza a Don Enrique, que se retiren del PLC.

Comprendo que es muy difícil que “el hombre” y los de su círculo más íntimo entiendan que su papel en la historia ha terminado, pero si Don Enrique desea hacer un buen papel, un papel digno como candidato liberal, debe arrebatar el control del PLC si no se lo quieren entregar.

La tarea no es imposible. Hasta el liberal más cercano a “el hombre” sabe que a éste, inevitablemente, se le está acabando el tiempo. Los liberales con cuatro dedos de frente deben comprender que, o cambian de líder -y de manera de gobernar-, o lo pierden todo.

La verdad es que, imposibilitado de reformar la Constitución para extender su mandato o para que se le permita la reelección, “el hombre” ha tomado su última gran decisión con el nombramiento de Don Enrique; y si quiere que su Partido se mantenga en el Poder, debe comprender que es hora de apartarse. El nuevo líder del Partido es Don Enrique.

Como ha quedado demostrado a lo largo de estos cuatro años, el peor enemigo del liberalismo es el mismo “hombre”, que paradójicamente lo resucitó, así que mientras más pronto se aparte, o lo aparte Don Enrique, mejor. ¿Podrá?

* El autor es Jefe de Redacción de La Prensa.  

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: