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“Hijito portate bien, no seas vago, tené mucho cuidado. Mira hijito, yo aunque sea comiendo tortilla con sal, pero uno debe ser firme, legal, honesto, respetuoso”, esa fue la súplica que hizo Amanda Huete, la anciana de 65 años que crió a Bernardo Tercero, antes que él partiera hacia Estados Unidos.
Sin embargo, ninguna de esas palabras fueron tomadas en cuenta. El 31 de marzo de 1997, armado de una pistola 380 semiautomática y en compañía del mexicano Jorge Becerril González, Bernardo asaltó a una dry cleaner donde robó 400 dólares y mató de un balazo en el cuello al profesor Robert Keith Berger, de 38 años y padre de una niña de tres años, por lo que fue condenado a pena de muerte en el Estado de Texas.
Doña Amanda recuerda que cuando Tercero se iba a ir, ella le pidió que no lo hiciera, pero no hizo caso, salió sin despedirse. “Cuando ya no regresó nosotros estábamos preocupados, pasamos con una cabanga horrible, hasta que me escribió y me dijo que estaba bien en Texas”.
“Siempre que lo llamaban yo les decía: díganle que se porte bien, que no ande haciendo nada malo, que no ande engavillado (acompañado) con nadie porque cuando uno está pobre no le hace falta la riqueza. Él me decía que todo estaba bien y nosotros no sabíamos nada de eso”, señala la anciana, refiriéndose al asesinato.
Fue a través de una carta que él envió desde la cárcel, por medio de un miembro de una iglesia, que la familia se enteró que estaba preso en Texas acusado de asesinato.
“Yo no duermo en las noches pensando cómo irá a poner su carita cuando le suceda eso. Yo le pido al Gobierno que nos ayude para ponerle un abogado”, manifiesta.
Explicó que desde que conocieron el problema de Bernardo Tercero han tenido que enfrentar todo tipo de comentarios que los desmoraliza y avergüenza.
“Nos miran como si ha venido el deslave, cada quien dice cosas que a uno le duelen, al niño le han dicho cosas en el colegio. Un día le dijeron que a su papá ya lo habían matado, que le habían puesto un cuchillo en el cuello y vino llorando, y nos dijo que por qué no le decíamos la verdad”, dice.
Por su parte Carlos Tercero, hermano del reo, comentó que están dispuestos a hacer todo lo que esté a su alcance para que durante la apelación se revise el caso y ver si efectivamente las cosas se hicieron como se tenían que hacer.
“Nosotros no queremos tapar el sol con un dedo, ni tampoco pretendemos que no se haga justicia, lo que no vemos justo es que se le haya puesto pena de muerte”, manifestó.
Vidal Tercero, otro hermano del acusado, pidió también el apoyo de los Derechos Humanos y del Gobierno para que les ayuden a agotar todas las instancias por la vía legal para interceder por la vida de su hermano.
“Nosotros perdimos un hermano, abuelos y más de 60 familiares con el deslave del Volcán Casita y ahora perder a otro más, no es justo”, expresó.
