Fernando Centeno
No sólo las enfermedades, la desnutrición o la violencia intra y extrafamiliar se están ensañando en nuestros niños y niñas, sino que también una epidemia que se ha vuelto crónica en nuestro país: Los accidentes de tránsito.
Según datos de la Dirección de Tránsito de Managua, durante los tres primeros trimestres del año que recién finalizó, de 619 niños y niñas menores de quince años víctimas de dicha epidemia, 85 murieron, lo que equivale a decir, un promedio de casi diez víctimas mortales cada mes.
De estas víctimas, 14 conducían vehículos, 45 eran peatones y 26 pasajeros, lo que revela que muy poco se está haciendo por la seguridad vial de este importante rubro de población -el mayoritario en el país-; que hay descuido de padres y madres de familia, que faltan legislaciones más modernas (la actual Ley de Tránsito data de 1938), que muchos conductores circulan con sus vehículos sin ninguna precaución, sobre todo en lugares donde centenares de niños y niñas venden o mendigan en los semáforos u otros sitios de alta afluencia de tráfico. A esto hay que agregar una ciudad atestada de vehículos, con calles estrechas y una casi enfermiza anarquía especialmente entre los responsables de vehículos colectivos.
El Código de la Niñez y la Adolescencia establece en varios de sus artículos la necesidad y obligación de velar por la seguridad de la población que protege. En su artículo 7 dice que: “Es deber de la familia, la comunidad, escuela, y sociedad en general, con absoluta prioridad, el cumplimiento de los derechos y garantías de las niñas, niños y adolescentes, referentes a la vida, la convivencia familiar y comunitaria, la identidad, nacionalidad”… etc. etc.
Evidentemente este deber no está siendo cumplido por muchas de las personas o instituciones responsables de velar por la seguridad vial, especialmente de los menores.
Si partimos del hecho que hay un promedio de 10 niños y niñas víctimas mortales por accidente de tránsito, refleja un trágico promedio de 120 al año, o sea uno cada tres días. Las cifras indican que en los primeros once meses del año fallecieron 490 personas víctimas de accidente, lo que significa que una cuarta parte del total de las víctimas son menores.
A estas frías estadísticas hay que agregar el número de menores lesionados que es en la misma proporción, muchos de los cuales quedarán lisiados para el resto de sus vidas.
La nueva Ley de Tránsito que aún espera su aprobación en la Asamblea Nacional, establece entre otras medidas de prevención, el uso obligatorio del cinturón de seguridad, pero esto sólo es parte de la solución del problema. Es necesario también la aplicación estricta de la prohibición a los conductores de no permitir que menores sean llevados como pasajeros en camionetas de tina o similares, sin ninguna seguridad, así como una mayor responsabilidad de los padres de familia en el cuidado de sus hijos y sobre todo de los adolescentes con incipientes conocimientos de conducir, y una mayor precaución al momento de circular en las estrechas calles de la capital, con deficiencia en la señalización, deterioradas por el largo uso, la falta de puentes peatonales; en fin una serie de medidas que tiendan a disminuir este alto índice, donde los niños continúan siendo las principales víctimas.
* El autor es abogado y periodista.