- Población
permanece a la intemperie en patios de sus
casas y calles
Amalia Morales [email protected]
Fisuras y leves grietas en algunas casas y en una calle de Ciudad Sandino, son las primeras consecuencias materiales del sismo que se sintió ayer en la madrugada.
Por su cercanía, la sacudida de cinco grados en la escala Richter con epicentro en Apoyeque, expulsó de sus casas a la población de Ciudad Sandino, la que atemorizada prefirió exponerse al desvelo que esperar a ser sepultada por las tambaleantes paredes de sus viviendas.
En la casa de María de la Paz García (70), toda la familia amaneció en el patio. Casi al aire libre tendieron tres camastros y en ellos se acomodaron los 11 habitantes que abandonaron la cama aún somnolientos y sobresaltados a escasos minutos de la una de la mañana.
GRIETAS EN CASAS Y CALLE
Aunque leves, en la casa de García son visibles ahora las fisuras en las paredes.
Los sismos empezaron a sentirse 15 minutos antes de la medianoche, llegaron a su máxima expresión a la 12:55 a.m. El estremecimiento terráqueo que hubo a esa hora interrumpió el sueño de la población.
Alba Luz Fonseca (33), dice que primero oyó “un bugido” y luego “vino el jamaqueo. La casa se hacía para un lado y para otro”, agregó.
“Se escuchó un bugido que puso como locos a los perros. Ese temblor nos reprendió bastante”, dice Francisca Obando, todavía atemorizada.
La calle cuatro de la Zona Tres de Ciudad Sandino también se agrietó. La rajadura que apenas se nota en la calle de tierra se extiende hasta la casa de María Leiva (46), quien cuenta que a lo inmediato enteraron del hecho a las oficinas de Ineter (Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales), y a los bomberos.
Sin embargo, hasta ayer a mediodía nadie del Ineter había aparecido.
DORMIRAN EN LA CALLE
Después de la estrepitosa sacudida, hubo otros temblores de menos intensidad. Ana Pérez, hija de María de la Paz García, dice que el último sismo se sintió a las nueve y media de la mañana de ayer.
Independientemente de los pronósticos de Ineter, tanto María Leiva como María de la Paz García y sus proles pasarían otra noche fuera de sus casas, en vilo ante una nueva eventualidad natural.
