Josecito Cuadra Vega y la Muerte Quirina

“Chepito” Cuadra Vega refiere sus aventuras en el Hospital ‘Dávila Bolaños’. Narra la lucha que sostuvo contra la Muerte Quirina y la que mantiene para encontrar un mecenas que le publique sus “Obras Completas”. Mario Fulvio Espinoza mariofulvio.espinoza@laprensa.com.ni Dice Josecito Cuadra que otra vez se vio “en alitas de cucaracha”. Yo le digo que fue […]

Chepito en compañía de su amiga Samaria Valencia.

  • “Chepito” Cuadra Vega refiere sus aventuras en el Hospital ‘Dávila Bolaños’. Narra la lucha que sostuvo contra la Muerte Quirina y la que mantiene para encontrar un mecenas que le publique sus “Obras Completas”.

Mario Fulvio Espinoza mariofulvio.espinoza@laprensa.com.ni

Dice Josecito Cuadra que otra vez se vio “en alitas de cucaracha”. Yo le digo que fue “en alitas de pipilachita, de esas que pululan por millones al entrar el invierno y que al menor golpe de viento se quedan “mucas”, y él acepta, porque eso de las cucarachas es un decir mal dicho, pues esos insectos aborrecibles —lo dijo García Márquez cuando recibió el Nobel de Literatura—, serán los únicos que sobrevivirán después de la hecatombe atómica que acabará con los seres humanos y resto de animales.

Lo que quiero decir es que Josecito Cuadra Vega, amante amado de su Doña Julia, escapó de milagro de los mandobles de hoz que le tiraba la Muerte Quirina, y gracias a Dios sigue vivo y vigente, acariciado por sus musas que ahora hasta le llevan la mano como a principiante, para que el aedo escriba sus endechas.

Mayores mimos ni para el Niño Dios

Chepito lo reconoce: “Qué te parece, Josecito recluido quince días en el hospital. Parecía un Cristo yacente. Sólo durmiendo boca arriba, con suero en ambos brazos. Sueros de no sé qué cosa, rejuvenecedores no han de haber sido porque salí más ancianito, vejete flete, chumpapo y chinclenque”.

“Pero realmente tuve un trato estupendo, excelente. Tanto desde el punto de vista médico-científico como de su complemento: el trato humano. Aun médicos que no tenían nada que ver con mi enfermedad llegaban a visitarme maliciosos, como quien va a preguntarme: ‘¿No ha muerto todavía poetá?’ ”.

– ¿Y doña Julia cuidadosa a tu lado?

– Cuidándome a mí no, ¡cuidando a las enfermeras!

(Y aquí las enormes risas de los dos).

– ¿Se te iba la mano de vez en cuando Chepitó?

– Las manos no… ¡los ojos eran los que se me iban! Hasta me ponía bizco. Lo único que hacía doña Julia era enderezármelos con las manoplas, para que volviera a ver solamente el techo. Sin imaginarse Doña Julia que la vista y la presencia de esas lindas enfermeritas lindas significaban un alivio para el pobre Josecito.

– Me imagino que en tu lecho de enfermo filosofaste mucho. ¿Cuáles eran los pensamientos de Chepito en aquella reclusión?

– Los pensamientos de enfermo y de enfermo grave han sido siempre los mismos que tengo en estado de buena salud. Que yo le tengo miedo a la muerte es cierto, pero no miedo a la muerte por enfrentármele a Dios. Yo nunca le he hecho mal a un prójimo. Quien no le hace mal al prójimo es que ama al prójimo, y quien ama al prójimo ama a Dios.

CHEPITO CUADRA EN EL CIELO

– Muy bien, tú te vas al cielo… Pero ¿ya pensaste qué cosas va a hacer un poeta tan chiribisco como vos, allá en el cielo?

– Hombré, eso de chiribisco ya en el cielo no cuenta, porque dicen, y es fama universal, que los ángeles, gracias a Dios en mi caso, no tienen sexo.

– Y si por casualidad, que yo no lo quiero, te fueras al infierno. ¿Qué harías entre las diablesitas?

