AFP
BAGDAD.- El jueves 17 de enero de 1991 a las 02H00 las primeras bombas caían sobre Bagdad: una coalición internacional encabezada por Estados Unidos, acababa de lanzar una guerra que llevaría seis semanas más tarde, a la retirada de la tropas iraquíes de Kuwait.
Las primeras escenas de desolación de ese día siguen vivas en la memoria de los iraquíes, cuyo calvario continúa a causa de las sanciones que les impone la ONU desde la invasión de Kuwait.
La operación “Tormenta del Desierto” fue la más importante desde la Segunda Guerra Mundial. Los Aliados movilizaron a 580,000 militares, 750 aviones, 60 navíos y 1,200 tanques, además del apoyo de unos cincuenta países. En el otro bando, 350,000 militares iraquíes, presentados entonces como el cuarto ejército del mundo.
Frente a la supremacía aérea de los Aliados, el ejército de Saddam Hussein respondió lanzando misiles Scud contra Israel, Arabia Saudita -donde estaban desplegadas las fuerzas de la alianza internacional-, y Bahrein, y prendiendo fuego a los pozos de petróleo kuwaitíes.
Bajo la presión de los estadounidenses, Israel no respondió a los ataques.
Cuando el presidente norteamericano George Bush anunció la liberación de Kuwait, Iraq había perdido unos 4,000 tanques, 2,100 piezas de artillería, 240 aviones, 1,856 vehículos de transporte de tropas y entre 50,000 y 100,000 soldados, según diversas estimaciones occidentales.