– Es que te voy a decir que yo, muy suficientemente, he pensado que me voy a ir al cielo, a un estado beatífico. Ya me imagino que Dios le dice a San Pedro: ‘Ve Pedro, vení veme a este viejito chinclenque. Me lo ponés en un cuartito aseadito y me lo tratás bien, es Chepito. Dicen que era un poeta de mala muerte… pero vémelo bonito, vémelo simpático, no me deja de dar mi lastimita’.

– ¿Y si como dicen ahora, no existe ni cielo ni infierno?

– Ante esa disyuntiva le diría a Dios: Diosito volvéme a dejar nacer de nuevo. Volvé a dejar nacer de nuevo a Doña Julia, y permitís que me vuelva a casar con ella para vivir feliz como viví siempre. (Esta última frase la dice Chepito elevando la voz, pues sabe que doña Julia está escuchando tras de la puerta).

– Y ¿qué pasó con tu libro Chepitó?, porque supongo que al fracasar el Banco del Café también fracasó el mecenazgo de Panchito Mayorga.

– Tenés razón. Mis ilusiones se vinieron estrepitosamente al suelo. Todo ha quedado en el aire…

– Pero, cómo va tu producción poética ahora que estás de convalecencia.

– Desde hace como dos años yo no escribía, porque sospecho que la fuente se ha secado, las azucenas, las margaritas, como dice la canción. Fijate que estuve con fiebre hasta de cuarenta grados y parece que eso me reanimó un poco las células semimuertas, la vena poética que heredé de mi padre y de mi madre, y volví a escribir al calor de la enfebrecida fiebre, valga la redundancia y valga el pleonasmo, tres poemitas que tengo por ahí, listos a publicar.

– ¿Cuáles eran los temas que venían a tu mente enfebrecida?

– Temas no precisamente de vida, sino temas mortuorios, temas mortíferos.

– ¿Que pensás hacer si se prolonga esta convalecencia?

– Sospecho que va a ser una convalecencia corta y vienen a mi memoria unos versos, no sé si de Lino Argüello o de Juan Ramón Morales, que dicen… “En la convalecencia feliz de los senderos…” Pienso orar para activar mi vida cotidiana, mi semivida de actividad, porque yo soy un cuasi-semiminusválido, mis bisagras están cerradas, ensarradas, y cerraditas las válvulas de mi corazón amante. Vivo a base de fármacos vasodilatadores que permiten a mi corazón amante seguir palpitando.

– Una pregunta muy intima. ¿Te prohibieron los médicos el sexo?

– No hay necesidad de que lo hayan prohibido. Desde la época jurásica Josecito no Paraguay. Si por eso es que tengo entablado un juicio contra la Pfizer porque ya he usado tres cajas de Viagra… y nada.

– Te vas a volver millonario en la vejez… Pero… ¿y si perdés el juicio?

– Si pierdo les digo que era una broma, Ja, ja, ja, ja.

– Y volviendo al libro ¿Qué pensás hacer?

– Ya estaba mi libro levantado, nítido, pero no pierdo la esperanza de encontrarme otro mecenas que me lo financie. Será una obra de conclusión de mi libro primigenio “Poemas a Doña Julia”, de “Poemas a la Virgen Pájara María”, y de otros poemas, todo refundido en un solo libro.

Esa sería mi obra total… Y quedará listo para palmar el pobrecito Chepito.

¿Piensa ir al cielo o al infierno?

“Pues haré como el picado que estaba en misa, y cuando el padre dijo: levanten la mano los que quieran ir al Cielo, él no la levantó, y el cura le dice: ¿y usted, no quiere ir al Cielo? Entonces respondió: Es que yo voy en el segundo viaje porque éste ya va lleno”, dice Chepito.

Solidaridad en el hospital

El poeta agradece a todos los médicos y personal paramédico que le ayudaron a prolongar su vida.

Josecito amenaza con continuar su vida poética en el Cielo, bajo la comprensión bondadosa de Dios.

La posibilidad de no ir al Cielo no pasa por la mente de Josecito; esto porque según Chepito, a lo largo de su vida ha demostrado amor al prójimo.

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